¿Semillas industriales o campesinas?

Semillas industriales o campesinas

El “Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura” – mejor conocido como el tratado de semillas – fue adoptado por los estados miembros de la FAO en 2001 y entró en vigor en 2004. Entre otras cosas, el tratado pretende regular el acceso a las semillas y su material genético, y los beneficios que se sacan con ello. Su objetivo central es la conservación de la biodiversidad agrícola. Tiene algunos artículos que reconocen el “derecho del agricultor”, pero muchos piensan que el tratado está siendo interpretado y desarrollado cada vez más para otorgar privilegios y derechos nuevos para la industria semillera.

En Marzo de 2011 se celebro la IV sesión del Tratado de las Semillas, y los gobiernos miembros se reunieron in Bali, Indonesia, para avanzar los acuerdos. Vía Campesina estuve allí, y tuve que insistir que las semillas campesinas son – y deberían ser consideradas – como la base de cualquier sistema alimentaria.  Estas fueron algunos de sus reflexiones.

Hoy en día somos víctimas de una guerra abierta por el control de las semillas.  Nuestras agriculturas están amenazadas por industrias que intentan por todos los medios posibles, hacerse con su control. El resultado será determinante para el futuro de la humanidad, porque de las semillas dependemos todos y todas para nuestra alimentación cotidiana.

En esta lucha, a un lado está la industria de las semillas, de la ingeniería genética, de las tecnologías híbridas y de los productos agroquímicos, que quiere adueñarse de nuestras semillas para multiplicar sus ganancias, obligando al campesinado a depender de la compra de semillas.  Por el otro lado, estamos los campesinos y campesinas, que conservamos y reproducimos nuestras semillas a través de sistemas vivos de semillas locales, campesinas e indígenas, semillas que son patrimonio de nuestros pueblos, custodiadas y reproducidas por mujeres y hombres del campo. Nuestras semillas son una riqueza que ponemos generosamente al servicio de la humanidad.

En nuestra agricultura, unas cuantas variedades uniformes reemplazan a miles de variedades locales, erosionando la diversidad genética que sustenta nuestra alimentación.  Frente al cambio climático, la diversidad es fortaleza y la uniformidad es debilidad. Las semillas comerciales reducen drásticamente la capacidad de la humanidad para enfrentarse y adaptarse al cambio climático. Por eso hemos señalado que la agricultura campesina, con sus semillas campesinas, contribuye a enfriar el planeta.

dibujo de PAULINA VELOSO

Bien saben en nuestras comunidades que los cultivos procedentes de  semillas híbridas y de semillas transgénicas requieren grandes cantidades de productos agrotóxicos, fertilizantes químicos y agua, lo cual eleva los costos de producción y daña el medio ambiente. Además, son mucho más susceptibles a las sequías, enfermedades y plagas, generando centenares de miles de casos de cosechas destruidas y economías familiares echadas a perder. La industria ha ‘mejorado’ las semillas para que no puedan ser cultivadas sin la ayuda de productos químicos dañinos, para que sean cosechadas con maquinaria pesada, y que soporten preservación artificial durante las largas distancias de transporte. Pero ha dejado de lado características nutricionales importantes para nuestra salud.

En cambio, los sistemas campesinos de rescate, revalorización, conservación y adaptación local gracias a la selección y a la reproducción en los campos del campesinado, así como los intercambios de semillas entre nosotros y nosotras, mantienen y aumentan la biodiversidad genética del sistema alimentario mundial, y nos confieren también la capacidad y flexibilidad para afrontar ecosistemas diversificados, climas cambiantes y el hambre en el mundo.

Nuestras semillas están más adaptadas a las condiciones de siembra locales, producen alimentos de mejor calidad nutritiva, y funcionan con alta productividad en sistemas agroecológicos sin agrotóxicos ni otros insumos costosos.  Pero ahora, los híbridos y los transgénicos contaminan  o reemplaza a nuestras semillas y las ponen en peligro de extinción.

Es desde este enfoque que se tiene que analizar el Tratado Internacional para Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación (TIRFAA), para entender qué está en juego y qué posiciones se deben fijar.

Las semillas campesinas son dignidad, cultura y vida; y el campesinado las preserva y defiende.

La declaración completa y posicionamiento de La Vía Campesina se puede leer aquí:

http://bit.ly/kCjJMc