Algunos interrogantes sobre la vacuna de la Lengua Azul

Eva Martín Jiménez (*)

¿Es la obligatoriedad de vacunación de lengua azul (LA) una imposición que sólo favorece a la industria farmacéutica? Desde diferentes movimientos y organizaciones campesinas exigimos que la vacunación debería ser voluntaria ya que supone una agresión para nuestra cabaña ganadera y para el sector ya de por sí bastante debilitado Son muchos los colectivos que han denunciado miles de muertes y de efectos secundarios, siendo silenciados y negados para no asumir la responsabilidades y la sin razón de una vacunación masiva e indiscriminada subvencionada con fondos públicos. Las y los ganaderos además de vacunar, en algunos casos contra su voluntad, tienen que asumir las muertes y pérdidas de producción de su bolsillo y soportar que se cuestione su profesionalidad atribuyendo los efectos adversos a un mal manejo.

¿Qué es la Lengua Azul?

La enfermedad de la LA es originada por un virus del que se conocen hasta la fecha 24 serotipos (algunos naturales, otros originados a partir de la recombinación genética en los diferentes virus empleados en las vacunas). La LA no es una enfermedad contagiosa, ya que normalmente no se transmite la enfermedad por contacto directo o indirecto entre animales. Se produce la transmisión mediante mosquitos de la especie Culicoides, que son los vectores biológicos, si bien no todas las especies de Culicoides resultan vectores eficientes de la enfermedad. Debido a la aparición estacional de los mosquitos en España la enfermedad aparece fundamentalmente a finales del verano y principio del otoño No es una enfermedad contagiosa al ser humano. Está descrita en rumiantes afectando principalmente a las ovejas (tiene un curso febril, caracterizada por lesiones hemorrágicas en la mucosa bucal, pezuñas y musculatura,.y en algunas ocasiones la inanición puede llevarlas a la muerte) aunque no afecta a todos los rebaños por igual, depende de su estado general, raza, consanguineidad, etc. Otros rumiantes (vacas, ciervos, etc.) el cuadro clínico es inaparente, excepto en las cabras, donde puede aparecer en forma subaguda.

¿Cuando apareció el “peligro”?

La LA principalmente se distribuía en regiones cálidas septentrionales, y hasta los años 80 la Organización Mundial de la Salud Animal, no la incluía en su ‘lista de enfermedades contagiosas de obligada declaración’. A partir de ese momento los países europeos miembros propusieron su inclusión para dificultar, con un pretexto sanitario, la importación de ganado vivo de países del sur.

Pero a finales de los 90 el serotipo 2 llegó al Mediterráneo: Cerdeña, Córcega, y en el 2000 a Baleares. A partir de ese año, un nuevo serotipo se extiende en el sur de España e Italia. Se cree que los serotipos 1, 2 y 4, que afectan o han afectado a Europa, vienen en corrientes de masas de aire caliente desde África, donde hay un reservorio en la fauna silvestre y doméstica. El serotipo 8 apareció en Centroeuropa en el 2006, posiblemente por el intercambio comercial de animales vivos de Holanda y Bélgica con África Ecuatorial. El serotipo 6 aparece en Holanda en el 2008 y se relaciona su aparición con una vacuna existente en Sudáfrica, así como el serotipo 11 que apareció unos meses más tarde.

Las medidas generales que se implantaron entonces, fueron la inmovilización del ganado, la vacunación obligatoria y desinsecciones masivas en las explotaciones y en los movimientos del ganado. Desde el principio, algunos países como Holanda e Inglaterra decidieron no adoptar la obligatoriedad de la vacunación como herramienta de gestión de la enfermedad.

Las primeras vacunas que se utilizaron eran vivas atenuadas, más sencillas y rápidas de fabricar pero con el inconveniente de que pueden recombinarse con el virus salvaje en animales vacunados. En la campaña 2008-09 se empieza a aplicar la vacuna muerta, más costosa y lenta en su preparación, que da una protección más corta, obligando a una vacunación semestral. Esta vacuna no impide la circulación del virus en animales vacunados. Pero dicha vacuna no había cumplido con los requisitos mínimos de seguridad (de hecho, como recordó la propia industria veterinaria, «se necesitan entre 5 y 7 años en desarrollar una nueva vacuna»). La vacuna se comenzó a aplicar a todos los animales mayores de 3 meses sin ninguna restricción aun no disponiendo de todas las garantías sanitarias.

¿Qué sucede en el Estado Español?

En la campaña 2008-2009 diferentes colectivos y sindicatos agrarios recogieron y denunciaron los siguientes datos y hechos:

En Castilla y León, en febrero de 2009, advirtieron que sólo en Salamanca habían muerto por la vacuna,  2700 animales y se habían producido 1700  abortos.

En Cataluña se vacunó en la campaña del 2008-2009 a ovejas, cabras y vacas. Los datos oficiales hablan de unas 2.000 reproductoras muertas entre 42 explotaciones. Aunque es un dato incompleto, pues sólo las explotaciones con elevada mortalidad denunciaron las incidencias y tampoco se tuvo en cuenta a los corderos y cabritos muertos por la reducción de producción de leche de sus madres. En el caso de las cabras, en Cataluña, se vacunaron con la misma vacuna que las ovejas, aunque no estaba indicado este uso en su prospecto informativo, produciendo una mortalidad del  50% en los rebaños vacunados y secuelas de por vida para el resto. Se calcula, que de una manera u otra, el 90% de las explotaciones estuvieron afectadas, lo que significa que afectó a unos 15.000 animales.

En otras comunidades como en Extremadura, Comunidad Valenciana, Aragón, País Vasco y Galicia y Asturias los sindicatos campesinos mayoritarios, denuncian que la vacuna ha causado muertes e importantes daños en los rebaños. Incluso en julio de 2008, en plena campaña de vacunación el Principado de Asturias reconoce que hay problemas con la vacuna, por una mala praxis o por el mal estado de las vacunas. No hay datos sobre mortalidad e incidencia pero en algunas ganaderías la mortalidad  superó el 40%.

En base a estas incidencias las administraciones realizaron estudios con centros públicos, laboratorios y universidades (como el Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria en la Universidad Complutense de Madrid o el Centro de Recerca en Sanitat  Animal en el  Campus de Bellaterra, Barcelona), que les permitió eludir responsabilidades pues atribuyeron las bajas a las malas condiciones de los animales, practicas de manejo deficientes y cuestiones climáticas. Pero es claro, según las informaciones de los propios productores y productoras, que la obligatoriedad de la vacunación ha supuesto la muerte de miles de animales, alto porcentaje de abortos, problemas al final de la gestación y bajadas significativas de producción láctea. «Encima nos acusan de matar a nuestros animales de hambre», declaró Pascual Molina, cabrero catalán, que perdió por la vacunación alrededor de 100 cabras, y sus animales presentan secuelas de por vida. Pascual, junto a otro cabrero está  luchando para que se le indemnice por los daños de la vacuna y no por ‘pérdidas debidas a efectos agroclimaticos’, que es la fórmula aséptica –y sin responsables- a la que se están teniendo que acoger el resto de ganaderías afectadas, en esta comunidad.

Ante este panorama la política estatal respecto a la enfermedad no ha cambiado. Sigue respaldando el uso obligatorio de la vacuna como única herramienta de gestión de la enfermedad. Este sistema, nos impide conocer y valorar lo que habría sucedido si se hubiese dejado circular la enfermedad con normalidad.

¿Y en Francia?

En Francia, donde se mantenía (junto a España y Bélgica) la obligatoriedad de vacunación existe una Coordinadora Estatal nacida para reivindicar el fin de la obligatoriedad de la vacuna, apoyar a los ganaderos y ganaderas que se niegan a la vacunación, y emprender acciones legales para defender el derecho de la libertad de vacunación. Alrededor de esta plataforma se han organizado miles de ganaderos y ganaderas (alrededor del 12% se han negado a vacunar en toda Francia durante este año 2010), profesionales de la veterinaria y grupos de consumo.

Hay que destacar que en este último año las Coordinadora ha llevado a juicios a la Administración por los perjuicios ocasionados y, viceversa, la Administración a ganaderos o ganaderas por no cumplir la obligación. Los dictámenes, hasta ahora, siempre han sido favorables a las y los ganaderos.

Las presiones han tenido éxito y el 21 julio de 2010, el Ministerio de Agricultura francés comunicó la decisión de no continuar con la  obligatoriedad de la vacunación. Pero las organizaciones campesinas siguen exigiendo:

  • La desclasificación de la Lengua Azul de la lista de Enfermedades Consideradas Contagiosas en Francia.
  • El abandono de las persecuciones tomadas contra las y los ganaderos durante las campañas pasadas.
  • El reconocimiento y puesta en marcha de programas reales de investigación sobre inmunidad natural y sobre protocolos ‘alternativos’  preventivos y curativos.
  • La suspensión de la desinsectación que envenena el medioambiente y a las abejas
  • La indemnización por parte del Estado por los daños ocasionados sobre los rebaños debidos a la vacunación obligatoria.

¿Qué sentido tiene la vacunación?

Se relaciona la vacuna con gran cantidad de pérdidas económicas y materiales y está siendo cuestionada su eficacia:

  • Si actualmente la vacuna sólo es obligatoria en España y Bélgica, lo lógico sería que el Estado Español decidiese retirar la obligatoriedad ya que además no existe ninguna coherencia territorial que justifique mantener esta medida tan costosa y polémica. Pues, la vacunación no impide la circulación del virus en animales vacunados.
  • Al contrario de lo que se ha podido escribir, no es sólo la vacunación lo que ha hecho disminuir el número de focos, sino también la inmunización natural de los animales tras la infección. La protección que ofrece la vacuna es limitada, lo que supone vacunaciones anuales o semestrales de por vida, incrementando los costes de producción y los riesgos de la vacunación. (El coste de la campaña 2.009-2.010 asciende a 80 millones de euros solo para España).
  • La erradicación ha sido siempre y sigue siendo ilusoria. Parece difícil erradicar una enfermedad trasmitida por unos mosquitos (culicoides, presentes en toda la naturaleza). Son el único vector natural importante del virus de la Lengua Azul, que no es una infección permanente de los rumiantes, por lo tanto, la supervivencia del virus en el medioambiente depende del insecto (Organización Mundial de la Sanidad Animal, enero 2010). Los rumiantes silvestres y los caballos, no sometidos a la vacunación, son reservorios naturales del virus.

¿Entonces?

Lo lógico sería aprender a vivir con la enfermedad, ayudar desde las administraciones a las y los ganaderos para que puedan seleccionar los animales resistentes a la enfermedad y no seguir obligando a hacer una selección basada en la buena adaptación a la vacuna y los fármacos. Esta política estatal sanitaria condena a las y los campesinos a mantener la dependencia con la industria farmacéutica.

Llegados a este punto vemos como la situación de los ganaderos y ganaderas es de total desprotección. Si bien muchas de las organizaciones agrarias han informado sobre las repercusiones, no tienen posicionamientos claros en el cuestionamiento de la obligatoriedad de la vacuna. Mayoritariamente sus reivindicaciones se han centrado en el pago de indemnizaciones por los daños ocasionados por la vacuna.

Ante esta situación, el pasado 20 de mayo del 2010 se constituyó a nivel estatal la Plataforma por la Libre Vacunación del Ganado buscando, finalmente, que los ganaderos y ganaderas recuperen espacios de  decisión en la gestión de la salud y bienestar de sus animales.

Eva Martín Jiménez. Ganadera y miembro de la Plataforma por la Libre Vacunación del Ganado.

Los comentarios están cerrados.