La crisis en el sector agrario español

LA CRISIS EN EL SECTOR AGRARIO ESPAÑOL (versión en pdf)

Eduardo Navarro y Andoni García (*)

Las movilizaciones realizadas en el Estado español por la Coordinadora de Organizaciones Agrarias y Ganaderas (COAG) y el resto de las organizaciones agrarias y las que, lideradas por La Vía Campesina se han producido en Europa, han puesto de manifiesto la incompetencia de la Comisión Europea para resolver la grave situación de crisis permanente que padecen la agricultura y la ganadería europeas, agudizada más todavía por el fracaso de la actual Política Agraria Común reformada. Políticas que definitivamente están conduciendo a un callejón sin salida a la agricultura de  pequeña escala, social y agroecológica, que se defiende bajo el paradigma de la Soberanía Alimentaria.

Las movilizaciones del 2009 fueron iniciadas por los productores y productoras de vacuno de leche y  aglutinaron en Bruselas  a ganaderos y ganaderas de hasta 8 países de la Unión Europea. Esta situación es más dramática si cabe en el Estado español donde la crisis atraviesa todos los sectores estratégicos de producción, desde el vacuno de leche y carne, a los cereales, el arroz, y el ovino caprino pasando por el porcino, las frutas y hortalizas hasta los frutos secos, las almendras y las avellanas.

Los precios que un productor o productora ha percibido en 2009 por los alimentos que pone en el mercado han sido entre un 30 y un 51% inferiores a los registrados en el 2008, mientras que para el consumidor y consumidora sólo han experimentado una leve rebaja de entre el 2,4 y el 6 %  sobre el precio final de un año a otro. Así tenemos que el diferencial de precios entre origen y destino se ha colocado en un escandaloso 500% superando en muchos casos  el  900%: por ejemplo el 982% en la coliflor, el 925% en la alcachofa, el 1225% en la zanahoria, el 720% en la berenjena, el 1400% de la patata y así podríamos seguir. En cuanto a los productos ganaderos, la carne de cerdo eleva sus márgenes comerciales al 566% y en la carne de vacuno encontramos una diferencia entre la granja y la venta al público del 442%. Vamos, que entre el campo y la mesa muchos productos multiplican por 10 su precio.

Además es preciso incidir en otro dato que, junto al anterior, expone más si cabe la sombría situación del campo. En 2009 la cifra de parados ascendió a 192.000 personas en el sector, un 30% más que en 2008. Esta evolución del paro agrario no afecta sólo a las personas que se dedican profesionalmente a la agricultura y la ganadería sino que tiene un impacto dramático en el conjunto de la economía del medio rural.

Este escenario ha sido un caldo de cultivo tan perjudicial que desembocó en un Paro General en todo el sector agrario y en el medio rural los pasados 20 y 21 de noviembre de 2009. Para COAG, el gran seguimiento de las movilizaciones y las adhesiones y apoyo recibido por parte de toda la sociedad,  de muchas organizaciones sociales, ONG, ecologistas, organizaciones de consumidores, también de muchos ayuntamientos etc. supone un éxito muy importante. Es también el resultado del trabajo de este sindicato, junto con otros actores desde muchos meses atrás, de trabajar  por la unidad de acción que al final se consiguió. Miles y miles de agricultores y agricultoras, campesinos y campesinas, jóvenes, etc. se concentraron en Madrid el día 21 para exigirle al gobierno la consideración del sector agrario como sector estratégico responsable de la producción de los alimentos y para exigirle que la crisis por la que atravesamos sea considerada crisis de Estado y por lo tanto respondan ante ella.

En un país de larga tradición agraria y rural, el progreso hacia una sociedad cada vez más igualitaria y avanzada, debe pasar irrenunciablemente por el respeto y el apoyo a los más de 7.000 municipios rurales que ocupan el 80% del territorio y albergan al 25% de la población: más de 10 millones de personas. Nos encontramos pues ante un sector estratégico para la sociedad española y es necesario que el Gobierno adopte una serie de medidas que garanticen tal condición, teniendo claro que, en un sector primario como el agrario, las inversiones y los apoyos públicos tienen un efecto multiplicador tanto en la actividad económica como en la generación de empleo. En los últimos años (2003-2008) los datos de evolución de la renta agraria total se han contraído hasta un 26% lo que, sumado a los factores que hemos analizado, nos da una buena medida de la situación de grave crisis que atraviesa el sector agrícola en la actualidad. (Ver análisis por sectores agrarios)

La agricultura y la ganadería están sufriendo en estos momentos las consecuencias de las políticas neoliberales implementadas en Europa tras la reforma de la PAC. El gran paradigma de esa reforma en 2003 puede resumirse en una frase: «No importa dejar de producir en Europa porque nos podemos abastecer a precios más baratos en países terceros», pero ha resultado completamente falso, erróneo y peligroso para los productores, productoras y las personas consumidoras.

La agricultura, decíamos, debe de ser considerada como un sector estratégico, imprescindible también para una adecuada gestión y ordenación del territorio, la conservación del paisaje, el cuidado del medioambiente y la tarea más importante que la sociedad encomienda a sus agricultores y ganaderos: la producción de alimentos de calidad que deben ser la base de la alimentación.

La agricultura y la alimentación han tenido que enfrentarse a numerosos cambios motivados por factores como la globalización, la apertura de fronteras, la reformulación de diferentes políticas agrarias, las nuevas exigencias medioambientales, etc. Durante el año 2008, el rápido incremento de los precios de las materias primas agrarias en los mercados, fomentado por la especulación, provocó un serio desequilibrio en el sector generando inestabilidad e incertidumbres. Esta situación se agravó durante el 2009 debido al descenso de los precios de los productos agrarios, el incremento de los costes de producción y a la fuerte crisis económica que están enfrentando el conjunto de sectores de nuestra economía. La creciente liberalización del mercado mundial y la continua desregulación de los mercados agroalimentarios mediante la eliminación de mecanismos de control de la producción, como los aranceles o las políticas de precios públicos, están configurando un entorno en el que la agricultura familiar y campesina no puede resistir más  y el abandono de la actividad agraria es cada vez más frecuente y acuciante.

Además, estas políticas se ponen al servicio de un comercio de productos agroalimentarios especulativo que se está desarrollando sin ninguna transparencia, sin ninguna democracia y con una preocupante concentración de poder en manos de las grandes multinacionales de la distribución agroalimentaria.

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«Las grandes cadenas de distribución se han apoderado del 80% de todas las compras que se realizan en el Estado español, provocando el cierre de los pequeños comercios a un ritmo de 11 establecimientos diarios. Con tan absoluto control, los ‘supermercadísimos’ se permiten el lujo de presionar a la agroindustria –si hace falta saliendo a las estanterías con marcas blancas– para obtener precios más bajos, que ésta traslada hacia los productores y productoras con los resultados que ya hemos visto».

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La continua desaparición de explotaciones del modelo social de agricultura y los altos precios que paga el consumidor en contraposición a los bajos honorarios que recibe el agricultor por su trabajo están en la base del problema. Por eso desde los movimientos campesinos se insta al gobierno español y al de la Unión Europea a tomar medidas políticas orientadas hacia un nuevo marco basado en la Soberanía Alimentaría de los pueblos, la sostenibilidad y las necesidades reales de las y los agricultores y  consumidores.

El Estado español debe renovar su apuesta estratégica por la agricultura garantizando al máximo el autoabastecimiento alimentario. Los agricultores y las agricultoras, los ganaderos y las ganaderas deben ver su labor reconocida y valorada a través de unos precios justos para sus productos lo que hace imprescindible desarrollar prácticas de estabilización y transparencia de los mercados y apostar por una ley que defienda un modelo de agricultura social sostenible y viable económicamente, un modelo de agricultura que genere empleo y que ayude al equilibrado asentamiento de la población en el medio rural.

En resumen, si los Gobiernos español y de la Unión Europea son capaces de recuperar la capacidad política en las decisiones sobre la agricultura y la alimentación, si son capaces de defender la Soberanía Alimentaria y apostar por otra política agraria a favor de los y las agricultores/as y de los y las consumidores/as y sociedad en general, si son capaces de  frenar y cerrar las puertas a los intereses de las grandes multinacionales de la agro exportación y de los agronegocios, empezaremos a ver la luz en el problema del mantenimiento de la actividad campesina, en afrontar la grave crisis alimentaria a nivel mundial, la erradicación del hambre, el cambio climático y la dignidad del medio rural y sus habitantes. En definitiva Europa estaría respondiendo con responsabilidad ante los graves problemas que hoy tenemos no sólo los campesinos y campesinas sino toda la población en el planeta.

(*) Eduardo Navarro de Fundación Agricultura Viva-COAG y Andoni García de la Comisión Ejecutiva de COAG

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