Número 16, Formación crítica y para la lucha

Amigas, amigos, 

numero 16El nuevo número de la revista Soberanía Alimentaria ya está disponible. La versión en pdf la podéis descargar aquí.

En este número, entre otros temas, se aborda en profundidad un tema que consideramos de extrema importancia en la lucha por la soberanía alimentaria: la educación. La educación es un pilar fundamental en cualquier sociedad, un eje central del desarrollo humano en todas sus áreas, integrador y vínculo de las personas a una sociedad y a su entorno natural. Y nos preguntamos, ¿qué aprende la juventud en las instituciones de enseñanza superior? ¿Salen conociendo su entorno rural, los valores rurales, la realidad del campo o sus problemas? ¿Y conocen las alternativas que emergen de las personas que están construyendo soberanía alimentaria en nuestros territorios? Algunas respuestas y reflexiones sobre estos temas los encontraréis en los artículos de este número.

Destacar también que para la elaboración del mismo se ha contado con muchas de las entidades que tienen acciones de formación alrededor de temáticas de soberanía alimentaria y agroecología. Lo que ellas hacen lo hemos centralizado en una web que pensamos puede ser de mucha utilidad para todas aquellas personas y organizaciones que tengan interés en seguir de cerca sus propuestas, sus enfoques, sus actividades. Os invitamos, pues, a conocerla, completarla y divulgarla www.universidadesdelatierra.org

Por la revitalización del mundo rural frente al saqueo de la banca

Desde hace dos años okupo una finca abandonada y gestiono una pequeña producción diversificada, con huerto, gallinas, pollos camperos, cabras, cerdos, conejos y colmenas. Produzco lo que necesito y vendo los excedentes a mis vecinas y vecinos de Jábaga (Cuenca) y poblaciones cercanas, pero el banco me quiere echar.

Un desalojo rural

La política antirural existe desde que surgieron las ciudades y se concentró en ellas el poder, pero en los últimos 50-60 años ha dado un golpe muy duro a nuestros pueblos. La emigración de muchísima gente del campo a la ciudad no fué voluntaria, la agricultura y la ganadería se han industrializado destruyendo a su paso muchos puestos de trabajo y recursos naturales, mientras se ofrecía empleo precario en fábricas y servicios en las ciudades. Fue una emigración forzada por razones económicas. Actualmente, las políticas antirurales prosiguen su marcha, como la llamada Ley Montoro, que pretende aumentarel poder de las ciudades sobre los pueblos, quitando competencias a los ayuntamientos más pequeños; en Castilla-La Mancha, y en Cuenca especialmente, la política antirural se plasma en el cierre de centros de salud y escuelas. Las necesidades de transporte público rural son ignoradas, priorizando la conexión entre ciudades a alta velocidad mientras se cierran las líneas de tren tradicional que permitían una mejor movilidad a la población rural.


A pesar de toda esa política antirural, el proceso de re-ruralización, especialmente por gente joven, avanza, queremos vivir bien y ser útiles, y la alimentación es una necesidad básica que no podemos dejar en manos de unas pocas multinacionales que provocan hambre y sobrepeso, problemas cardiovasculares y cáncer.

Lo que yo no sabía es que la administración de justicia también es antirural, o al menos en mi caso así me lo parece. A mediados del año 2012 okupé una granja que desde hacía diez años estaba abandonada, propiedad de una agencia inmobiliaria y que tras un reciente proceso de ejecución hipotecaria, ahora es propiedad de Caixabank, que ha solicitado su posesión al Juzgado. Son complicadas de explicar las dificultades judiciales que en esta situación tengo para defenderme pero les resumo que el sentimiento es claro: la justicia, si existe, va por asfalto. En definitiva, Caixabank me quiere echar, -es un desalojo rural- y yo me quiero quedar. Pero lo que bien me sorprende es que mientras tanto, Caixabank presume de promover soluciones para el campo.

Soluciones bancarias para el campo

Tras una mesa, sonrientes con sus plumas en la mano, veo fotografiados en los periódicos a Isidre Fainé, presidente de Caixabank, y Miguel Arias Cañete, ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, con corbata y reloj caro, en el acto de firma de un acuerdo por el que Caixabank establece “líneas preferentes de financiación (lo de “preferentes” ya suena mal…) para el sector agroalimentario con la finalidad de impulsar su innovación tecnológica”.

La verdad es que yo no necesito una ordeñadora ni el grupo electrógeno que haría falta para hacerla funcionar a gasolina. Lo que verdaderamente necesito es tierra y que me dejen en paz. Tierra y libertad.

Caixabank también se presta, en el acuerdo firmado el pasado 5 de febrero, a gestionar y anticipar las ayudas al sector, entre ellas la PAC (Política Agraria Común), que ha resultado estupenda para el campo: en 1994 existían en España 140.000 pequeñas granjas, hoy son 20.000, es decir, ¡ha cerrado una media de 16 granjas al día en los últimos 20 años! Ya digo, yo me apaño bien ordeñando las cabras a mano, pero no puedo aprobar que los mayores beneficiarios de la PAC en España sean empresas como Ebro Foods, Mercadona, Nestlé, Campofrío o Leche Pascual y terratenientes como la Duquesa de Alba, la familia Domecq o la propia esposa del ministro Cañete. ¿Qué ocurrirá antes, que Caixabank les anticipe sus ayudas de la PAC o que Caixabank me desaloje?

Daniel González. Campesino. GranJaVaga.

MAS INFO: www.granjavaga.wordpress.com

Formación al alcance

Amigas, amigos

En esta ocasión os queremos informar de una nueva iniciativa formativa en torno a la Agroecología y la Soberanía Alimentaria: dos nuevos cursos on-line impartidos por el ARAG: Centro de Estudios de la Agricultura, la Ganadería y la Alimentación en la Globalización. En concreto:

p1090603* el curso de SOBERANÍA ALIMENTARIA para facilitar una aproximación crítica al funcionamiento del sistema agroalimentario dominante actual y la familiarización con el paradigma de la soberanía alimentaria y con sus principales dimensiones y propuestas.

* el curso de DESARROLLO RURAL encaminado a introducir los principales conceptos, teorías y enfoques sobre el desarrollo rural para mejorar capacidades y habilidades para la acción.

El objetivo de los cursos es doble. Por un lado, analizar de manera multidisciplinar los modelos y políticas relacionadas con la producción de alimentos (agrícola, ganadera y pesquería), desde sus raíces hasta las consecuencias ambientales, sociales y sanitarias, pasando por su comercio, distribución y consumo, así como las alternativas existentes. Por otro lado, difundir los valores de la soberanía alimentaria y del desarrollo rural sostenible, y familiarizarse con los principales conocimientos en los que se basan.

Los cursos, mediante las lecturas recomendadas y los foros de discusión, ofrecen cumplir estos objetivos en un marco de multidisciplinariedad y convivencia de sensibilidades activista y científica, tanto en los documentos como por parte de las personas coordinadoras y tutoras de los cursos.

MÁS INFORMACIÓN AQUÍ

Número 15, todos los contenidos. ‘Reflexiones sobre el cooperativismo agrario’

revista 15EDITORIAL. Cambiarlo todo

AMASANDO LA REALIDAD

-El cooperativismo agrario ¿instrumento para la soberanía alimentaria? Raül Beltrán

-Hojiblanca, la obsesión por la dimensión. Consejo Editorial

-A lomos de un elefante ¿quién depende de quién? Victoria Coronado

EN PIE DE ESPIGA

-Miradas históricas al cooperativismo, las colectivizaciones en Aragón. Marco Potyomkin

-La ley de integración de cooperativas: otra vuelta de tuerca mercantilSamuel Ortiz

PALABRA DE CAMPO

-Los sabores y las voces de la Tierra.

-Cuando los cultivos alimentan coches.”Sólo daño hacen”. Diego Jiménez Mirayo

ATAQUES Y RESISTENCIAS

-Colombia y TLC: entre la movilización y el conflicto. Lyda Forero y Danilo Urrea

-Utopías, realidades, fidelidad y resiliencia. L’Olivera.

-Cooperativismo urbano para la soberanía alimentaria. Cooperativa Árbore

DE UN VISTAZO Y MUCHAS ARISTAS

-Voces campesinas reflexionan sobre el cooperativismo

Agua y Soberanía Alimentaria, todos los contenidos

A lo largo de este número de la revista encontrarás artículos concretos sobre el uso del agua en la agricultura, las bondades e inconvenientes de diferentes sistemas agrícolas y advertencias a los riesgos de privatización del agua, entre otros. Son temas  que, desde la perspectiva de la Soberanía Alimentaria, debemos abordar contestando una pregunta fundamental: para que las y los agricultores puedan alimentar al Planeta y mantenerlo fértil, ¿qué uso y gestión hacemos del Agua? 

numero 14 aguaEditorial: Punto de partida

AMASANDO LA REALIDAD:

-Soberanía alimentaria y la nueva cultura del agua. por Pedro Arrojo

-Acaparamiento de agua: secando el Nilo. por Grain

-La verdadera amenaza para nuestro futuro es que se acaba el agua. por Lester Brown

-El lado humano del regadío. por José Manuel Penella

-Los secanos, base de la alimentación. por Ramón Meco Murillo, Carlos Lacasta Dutoit y Marta María Moreno

-Lo que nos enseñan los regadíos tradicionales. por Julia Martínez

-El agua para regar y mucho más. por Joan Corominas

EN PIE DE ESPIGA

-La huerta a la que tanto debemos. por José Antonio Moreno

-Regando con burbujas.  por Annelies Broekman

PALABRA DE CAMPO

-Las voces del agua. por Antonio Viñas

ATAQUES Y RESISTENCIAS

-Endesa y sus negocios hídricos contra el campesinado colombiano. por Tatiana Roa

DE UN VISTAZO Y MUCHAS ARISTAS

-Agua para alimentar al mundo. Consejo Editor

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El primer número que recibirá la persona agraciada será el 15, con el tema Cooperativismo. Puedes verlo aqui.
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Voces campesinas reflexionan sobre el cooperativismo

VOCES CAMPESINAS REFLEXIONAN SOBRE el COOPERATIVISMO

Junto con toda la información que recoge la revista sobre el cooperativismo agrario es fundamental tener la opinión de las personas que forman parte de las mismas. Hay visiones similares, pero también algunas contrapuestas, y desde luego una primera reflexión nace al constatar que cuando hemos recibido estos testimonios, y a pesar de los esfuerzos, la práctica totalidad son voces masculinas. ¿Qué papel tienen las mujeres en el cooperativismo actual? ¿Porqué quedan invisibilizadas? ¿Qué consecuencias tiene esta situación? ¿Cómo puede cambiarse? Son preguntas para la reflexión que queremos compartir.

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Juan Antonio García Villalba. Apicultor. Cooperativa Los Llanos. Cuevas del Becerro.

Si en algún segmento de la economía se ha instalado el sistema cooperativo ha sido en el campo. En el caso de Andalucía, es raro el pueblo que no tiene su cooperativa agrícola, que suele ser sobre todo de olivar, cereales, vino y de suministros como gasoil, herramientas y maquinaría de todo tipo. La demanda de las y los agricultores por este modelo de empresa surge un tanto por ideología y otro por las ventajas obvias: comercializar conjuntamente y asociarse para la compra de los insumos que necesitan para producir.

Pienso, que las cooperativas son las empresas más sociales que existen. Están en manos de muchas personas y con unas normativas muy progresistas para regularlas. Se trata del modelo empresarial más fuerte hasta ahora inventado, porque cualquier problema o crisis que pueda tener se puede superar al recaer sobre mucha gente. Lo que una empresa unipersonal no resiste, la cooperativa lo aguanta.

Y a pesar de esto ¿por qué a veces fracasan? La mayoría de los fracasos no suelen ser porque no sean competitivas en el mercado y sean expulsadas de éste. Los fracasos (en menor cantidad que en la empresa privada) suelen venir por la mala gestión, ya sea porque se deja todo en manos de un gerente externo a la cooperativa y no se da seguimiento desde la Junta Rectora, o bien porque las y los socios no se implican en la cooperativa y la Junta Rectora y el gerente no administran los intereses de las y los cooperativistas como debe ser. La falta de implicación de socios y socias en sus cooperativas no es sólo de este sector; si hablamos de otros colectivos sociales como sindicatos, partidos políticos, AMPAS,… suele ocurrir lo mismo. La no participación y el nulo control de su funcionamiento facilita que sus dirigentes se aprovechen de esta situación, e incluso se llegue a situaciones de corrupción.

Las raíces de este modo de proceder de los verdaderos dueños de cooperativas, sindicatos, partido,etc. hay que buscarlas en los 40 años de dictadura que soportaron nuestros padres y madres, en los que crecieron muchas generaciones sin ninguna cultura de participación social y con una represión brutal de cualquier forma de organización. Ésta es la diferencia que tenemos con muchos países europeos.

Juan José Mallén. Agricultor. Cooperativa Joaquín Costa. Binéfar.

Estamos viviendo desde hace unos años unos cambios muy fuertes en la sociedad en todo el mundo, y nos afectan a las y los agricultores directamente. El desarrollo de la agricultura convencional se orientó hacia la “productividad”, haciendo hincapié en la necesidad de mecanización, cambiar semillas, potenciar monocultivos más rentables, más abonados, la utilización de químicos para combatir plagas y “malas hierbas”, y las nuevas tecnologías transgénicas. Al mismo tiempo se desregulaban los mercados, “libre mercado”, dominado por las corporaciones internacionales y el sistema financiero. Y se creaba una agricultura y ganadería subsidiada dependiente de ayudas públicas, en nuestro caso europeas. Todas estas medidas han supuesto gran endeudamiento, dependencia y frustración para mucha gente del campo, que se han quedado en el camino y sin continuidad por parte de los jóvenes, reordenándose la propiedad de la tierra cada vez en menos manos e invirtiendo gente ajena al sector.

La repercusión de estos cambios afecta directamente a las Cooperativas de las que somos parte. Para mantener la cooperativa en este “río revuelto” y cubrir los costes de su estructura es necesario conseguir más ingresos. ¿Cómo se pueden conseguir márgenes interesantes de beneficios para mantener la cooperativa? La respuesta parece estar en la venta de los productos al agricultor, por lo que se le incentiva al consumo. Se recomiendan semillas nuevas, transgénicas, más abonados, más tratamientos herbicidas, insecticidas, fungicidas etc. con el argumento de conseguir mayor producción, eso sí, siempre avalado todo con estudios “científicos”, que son puras campañas de marketing para favorecer las ventas y conseguir buenos márgenes comerciales e ingresos para la cuentas de resultados de las cooperativas. Al agricultor, si es necesario, se le financian los gastos hasta la cosecha. Con el compromiso de que la entregue a la cooperativa, se le facilita el endeudamiento. También se suelen ofrecer seguros para “paliar algunos riesgos”, lo que supone más gastos.

Las cooperativas intentan mantener su estructura y, consciente o inconscientemente, son muchos los gerentes y juntas directivas que nos conducen por este peligroso camino. Dirigen la economía de sus cooperativas entrando en el proceso de potenciar la agro-industria-química-biotecnológica, que es la que obtiene los beneficios de sus patentes, controla el mercado y genera la dependencia hacia sus productos, normalmente peligrosos y contaminantes. Consiguen destruir nuestro principal recurso, la fertilidad de la tierra, ya que con los pesticidas nos cargamos la materia orgánica, los microorganismos, bacterias, etc. y salinizamos el suelo con los abonos de síntesis. Con esta política se garantiza el gasto que hay que pagar pero no la rentabilidad, y acaba volviéndose en contra del cooperativista, más vulnerable.

Hace tiempo que vivimos momentos muy críticos para la agricultura y la alimentación y es gratificante desarrollar vías alternativas a las marcadas por las grandes corporaciones agroalimentarias. Son rentables y se aplican con técnicas respetuosas con nuestro medio natural. La economía social, con las cooperativas en primer plano, sigue siendo necesaria en nuestros pueblos, con la orientación adecuada a nuestros intereses. De lo contrario, tenemos los días contados.

José Antonio Gallego Pulido. Agricultor. Málaga. Grupo Extiércol.

Mi relación con las cooperativas agrarias comienza en mi niñez, cuando, como hijo de campesino, acompañaba a mi COMPAIRE_2119padre a llevar aceitunas y cereales recolectados, comprar simientes, etc.

Donde vivo, las cooperativas comenzaron a fundarse a partir de los años 60-70 y llevo tiempo pensando que la raíz de muchas de ellas fue intentar solventar problemas más que ver una oportunidad en lo colectivo, si bien el factor colectivo/humano y la orientación hacia el bien de sus socios y socias ha sido palpable durante muchos años.

Ya no entro en las cooperativas creyéndome formar parte de algo, predomina el mercantilismo puro y duro. Aunque quedan todavía ejemplos de pequeñas cooperativas donde la nota del asociacionismo subsiste, todos los mensajes mediáticos van en la línea de crear grupos más grandes, que consigan más cuota de mercado, con funcionamiento más gerencial que asambleario, aunque sea a costa de sacrificar al socio o socia, eso sí, sirviendo copa de vino y jamón en las cada día “más pobres” asambleas ordinarias.

En mi humilde opinión deberíamos replantear de una forma reflexiva y profunda la filosofía, los valores y la misión que nuestras cooperativas locales deben tener. Concienciarnos de que de la cooperación pueden surgir alternativas reales, mucho más sostenibles y sociales, a la agricultura convencional burocratizada y perfectamente monopolizada que actualmente tenemos.

 

COOPERATIVA LA GARBIANA. Tarroja, Lleida

Núria Verdés. En nombre del colectivo Cooperativa La Garbiana

No sabemos si el sistema cooperativo puede cambiar el mundo, lo que sí que está claro es que puede ayudar a cambiar a las personas y estas serán las que cambiarán el mundo. 

Los cuatro, hijos de un pequeño pueblo de poco más de cien habitantes, empezamos a trabajar juntos: montar parada en los mercados, ir a ferias, cultivar varios huertos, comprar una máquina recolectora y, entre todos los jóvenes del pueblo, compramos el primer molino. Funcionábamos como cooperativa mucho antes de saber exactamente el funcionamiento real de una cooperativa. Ramón, encima del tractor, de escasas palabras pero con una sensibilidad que cuando se hace voz, acalla incluso a Mario Vargas Llosa; Jordi, maestro molinero que nos da conversación política y metafísica; Ignasi, que mantiene su dominio en los trabajos del huerto, esforzándose contra la inexperiencia y contra esa estúpida imagen que televisivamente se proyecta de las gentes campesinas en este país, que nos ha hecho creer que sembrar patatas y criar cerdos lo podía hacer cualquier iletrado, pero se precisan cualidades y conocimientos que desgraciadamente son muy escasos en nuestra sociedad; y Núria, ratos en el huerto, ratos en la tienda e intentando hacer difusión de todo lo que hacemos.

Poco a poco y sin tener nada planificado, ideado o mil veces replanteado, dejamos nuestros trabajos y nos fuimos implicando cada vez más en este proyecto. Y así, nos ofrecieron poder hacer una formación con AraCoop que nos ayudara a hacer un plan de empresa y que nos dio a conocer los diferentes modelos de cooperativa y cuál se adecuaba más a nuestra manera de funcionar. Empezamos a hacer números y a tocar tierra y también empiezan las contradicciones: hacer un plan de empresa es… ¡analizar el mercado! ¡Competencia! Y eso nos removía las entrañas y nos sacudía el cerebro.

El año 2012 nos legalizamos como cooperativa de trabajo asociado. En nuestro ámbito rural, las asambleas, reuniones y toma de decisiones se hacen en el día a día porque pasamos muchas horas juntos. Tuvimos nuestros dilemas y contradicciones y llegamos a la conclusión de que podemos llevar siempre la bandera pirata, que se puede luchar desde dentro del sistema y hacer muy buen trabajo. A menudo, ahora que muchos de nosotros somos padres, lo comparamos con las escuelas: podríamos llevar a los hijos a escuelas alternativas y libres, pero creemos que se tiene que trabajar para que la escuela pública vaya avanzando hacia este camino.

La Garbiana se dedica a producir cereales, legumbres, harinas y huerta ecológica, además de tener el único establecimiento comercial del pueblo. Hemos aprovechado las infraestructuras familiares (tierras y maquinaria) y esto nos ha facilitado algún paso, pero aún así todavía hay mucha inversión por hacer. Para iniciar el proyecto, contamos con un crédito facilitado por Coop57 y, un año más tarde, para comprar un molino más grande, conseguimos con éxito el micromecenazgo Verkami. Por principios, evitamos pedir créditos a la banca convencional. Este simple cambio nos refleja que a través del cooperativismo y la colaboración ciudadana se pueden dar grandes pasos, siempre hay caminos más sanos y buenos que los que el sistema te muestra como únicos.

La gente de más edad desconfía totalmente de la idea de cooperativa -todas las cooperativas acaban cerrando porque entre los socios no se entienden, se dice. Nosotros trabajamos con ilusión y conocemos las virtudes y defectos de cada cual. Pero esto no es la cooperativa de Heidi: hemos estado más de un año sin cobrar ningún sueldo, dependiendo de nuestras parejas y familias. Los gastos nos sobrepasaban: seguridad social, crédito, tasas, plantel y tubos de riego, reparaciones de tractor…

Creemos que el sistema cooperativo tiene muchas virtudes; una de las mejores y a la vez de las más complejas es la capacidad de trabajar conjuntamente, que permite que la estructura igualitaria no ahogue a los individuos y a la vez que éstos sean conscientes de que su crecimiento individual siempre es más grande si se da en el colectivo. Para nosotros es una de las cosas más importantes, siempre decimos que La Garbiana es simplemente una herramienta para aprender a relacionarnos.

El hecho de no tener una jerarquía interna hace que la responsabilidad individual adquiera mucho valor. Nos organizamos libremente, cada cual se ha situado, se sitúa o se situará en el lugar donde crea que puede aportar más o donde mejor se adapta. Así nos podemos desarrollar libremente y con responsabilidad.

Nuestro objetivo final era hacer un marco legal para que cualquier persona del pueblo pudiera desarrollar su trabajo: el albañil, el mecánico, el del bar, el fisioterapeuta, el panadero…De momento esto va muy despacio. Bastante trabajo tenemos nosotros para controlar el funcionamiento: facturas, iva, gestoría, seguridad social, nóminas, riesgos laborales…y de momento no hay ningún socio o socia más, pero esperamos que pronto lo tengamos superado. Al final esperamos ser un modelo que pueda ayudar en otros pueblos y colectivos a salir adelante con proyectos que avancen hacia la soberanía alimentaria.

Al lado de Tarroja, una chilena y un madrileño hacían chocolate artesano y los llamaban “los cuncunes”: una “chilenada” que viene a describir a esos gusanos rojos de tierra que cavan galerías profundas y fertilizan la tierra. Ellos mismos no saben ni se dan cuenta del trabajo que hacen, pero es una tarea básica que poco a poco dará frutos …y así iremos haciendo, trabajando dignamente en aquello que nos gusta hacer.

 

 

Eduardo Navarro. Agricultor. Cooperativa La Virgen de la Oliva. Ejea de los Caballeros.

El cooperativismo Agrario y Campesino ha sido un lugar de encuentro para comercializar productos agroalimentarios, y conseguir un valor añadido que la empresa privada no te daba, generando a su vez un reparto social del beneficio. El cooperativismo bien entendido han sido empresas de la economía social, honestas, transparentes, ajenas a las especulaciones, que redistribuyen la riqueza, que reinvierten los beneficios, que ubican a la persona en el centro de sus preocupaciones, que no se deslocaliza y que son aliados de los poderes públicos.

Hoy en día muchas cooperativas agroalimentarias han entrado en un modelo de gestión que no se diferencia de la empresa privada o de una Sociedad Anónima y esto está generando en muchas cooperativas conflictos entre las personas socias, la junta rectora y la gerencia. Se está diluyendo el espíritu cooperativo a favor de intereses económicos, por ejemplo a través de cambiar la lógica de un voto, un/a socio/a, por el voto ponderado.

Los discursos y eslóganes “Las cooperativas deben ser gestionadas como una empresa privada” son discursos muy peligrosos y neo liberales. En ese modelo de gestión, el presidente de la cooperativa se convierte en el consejero delegado de la misma, y el gerente en el director general, y entre ambos toman casi todas las decisiones. El Consejo Rector de la cooperativa sólo sirve realmente para llenar la mesa presidencial de la asamblea anual que convoca la cooperativa para aprobar los ingresos y gastos, dando poderes al consejo rector para las firmas correspondientes.

Estamos las y los cooperativistas en un proceso duro, complejo y de cambios radicales, hay cooperativistas que ya no creen en este modelo actual de Cooperativismo, otros y otras potencian la fusión de cooperativas y hacen desaparecer la cooperativa base perdiendo la identidad local, que es parte de la economía de tu pueblo. Por eso hoy, redefinir la función de las cooperativas y de sus socios y socias es la clave para el futuro. Intervenir en la cadena alimentaria, recuperar los mercados locales, la venta directa, la creación de redes entre consumidores y cooperativas de venta directa, garantizar con productos cooperativos la compra pública de alimentos, y financiar bancos de alimentos a través de la Banca Ética, son referentes y posibilidades para debatir hasta donde podemos llegar, sin perder los orígenes de la cooperativa. Prostituir el cooperativismo por el ardor de la globalización y de la exportación es trabajar en la lógica del capitalismo puro y duro. Cooperativismo, sí o sí.

Juanjo Aguado Martínez. Cerealista. Agropal. San Cebrián de Campos.

El individualismo en el campo sigue siendo un mal endémico, por eso pienso que la cooperativa es una herramienta imprescindible para, desde el punto de vista económico y humano, hacer frente a las agresivas imposiciones del mercado. No hay una solución intermedia, o estas sólo o te unes con más personas para defender dignamente tu profesión.

La cooperativa a la que pertenezco, por su dimensión y atendiendo a las características de un pequeño agricultor convencional como es mi caso, es una referencia y amortigua el oportunismo económico de intermediarios y almacenistas privados. Positivo es, a mi entender, la proyección de intensificar en más productos y sobre todo transformarlos. En nombre de la competitividad, mandamiento del liberalismo económico, todo tiene que ser más grande, la cooperativa también y en ese afán hay que aumentar el volumen de compras, de ventas, invertir permanentemente en nuevas infraestructuras que cubran las demandas puntuales de la agricultura industrial. En consecuencia, el control de la cooperativa pasa por equipos de gestión muy competitivos que acaban imponiendo el ritmo y los objetivos, quedando el socio o la socia sometido a su buen hacer.

Dudo mucho que los dirigentes de mi cooperativa se planteen ese término “Soberanía Alimentaria”, tendrían que cambiar mucho las cosas, de momento tienen más claro otros conceptos que chocan frontalmente con este concepto. sueños colectivos 03

Ruth y Sisu, músicos campesinos del Penedès. Ecoxarxa Penedès y Cooperativa Integral Catalana.

Desde nuestra intención de formarnos como personas libres, desde nuestra declaración de soberanía personal e insumisión integral llevada a la práctica desde el mundo rural, desde nuestra vocación revolucionaria que considera complementarias la filosofía y la vida cotidiana, nos sentimos representados por la Cooperativa Integral Catalana (CIC)(www.cooperativa.cat), un espacio que favorece la organización cooperativa y coordinada en los ámbitos de la alimentación, educación,  salud, vivienda, transporte y energía. Somos parte de las Ecoxarxes, una red que fomenta la economía y las relaciones humanas de forma local, en base a la proximidad, con el objetivo de cubrir nuestras necesidades básicas sin necesidad de utilizar el euro. Con ellas sentimos que  nos refuerzan la vía rural y campesina. Son herramientas a nuestro alcance para consolidar y articular una forma de vida que de otra manera quedaría coja por los tiempos que corren. A través ellas ponemos en marcha puestos en los mercados, organizamos ferias, abrimos locales, arrancamos grupos de consumo, rescatamos espacios abandonados, hacemos difusión de nuestra praxis.

A veces nuestras propias estructuras políticas nos pueden parecer excesivamente burocráticas, faltas de acción, nos sobran discursos y asambleas y nos preguntamos donde está el día a día. Pero no podemos confundir una cosa con otra, la organización social en masa será asamblearia o silenciosa, y la única opción será la revolución en la vida cotidiana.

Hoy hemos recibido uno correo vía CIC-intercambios. Un señor de las tierras de el Ebro se deshace de un antiguo molino de aceite y pensaba desguazarlo como chatarra. Un compañero de la Ecoxarxa cercana ha avisado por correo, y el propietario ha recibido tantas solicitudes de rescate que actualmente no sabe gestionar la situación. Creo que es una anécdota muy elocuente.

Cooperativismo urbano para la soberanía alimentaria

Cooperativismo urbano para la soberanía alimentaria

Cooperativa Árbore

Veinte fue el número de personas que iniciaron el proyecto Árbore que ahora mismo aglutina a 330 unidades de consumo. Esas veinte personas pretendían consumir de otra forma, hacer del consumo necesario para la vida un acto político en la cotidianidad.

 Así es como nace la primera Cooperativa de consumo consciente de Galicia (que no el primer grupo de consumo), con sede en la ciudad de Vigo. Los primeros pasos se dieron en el año 2000 consiguiendo un local, en el que todavía transita la cooperativa, que sirvió para recepcionar los productos. Las diferencias entre estos productos y los que se podían encontrar en otros comercios eran varias: se producían de forma ecológica, respetaban los derechos de los animales y se buscaban proyectos cercanos. A través de estos productos se buscaba establecer relaciones entre las personas y los proyectos productivos. Todas estas características siguen vigentes casi 13 años después.

Cooperativa como fórmula jurídica: ventajas e inconvenientes

Si hay algo que nos diferencie de otros proyectos de consumo consciente es el hecho de estar constituidas como cooperativa. La elección de esta fórmula jurídica no es algo ajeno al funcionamiento cotidiano sino que afecta a diferentes niveles, estructurales y organizativos.

Asemblea_Arbore_06_1_150706Estar constituidas como cooperativa nos permite relacionarnos con otras entidades de igual fórmula jurídica en todo el territorio gallego. Específicamente participamos activamente de la Federación de Cooperativas Sinerxia, que tiene como objetivo principal difundir el cooperativismo como fórmula de trabajo colaborativo. Esta estructura formal también nos permite servir de punto de apoyo a otros colectivos “informales” que se pueden beneficiar del trabajo de Árbore. El ejemplo más habitual es la facilitación de pedidos para grupos pequeños, a los que les cuesta más alcanzar determinados pedidos mínimos a proveedores (con el fin de reducir costes de transporte normalmente).

Por otro lado organizarnos en base a un estilo más formal, ayuda a dar consistencia a lo que consideramos uno de los puntos fuertes de Árbore, la heterogeneidad de sus socias. Las personas que participamos de la cooperativa venimos de experiencias políticas y vitales diferentes y aunque todas las socias asumamos los principios generales, esto no quiere decir que estemos de acuerdo en todos los planteamientos ni que participemos de la misma forma. Tener una estructura formal permite que tanto personas muy politizadas como sin participación política alguna sientan que pueden formar parte del proyecto a diferentes niveles.

Pero este último punto supone a la vez una dificultad participativa. La Ley de Cooperativas exige la creación de una estructura rígida y quizás excesivamente jerárquica que no permite tanta permeabilidad en la participación, como puede pasar en pequeños grupos de consumo. Intentamos salirnos de esta fórmula más clásica (consejo rector, trabajadoras, asamblea…) a través de la creación de comisiones de trabajo que permiten implicarse en temas que manejan objetivos concretos y consiguen resultados tangibles.

Por último es importante tener en cuenta que proyectos como la certificación participativa requieren de un mayor esfuerzo al estar sujetas a una figura jurídica que si lo hiciéramos desde una plataforma informal. Estar “dentro del sistema” supone estar limitadas en las relaciones con productoras en ecológico pero sin sello.

 Participación

Aunque comenzó siendo un proyecto en el que se colaboraba entre todas las personas socias, pronto se vio necesario que algunas de ellas dedicaran parte importante de su tiempo a hacerlo funcionar. Realizar pedidos, recibirlos, estudiar nuevos productos y atender la tienda es un trabajo que requiere de tiempo y conocimientos. Es por todo esto que en estos momentos hay tres personas trabajando en y para la cooperativa, acompañadas en todo momento por el resto de socias que participamos en las decisiones  y en el trabajo político-social.

Cada vez más gente pensamos que el control de nuestra soberanía sólo es posible en el ámbito local y en grupos autogestionados, que posibilitan la participación directa y horizontal. Un poco más un poco menos, aquí todas nos sentimos activistas anticonsumo con una  necesidad de reacción y de contestación al sistema, por eso la participación es uno de los ejes fundamentales en el funcionamiento de la cooperativa.

En Árbore la participación comienza en la “Asamblea Xeral”, máximo órgano de decisión. Se realizan dos reuniones al año, y si el tiempo  lo permite se llevan a cabo  al aire libre, junto a un molino de río  rodeado de árboles (las discusiones son más llevaderas cuando se respira aire fresco), y con comida comunitaria dando a la asamblea un cariz lúdico festivo. Es la asamblea la que decide y aprueba las líneas de actuación de la cooperativa, y también la que elige a las personas que formarán parte del “Consello reitor”, encargado del seguimiento y la gestión de la cooperativa. En sus más de diez años de vida, Árbore ha ido reciclando su Consello reitor, reinjertándose para dar nuevos frutos. 

IMG_1007La complejidad del “enramado” ha derivado en la creación de las diversas comisiones (seis en total, algunas permanentes y otras temporales), que se encargan de temas concretos.  Todas ellas están abiertas a propuestas de las personas socias según motivaciones y capacidad participativa. Afortunadamente, y gracias a su experiencia e implicación, las trabajadoras de Árbore  colaboran en la gestión de la cooperativa participando en el Consello Reitor, coordinando las diferentes comisiones y la información que llega diariamente a la cooperativa. 

De todo ello resulta un modelo de gestión transparente y horizontal, fomentando los principios de cooperación y apoyo mutuo tanto hacia dentro como hacia afuera. Se trata de crear o recuperar espacios de autonomía capaces de crecer o replicarse, y de interactuar en redes cada vez más complejas. De hecho, Árbore participa en numerosos eventos locales como ferias de productos ecológicos, charlas y talleres y diversas convocatorias del mercado y la economía social, publicitándolas y asistiendo a título individual de las socias o representando a la cooperativa.

La tienda

La actividad diaria de la cooperativa se desarrolla en torno a la tienda de la cooperativa. Desde siempre se han intentado ofrecer productos frescos y locales de procedencia ecológica, graneles y muchos productos envasados que intentan cubrir, dentro de nuestras limitaciones, tanto la alimentación como la higiene personal y limpieza, en base a los criterios de compra que manejamos.

Estos criterios intentan incluir cuestiones de salud y dignidad para las personas y los animales y por supuesto para el medio que nos acoge, y se despliegan en la valoración de criterios sociales, ambientales y de calidad de los productos que se venden. No estamos sin embargo libres de conflictos éticos, prácticos y comerciales, y por tanto de una periódica revisión de los distintos criterios que se pueden aplicar, intentando siempre mejorar estos aspectos.

La información que se ofrece en la tienda, incluye una pequeña biblioteca y diversas publicaciones sobre Consumo Responsable, Comercio Justo y Agroecología, y también varias publicaciones editadas en colaboración con otras cooperativas y grupos de consumo que abordan temas de comercio justo, cooperativismo… . Además, las trabajadoras de la cooperativa intentan transmitir la información que poseen por el papel que desempeñan y su experiencia

La cooperativa aplica descuentos para las socias sobre todos los productos ofertados desde el inicio de la misma, si bien en los últimos años se está comenzando un trabajo de discriminación de margenes y descuentos para las distintas categorías de productos y para alguno de ellos en particular. La intención es clara y está en la práctica habitual de otras cooperativas y grupos de consumo, favorecer intencionadamente el consumo de productos que reunen:

  • Ventajas desde el punto de vista del consumo responsable y la soberanía alimentaria. Así podríamos destacar la cercanía, la biodiversidad de cultivos, criterios sociales, condiciones de envasado y transporte, etc.

  • Valor nutricional. Se aumentan los descuentos de productos frescos, cereales, legumbres a granel y otros productos que se consideran importantes en la alimentación de las personas. Esta idea salió de la discusión de cómo facilitar el consumo de productos ecológicos a personas con menos recursos económicos y esta era la alternativa que nos exigía menos fiscalización y que creemos más operativa.

  • Apoyo a proyectos de producción cercanos, reduciendo los margenes con los que la cooperativa trabaja y nuestro peso como intermediarias.

Redes

En la última década se iniciaron proyectos similares en diferentes lugares de Galicia, uniéndose a ellos en los últimos años un gran número de gruposIMG_1000 de consumo. Aunque exista disparidad en la fórmula jurídica entre los distintos proyectos y por tanto el funcionamiento y la organización sean diferentes, las bases fundamentales son las mismas para todas: construir modelos de relación a través del consumo. Por eso también nos relacionamos entre los diferentes proyectos, a veces de forma particular, como entre el grupo de consumo de Moaña y Árbore, y otras veces de forma amplia, como en la Rede de Galega de Consumo Consciente1.

Pero entendemos que no solo de consumo vivimos las personas y que en el proceso de ir construyendo espacios de respeto y buen hacer alejados del funcionamiento capitalista, debemos tejer red con otras iniciativas. Concretamente desde Árbore tenemos especial relación con proyectos de la economía social, quizás debido al hecho de ser una cooperativa, con lo que esta figura implica. Somos socias fundadoras de la sección territorial de Coop57, participamos en el grupo local de Fiare y somos socias de O Peto, entidad dedicada a la financiación de proyectos sociales. Creemos que la economía social no solo son diferentes formas de comprar y de vender sino que también importa donde colocas el dinero que se mueve en el proceso.

En la Asamblea de la cooperativa de Diciembre de 2012, se aprobaron una serie de líneas de colaboración (Convenios) que pretenden establecerse con otros colectivos, lazos que faciliten el conocimiento mutuo, y cuando sea posible, la colaboración. Ya viene de atrás nuestra relación con proyectos como Asociación Caleidoskopio, Raíña Verde, Mundos, Ecoenvío y Nornas, entre otros.

Además de esto, intentamos conocer los nuevos proyectos que se plantean dentro de lo agroecológico y en la medida de lo posible ofrecerles nuestra colaboración desde nuestra experiencia.

Por otra parte, toda la información que se mueve en Árbore a través de ordenadores pasa por herramientas de software libre, un modelo que consideramos imprescindible si lo que buscamos son formas de trabajo colaborativo y que a la vez escapa de las manos de las multinacionales, estructuras capitalistas de las que huimos. En este caso trabajamos mano a mano desde hace años con el colectivo Promathea dedicado a la implantación de software libre y que ahora mismo está desarrollando un programa de gestión ERP.

El enfoque urbano de la soberanía alimentaria

Volver la mirada hacia lo rural se hace más que aconsejable, y no precisamente para hacer turismo. De forma gradual estamos viendo atisbos de recuperación del ambiente rural: rehabilitación de pueblos abandonados, ecoaldeas… a pesar de las escasas facilidades que desde la administración se proporcionan. No es casual que un número importante de socias de la cooperativa cultivemos un huerto periurbano.

Árbore trabaja para ser ese punto de retorno y conexión hacia y con  el rural y abrir una puerta a la soberanía alimentaria en la ciudad. Somos conscientes de que vivimos en un medio que produce escasos bienes materiales sostenibles y que consume la mayor parte de los recursos vitales (agua, alimentos, energía), generando  gran cantidad de residuos. Gracias a la cooperativa todas hemos ido aprendiendo y evolucionando (y seguimos haciéndolo) hacia un modelo de consumo más responsable.

No se trata solo  de comprar cosas “verdes”, en la simplificación que las certificaciones provocan a veces en el mercado, sino de analizar cada producto que consumimos y calcular aunque sea mínimamente su impacto, su “huella”. Por ello damos cada vez más valor a lo que se produce en cercanía, comerciando con precios equitativos para las personas productoras, consumidoras y trabajadoras  de la cooperativa, y aplicando criterios éticos a los márgenes de ganancia en los diferentes productos que se encuentran en la tienda.

En general no es fácil para mucha gente, acostumbrada a las políticas de bajos precios de las grandes superficies, aceptar precios más “justos”, pero lo cierto es que el número de socias sigue aumentando, lo que demuestra que la gente es cada vez más sensible a estas cuestiones. 

El dilema de la certificación ecológica

La principal actividad que Árbore viene realizando desde el año 2001 es la venta de productos ecológicos, pero como hemos contado, no del mismo modo que lo están haciendo otros canales de venta como las grandes superficies o los supermercados ecológicos de reciente aparición. La fuerza con la que dichos canales están entrando en el sector, nos pone en la disyuntiva de tener que competir con ellos o replantearnos aún más la esencia de lo que son en realidad los productos ecológicos.

A nuestro parecer, la normativa europea por la que se rige la producción, distribución y venta de productos ecológicos se ha redactado de un modo bastante miope, favoreciendo a las grandes empresas del sector alimentario y castigando, incluso excluyendo, a los pequeños productores, que no pueden o no quieren asumir los costes de certificación, y que sin embargo son los principales actores en términos de soberanía alimentaria. No es que neguemos el valor que tiene el sello oficial en cuanto a protección y ampliación del espacio comercial de los productos ecológicos, pero deberíamos preguntamos si una zanahoria cultivada en régimen de explotación de monocultivo y que viaja más de mil kilómetros hasta nuestro plato es realmente un producto ecológico y puede ser certificado como tal.

Recientemente hemos puesto en marcha una  comisión de garantía, con la idea de estudiar a fondo estas cuestiones. La oferta de productos frescos locales está creciendo progresivamente tanto en número de productoras como en variedad de productos, en muchos casos no certificados pero siguiendo patrones de cultivo agroecológicos.

Una de las mayores aspiraciones de la comisión de garantía es poner en marcha un sistema participativo de garantía  (SPG) que permita asociar directamente a productoras y consumidoras con el fin de poder certificarse a sí mismas sin necesidad de terceras partes, y siguiendo criterios basados en  la confianza mutua. Estamos viendo que en diversos países de Latinoamérica y también en Andalucía y Levante, los SPG están siendo muy efectivos como defensa y control de la soberanía alimentaria a nivel local, además de favorecer procesos de transición agroecológicos, alimentarios y sociolaborales, es un proyecto que necesitará de tiempo y dedicación pero que se ha iniciado. La utopía, como dice Galeano, sirve para seguir caminando.

1 A Rede Galega de Consumo Responsable está formada por distintas Cooperativas y Grupos de Consumo, no tiene página web propia pero se pueden conocer a algunos de los integrantes en nuestra web www.arbore.org/enlaces/na/galiza

NOTA: Este texto está redactado íntegramente en femenino con el objetivo de incluír a todas l(as) person(as) que conformamos el proyecto, tanto hombres como mujeres. Utilizando el femenino no solo nos referimos a l(as) person(as), sino que ponemos énfasis en la presencia de las mujeres, que en un mundo sometido al funcionamiento patriarcal se encuentran invisibilizadas en los proyectos y en el lenguaje

Utopías, realidades, fidelidad y resiliencia. L’Olivera.

Utopías, realidades, fidelidad y resiliencia. L’Olivera.

o cómo aprender a construir un proyecto cooperativo en el mundo rural desde el año 1974.

A veces pensamos en L’Olivera como en un autobús. Desde el año 1974 somos un grupo que ensayamos una experiencia cooperativa en el mundo rural, en Vallbona de les Monges, en la Cataluña interior de secano. Lo del autobús es porque somos un grupo de gente diversa, que sube y baja, en movimiento, que intentamos poner en juego nuestras capacidades y discapacidades al servicio de un proyecto común, basado en la elaboración de productos propios como diferentes tipos de vinos y aceites. El nombre de L’Olivera (el olivo) se lo pusimos porque es un árbol de nuestra tierra, de crecimiento lento, que acaba enraizando profundo y puede llegar a ser centenario.

El contexto, la historia y el presente

Vallbona de les Monges es un pueblo de la Cataluña interior de secano, rodeado de colinas modeladas por frágiles muros de piedra seca y que ha crecido al abrigo de un monasterio cisterciense femenino del siglo XIII. En el pueblo quedan unas 100 personas, cuando hace 100 años contabilizaba más de 1.000. El paisaje es una estampa bastante frecuente en los territorios montañosos mediterráneos: parcelas pequeñas, pervivencia de cultivos poco exigentes en mano de obra (cereal, olivo), abandono de las fincas menos accesibles, pérdida progresiva de elementos del patrimonio agrícola (terrazas, cabañas, campos) y reducción del número de personas dedicadas a la agricultura a tiempo completo.

Sueños Colectivos 07En este contexto nace L’Olivera, hace casi 40 años. Un grupo de tres jóvenes con un padre escolapio de ideas avanzadas se instaló en este pequeño pueblo rural para crear una experiencia alternativa, socializadora, cargada de utopía. Buscando fórmulas de vida y trabajo “humanizantes” e integradoras, opuestas al desarrollo urbano e industrial de aquella época. En cierta medida, se trataba de “neorurales” que construían un proyecto colectivo en ámbito rural, como estaba pasando también en otros lugares de Europa.

La economía del grupo quiso ser desde el inicio agraria, como los demás vecinos del pueblo, y cooperativa, por las potencialidades de esta forma de organización. Poco a poco fuimos entendiendo que teníamos que construir un proyecto económico al servicio de un proyecto social más amplio. Hubo sucesivos intentos de generar una economía propia donde fuimos viendo como la actividad agraria en nuestro pueblo era precaria económicamente y claramente insuficiente para un grupo como el nuestro. Con el tiempo, iríamos llegando a la certeza de que, en Vallbona, sólo cultivando, elaborando y comercializando un producto propio seríamos capaces de vivir de nuestro trabajo, permitir que personas con capacidades diferentes participaran en el proceso, y que el conjunto fuera sostenible. Fuimos perdiendo el miedo al ser empresa, para crear otra manera económica de funcionar: lo que años más tarde se iría conceptualizando como Economía Social y Solidaria.

Lo que el año 1989 era una intuición y el principio de una realidad se fue consolidando durante los años siguientes. Han pasado 25 años y actualmente elaboramos 17 tipos de vinos y 4 tipos de aceites de oliva, cultivando 40 hectáreas de viña y olivos de secano en producción ecológica certificada. Constatamos que para nosotros la única manera de sobrevivir siendo agricultoras y agricultores es intentar que nuestros productos transporten un conjunto de “valores añadidos”: económicos, sociales, territoriales, ambientales y organolépticos. El alimento acaba siendo el reflejo de una tierra y una gente que la trabaja y la interpreta detrás, con toda la historia que arrastra.

Desde el año 2010, desarrollamos un segundo proyecto en elParque Natural de Collserola de la ciudad de Barcelona (en la llamada “agricultura periurbana”), con jóvenes con dificultades y gestionando la viña de la ciudad y elaborando su vino institucional.

Todo este camino de esfuerzo compartido, complicidades, lucha y profundos debates internos nos ha llevado a ser actualmente una organización con unos 75 miembros, integrando en este grupo a 34 personas “frágiles”.

Si miramos atrás, nuestra historia ha estado marcada por el deseo de hacer posible un proyecto donde el hecho económico y social vayan de la mano y no sean contrapuestos. En una sociedad “hiper-compartimentada”, intentamos vivir con una visión transversal que haga compatible la inserción social con la elaboración de productos de origen y alta calidad. Después de todos estos años, constatamos que el desempeño en común, la transformación respetuosa de las materias primas, la participación activa en la propia empresa son herramientas válidas para crear un lugar de trabajo y vida que nos permite desarrollar y mejorar nuestras habilidades y capacidades.Llevar a cabo este proyecto el ámbito rural nos anima a seguir creyendo en el futuro de estos espacios, donde los cambios de los modelos agrícolas y productivos son constantes y plantean muchos interrogantes. El concepto nuevo que se va gestando de Agricultura Social reúne estos elementos (acción social, territorio, servicios a las personas,etc) y con él nos sentimos identificadas e identificados.

Los ejes del proyecto

L’Olivera la concebimos como una cooperativa que desde el mundo rural y periurbano quiere crear una organización viva y viable que integre tres ejes de funcionamiento, tres voluntades interrelacionadas.

Inclusión Social: Nacimos y trabajamos para crear un espacio que integre personas “frágiles” de nuestra sociedad, especialmente con discapacidad psíquica y/o mental, donde a partir del trabajo y la vida colectiva cada uno pueda progresar a su ritmo como persona.

Actividad económica basada en el Valor Añadido: creando en nuestro entorno agrario una experiencia de futuro y elaborar productos de calidad que den valor a toda la cadena de producción: tierra, productores, consumidores.

Gestión Cooperativa: nuestro paraguas y motor de funcionamiento es el modelo cooperativo con todo el carácter y potencialidades que presenta. Nos adherimos al cooperativismo de trabajo asociado en el marco de una actividad agraria.

Las potencialidades de la participación

Cuando valoramos colectivamente nuestra trayectoria (en asambleas, planes estratégicos, etc), una de las constataciones más habituales es que estar vivos ya es un éxito. A continuación describimos algunas intuiciones cuando pensamos y reflexionamos porqué seguimos vivos, así como las dificultades habituales que tenemos que superar, especialmente relacionadas con el eje del funcionamiento cooperativo, que está en el origen de L’Olivera y hemos intentado trabajar y desarrollar con intensidad, con un modelo de trabajo poco habitual en el mundo rural (de “explotación comunitaria de la tierra”), en el que lo más común son las cooperativas agrarias.

Como explicábamos anteriormente, viabilizar un proyecto económico para nosotros supone centrarnos en elaborar un producto propio de calidad. Para ello invertimos en formación, conocimiento y en tecnología, y hacemos muchos kilómetros visitando múltiples experiencias que puedan alimentar la nuestra desde los diferentes ámbitos que trabajamos: elaboración de vinos y aceites, modelo cooperativo, mundo rural. En este sentido funcionamos como organización participativa, en la que nos jugamos nuestras capacidades y obtenemos diferentes retornos, uno de ellos el monetario.

Creemos que, a menudo, las cooperativas agrarias no han creado condiciones para elaborar productos de gran calidad –salvo algunas excepciones- y que un reto importante para ellas es potenciar la mejora continua. El entorno cooperativo agrario remunera a menudo peor que la empresa privada y ello puede ser debido a la falta de una “cultura de la calidad”. El desafío entonces es cómo, en un entorno cooperativo implementamos políticas que favorezcan la calidad de los procesos y que las y los socios que no trabajan bien no condicionen el conjunto. En ese sentido hablamos de convertir igualdad (mismos precios, mismos salarios, mismas liquidaciones,…) en equidad (mismos derechos para todas y todos pero ligados a la calidad). Implementando políticas de mejora de la calidad de los procesos y los resultados finales, se mejoran los ingresos, y, por tanto, la remuneración a las y los socios, favoreciendo así una economía rural más sostenida.

En el mundo rural, a veces constatamos una resistencia a creer en un futuro mejor, pues el futuro que muchas generaciones han deseado era irse, abandonarlo. Plantear que hay futuro y oportunidades acaba siendo en sí mismo contradictorio para una parte de la población rural y es necesaria mucha fidelidad y resistencia para demostrar –con hechos- a nuestros vecinos que sí hay futuro.

En la actualidad, la cooperativa nos parece una herramienta válida como organización adaptada a los tiempos, que permite la participación de las y los trabajadores y en la que pueden encontrar también un impacto social importante más allá de la estricta remuneración del trabajo. Experimentamos que la cooperativa es más flexible en el sentido de que la gestión llevada a cabo por sus miembros es más directa, y la interiorización de las situaciones del contexto es más fácil. La actual crisis, por ejemplo, nos ha obligado a reducir la escala salarial que habíamos estado un año elaborando para ajustar equidad, dedicación y competencias profesionales…

En relación a la consolidación de puestos de trabajo, la cooperativa ha ofrecido estabilidad laboral a varias unidades familiares, y muchas de ellas a través de puestos de trabajo para mujeres con la posibilidad de participar en la empresa, conciliar con la familia y otros beneficios que resultan en haber creado un colectivo con elevada presencia femenina, también en cargos directivos.

Nuestro funcionamiento cooperativo

Si miramos atrás, dentro del funcionamiento cooperativo hay algunos elementos que han sido importantes para seguir vivos. Podemos destacar el liderazgo ético, donde los cargos con responsabilidades interiorizan la identidad de la cooperativa sin patrimonializarla, compartiendo la visión y generando futuro. También ha sido fundamental el apoyo externo, en el que parte de las y los socios de la cooperativa y algunos miembros del Consejo Rector no estaban presentes en el día a día pero participaban en las reuniones y actos sociales. La aportación voluntaria de muchas personas socias en forma de tiempo, esfuerzo, económica, o de otras maneras, también es una señal de identidad y da credibilidad al conjunto del proyecto. La cooperativa es “algo más”.

En relación al funcionamiento, a lo largo de nuestra historia se ha sido escrupuloso en mantener las reuniones periódicas y las asambleas anuales. Las reuniones de Consejo Rector han sido tradicionalmente abiertas a todas las personas socias y este funcionamiento ha permitido transparencia en la gestión. A veces esto ha convertido las decisiones en más lentas o farragosas, pero al mismo tiempo las ha podido hacer más sólidas y duraderas. Con el tiempo hemos ido creando una cierta estructura de gestión complementaria a la estructura de representación y participación y todavía estamos ensayando el encaje de las dos. Tradicionalmente, en las diferentes reuniones, la toma de decisiones ha sido por consenso, y en nuestros 39 años de historia sólo se ha votado una vez una decisión. Confiamos en el consenso, aunque también constatamos que votar y cuantificar puede ser un buen termómetro para ver cómo andan las cosas en el conjunto del colectivo.

Otra clave para que el proyecto se vaya consolidando es tener o haber tenido el apoyo de personas expertas. Desde la producción agrícola, hasta la elaboración, comercialización, financiera, etc. hemos contado con diferentes apoyos que nos han permitido internalizar consejos y conocimientos, construyendo así una organización más sólida. Este camino nos lleva ahora, en casos puntuales, a compartir también nuestros saberes aprendidos ¡incluso más allá de nuestras fronteras…!

Junto a estos apoyos externos, nuestra experiencia se ha alimentado mucho de dos elementos: la participación en redes a diferentes niveles y la formación colectiva. Como cooperativa, formamos parte de diferentes federaciones y asociaciones. También participamos en experiencias de finanzas éticas (FETS, coop57, etc), factor clave para acometer las inversiones de los últimos años.

La formación también ha sido un elemento que hemos querido potenciar y compartir desde la cooperativa, permitiendo que las y los trabajadores mejoren sus habilidades y capacidades. Un elemento clave en este itinerario formativo ha sido hacer un viaje anual , visitando diferentes experiencias en España y Europa desde hace 15 años, lo que nos ha permitido dar una dimensión global a nuestro trabajo diario local, discreto y tenaz.

En todo este itinerario, las dificultades han sido también compañeras de viaje con las que lidiar cotidianamente. Un colectivo como el nuestro, con objetivos sociales ambiciosos, precisa de un equipo humano capaz de interrogarse, autocuestionarse y ejercer un sentido crítico constructivo. En nuestro caso sentimos las dificultades de consolidar un grupo estable, que interiorice los valores que defendemos y que esté dispuesto a convertir su lugar de trabajo en un espacio de transformación social. En este sentido a veces nos cuesta armonizar los diferentes niveles de implicación en el proyecto. Por otro lado, el mundo rural, a veces un mundo del que hemos querido “huir”, se vuelve un espacio difícil para captar personas dispuestas a sumarse a un proyecto que quiere ser innovador y de futuro. Los debates internos, en un grupo de pequeñas dimensiones, a menudo han tenido costes personales elevados, y nos sentimos “resilientes” cuando tras discusiones y polarizaciones intensas continuamos al pie del cañón para tirar adelante el conjunto. A veces la lucha es contra nosotras mismas, contra el escepticismo visceral de que es imposible construir alternativas reales.

En clave de futuro, el desafío más importante que tenemos es seguir haciendo viable nuestra organización, con visión a largo plazo y en la que cada persona juega su papel para remar en la misma dirección. El desafío es ir creando un grupo que puede interiorizar y actualizar nuestros valores para proyectar L’Olivera en el futuro. Si tenemos que crecer, estamos abiertos a un crecimiento más en red que de escala global, para permitir replicar o compartir un modelo en el que creemos.

El reto está servido y queda mucho por hacer.

L’Olivera sccl.

http://www.olivera.org/

Vallbona de les Monges, noviembre de 2013.

Colombia, entre la movilización y el conflicto

Colombia y TLC: entre la movilización y el conflicto

Por: Lyda Forero y Danilo Urrea

El pasado 19 de agosto organizaciones y movimientos sociales ligados al sector agrario colombiano iniciaron un paro nacional que prontamente tomó el carácter de movilización popular gracias a la adhesión de otros sectores. Trabajadores y trabajadoras de la salud y la educación, transportadores y también organizaciones urbanas, de indígenas y afrodescendientes paulatinamente nutrieron las calles y carreteras de distintas partes del país, lugares que se convirtieron en escenarios de disputa y en los que se vivió una fuerte represión por parte de las fuerzas policiales y militares.

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Las demandas presentadas al gobierno nacional, y las movilizaciones que por momentos llegaron a tener el carácter de un levantamiento popular demuestran que no se trata de un descontento coyuntural, sino que, por el contrario, es el resultado de problemas estructurales relacionados con el modelo productivo, el sistema político y la propiedad de la tierra, conflictos que se han intensificado especialmente en los últimos años a partir de la entrada en vigencia en 2011 del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Canadá y en 2012 con Estados Unidos. Esta situación presenta una clara perspectiva de los posibles impactos del TLC con la Unión Europea, que se implementó provisionalmente a partir de julio de 2013.

La combinación de factores estructurales detrás de las crisis y las resistencias.

Sueños Colectivos 08Históricamente ha existido una profunda concentración de la tierra en Colombia, que se exacerbó durante los últimos años por una contra-reforma agraria que, a través de la acción paramilitar, agenciada con mayor rigor entre los años 2002 y 2010, desplazó a 4 millones de personas de sus territorios, y despojó a sangre y fuego, 8 millones de hectáreas en las que ahora se imponen los principales megaproyectos de empresas trasnacionales y privadas nacionales. De acuerdo con datos oficiales, en los años 50 cerca del 55% de los propietarios tenían menos de 10 hectáreas y ocupaban alrededor de 7% de la superficie del país; en 2010 la situación es aún peor, el 77.6% de los propietarios posee el 13,7% de la tierra.

La política agraria en Colombia ha privilegiado la producción agroindustrial frente a la campesina, a través de subsidios y promociones a los grandes poderes industriales del agro, lo que a su vez ha favorecido el acaparamiento de tierras por parte de capitales transnacionales. La producción agrícola se enfrenta a una de las mayores crisis en los últimos años, ante el incremento de las importaciones a bajos precios con los que no puede competir la producción nacional. En consecuencia, las y los productores campesinos han solicitado al gobierno políticas de protección a la producción interna, subsidios y control de precios tanto de los insumos como de los productos finales.

De la misma manera, y en directa relación con las complejidades antes presentadas, la política minero – energética del gobierno Santos, que promueve proyectos extractivos a través de incentivos y medidas de protección a la inversión extranjera, y que se garantizó con el despojo legal y violento de los años anteriores a su mandato y cuando él ejercía como ministro de defensa, ha tenido una férrea oposición por parte de las comunidades, organizaciones y movimientos territoriales.

Aunque el gobierno ha pretendido presentar esta política como una de las locomotoras del desarrollo y la gran innovación económica para el país, el empobrecimiento de las zonas mineras, los conflictos ambientales y los desplazamientos forzados enfrentados por las poblaciones aledañas a las zonas de influencia de estos emprendimientos hablan por sí mismos.

La política minero – energética actual en Colombia desconoce la vocación productiva del país, ejerce presión sobre los ecosistemas esenciales que regulan el ciclo hidrológico y atenta contra los principios constitucionales que instan a la garantía de un ambiente sano.

En este contexto, la combinación de las políticas minero-energética, de restitución de tierras y agraria han ocasionado una crisis en el sector rural que se expresa también en diferentes sectores de la estructura social y económica colombiana, que se convierte en elemento de agudización del conflicto social, político y económico y se suma a la ya precaria situación del agro y la tenencia de la tierra en Colombia.

Los Tratados de Libre Comercio y la agudización del conflicto social.

La estructura productiva de Colombia se ha basado históricamente en la producción de bienes primarios, principalmente para la exportación. En ese sentido, los productos que tradicionalmente impulsaron la economía colombiana eran el café y sus derivados, mayor producto de exportación hasta los años 90. Igualmente, la producción para la exportación de petróleo, carbón y banano ocuparon un lugar central en la matriz productiva del país.

Si bien se presentó un desarrollo de industria manufacturera y de industria liviana entre los años 50 y 80, ligado a las élites productoras de café, el crecimiento de la producción industrial se detuvo a partir de los años 90, con la implantación de políticas de liberalización comercial, que ocasionaron un proceso de desindustrialización, con el consecuente deterioro de las condiciones de trabajo e incremento del desempleo y la mayor dependencia del mercado interno frente a las importaciones tanto de bienes de capital como de consumo.

Así, la década del 2000 culminó con una economía reprimarizada, entendida como una nueva explosión de la agricultura exportadora de recursos naturales usando mano de obra barata, lo que intensificaba los problemas sociales y la desigualdad históricos. En este contexto, el gobierno de Álvaro Uribe, y posteriormente de Juan Manuel Santos, negoció TLCs con diferentes bloques de países, en los que la regla general fue la asimetría entre las economías de los países. Negoció, por ejemplo con Estados Unidos, Canadá, EFTA y la Unión Europea, y actualmente está negociando, entre otros, con la Alianza del Pacífico, Corea del Sur e Israel.

Un año después de la implementación del TLC con Estados Unidos y dos años después de la del acuerdo con Canadá, es posible identificar algunos de los perdedores del modelo que se impulsa a través de estos acuerdos. Son precisamente quienes han iniciado una de las más grandes protestas en las dos últimas décadas en Colombia, bajo la denominación de Paro Nacional Agrario y popular.

Las semillas y El Paro Nacional Agrario

A pesar de que se presentaba el TLC como la oportunidad para incrementar las exportaciones de bienes agrícolas que tradicionalmente se habían producido en el país, el sector rural se enfrenta a una de las mayores crisis en los últimos años, ante el incremento de las importaciones de productos agrícolas a bajos precios, generando una situación de desigualdad y desequilibrio en la cual no puede competir la producción nacional. Los productores de café, papa, frutas, leche, arroz y hortalizas han sido los más afectados. Se trata de productos esenciales en la canasta colombiana, lo que implica que hay cada vez una mayor dependencia del comercio exterior para garantizar la provisión de comida en el país.

Uno de los temas más polémicos en la negociación de los TLCs en Colombia está relacionado con las llamadas medidas sanitarias y fitosanitarias, que reglamentan las condiciones de salubridad para la producción y exportación de bienes agrícolas. En seguimiento a los acuerdos en esta materia, el gobierno nacional promovió el decreto 9.70 que reglamenta el uso de semillas y prohíbe la reutilización de las provenientes de cosechas anteriores por parte de las y los agricultores, y los obliga a comprar semillas certificadas (normalmente producidas por corporaciones agroindustriales), con sanciones que pueden llegar a la privación de la libertad para quienes incumplan dicha ley.

La ley 970.

POR GRAIN

Según los TLC firmados con Washington y con Bruselas, Colombia debe impulsar derechos monopólicos legales sobre las semillas que venden las corporaciones estadounidenses y europeas, como incentivo para que estas corporaciones inviertan en el país. Los campesinos y campesinas a quienes se sorprenda vendiendo semillas guardadas de variedades protegidas, o incluso semillas nativas que no hayan sido registradas formalmente, podrían enfrentar multas e incluso penas en la cárcel. Al igual que ocurre en muchos otros países del mundo, criminalizar por guardar, intercambiar y vender sus propias semillas pone en grave riesgo la biodiversidad y el patrimonio cultural del país.

Y aunque lo cierto es que el gobierno colombiano lleva varios años moviéndose en esta dirección, y accedió a dichas políticas como parte de su membresía en la Comunidad Andina o en la Organización Mundial de Comercio, muchas personas señalan que es sólo a partir de la firma de los tratados con Estados Unidos y la Unión Europea que el gobierno emprendió una implementación seria de tales políticas.

En 2011, las autoridades colombianas asaltaron las bodegas y los camiones de los productores arroceros de Campoalegre, en la provincia de Huila, y destruyeron con violencia 70 toneladas de arroz que se decía que no había sido procesado de acuerdo con las normas. La intervención militar para destruir semillas campesinas sorprendió a muchisima gente e inspiró a la joven activista Victoria Solano a realizar un film al respecto. La película se intitula “9.70” porque ése es el número de la ley adoptada en 2010 que articula el “derecho del Estado a destruir las semillas de los campesinos que no cumplen con las disposiciones.

Hoy, gracias a la fuerza, la tenacidad y lo justo de la protesta campesina, gente de todas las vertientes que conforman Colombia están discutiendo, como puede verse en el film, los medios masivos, las redes sociales y en las calles, y se preguntan por qué el gobierno impulsa políticas tan insensatas.

Así, con la presión ciudadana el septiembre pasado, el gobierno colombiano ha anunciado la suspensión de la Resolución 970, que fue objeto de protestas públicas masivas en las últimas semanas gracias a la enorme movilización campesina que comenzó el 19 de agosto. La suspensión será por un período de dos años, y sólo se aplicará a las semillas producidas en el país (no a las importadas). El gobierno dice que va a utilizar este congelamiento de dos años para escribir nuevas normas sobre el uso de semillas “que no afectarán a los pequeños agricultores”.

Esta medida NO significa un cambio de política. Se trata de una declaración pública por parte del gobierno. La gente está esperando que se publique un documento con fuerza legal para ver que es lo que allí se plantea, y reitera el llamado a que la Resolución sea totalmente derogada.

Extracto de Movilización campesina en Colombia pone los reflectores sobre las semillas. http://www.grain.org/e/4780

Conclusiones y proyecciones.

La política de desagrarización del campo para permitir la entrada de productos extranjeros y la territorialización del capital trasnacional ha generado conflictos e impactos contundentes para la población campesina. Esto, combinado con la política minero – energética y los conflictos que genera con el despojo territorial que le es correlativa, lleva a un escenario de malestar social, de presión en los territorios, violación sistemática de los derechos y precarización de las condiciones de vida de la población étnica y campesina.

Vale la pena señalar que las movilizaciones agrarias y populares dan cuenta de un doble movimiento que se registra en la sociedad colombiana. Por una parte, la visibilización del campesinado para sectores urbanos y para capas de la sociedad que nuevamente comprenden la importancia del sector respecto a la garantía de la vida en el país. Al mismo tiempo y como la otra cara de la misma moneda, la comprensión por parte del campesinado de ser sujeto político con el derecho a defender la soberanía alimentaria, los controles territoriales que la garantizan, y con la capacidad de desplegar poder en relaciones que históricamente han sido controladas por los terratenientes, las burguesías y las élites nacionales.

Lyda Forero / Danilo Urrea

Transnational Institute / CENSAT agua Viva – FoE Colombia

PARA SABER MÁS

Documental 9.70 http://www.youtube.com/watch?v=kZWAqS-El_g

Declaración de Yvapuruvu

¡Ya viene la nueva 970 recargada! Las leyes que privatizan y controlan el uso de las semillas, criminalizan las semillas criollas. Revista Biodiversidad. http://www.grain.org/e/4821

López, Cecilia. “Los negociadores de los TLC desconocieron la situación campo”. El Tiempo, Septiembre 8 de 2013.

Mejía, Rafael. “Si no hay ajustes, podría haber problemas·. El Tiempo, Septiembre 8 de 2013.

PINEDA, Saul. “Crisis del agro: más que un asunto de TLC”. El Tiempo, Septiembre 8 de 2013.

Revista Semana. “Informe especial: así es la Colombia Rural”. 2012.

Robledo, Jorge. “El libre comercio es la causa de la crisis agraria”. El Tiempo, Septiembre 8 de 2013

Samper, Daniel. “El TLC, una tragedia anunciada”. El Tiempo, Septiembre 7 de 2013.