Lucha por la igualdad de género en el movimiento campesino internacional de La Vía Campesina

Lucha por la igualdad de género en el movimiento campesino internacional de La Vía Campesina (versión en pdf)

Fanny García Forés (*)

Juana, como otras tantas mujeres del campo, se levanta todas las mañanas antes del amanecer para preparar los alimentos de su familia. Mientras él se va para la chacra a realizar el trabajo duro del campo, ése que las mujeres no pueden hacer, ése que le da un estatus en la comunidad, ella, cargando sobre su espalda a su hija menor, continúa con las labores del hogar. Por la tarde, después de dar el almuerzo a los y las niñas, se encarga de los animales y luego sale a la chacra a compartir las labores del campo. Por la noche, su esposo se reúne con el resto de hombres de la comunidad, un espacio en el que ella no puede participar porque debe continuar con las labores domésticas, le toca preparar la cena y seguir cuidando de sus hijos e hijas. Alguna vez, quiso participar y hasta se unió con otras mujeres de la comunidad para reivindicar su espacio en la toma de decisiones de la comunidad. Pero no sirvió de nada. El miedo pudo con ellas, miedo al maltrato, miedo a la humillación, miedo a equivocarse. Miedo unido a una baja autoestima que se colaba en sus entrañas como un eco repitiendo lo que los hombres les decían: ellas no saben, ellas no pueden.

Juana vive en el campo, alejada de todo. No sabe leer ni escribir, se comunica en su lengua originaria, carece de cédula de identidad, no es dueña de las tierras en las que habita, siembra y cosecha, no cuenta con los servicios básicos, ni siquiera obtiene reconocimiento por su trabajo. Juana no lo sabe pero lo intuye: no disfruta de buena parte de sus derechos humanos.

Esta situación refleja la realidad de quienes, como Juana, se ven sumidas en un mar de obligaciones, cumpliendo las tareas productivas y reproductivas, pero excluidas de los espacios políticos, relegadas en la toma de decisiones, privadas de autonomía, ajenas a su condición de ciudadanas sujetas de derechos, ante la indiferencia de la sociedad y de los estados que no apuestan por una transformación real que revierta la subordinación de las mujeres.

¿Cómo podría Juana valorarse en una sociedad que le dice que no vale, no puede, no sabe? ¿Cómo alcanzar su propia autonomía para ser dueña de su vida cuando todo lo que ha escuchado desde su infancia es que la palabra de los hombres es la que cuenta, porque son ellos los dueños de lo que le rodea, los que tienen educación y prestigio, los que deciden y controlan los recursos productivos?

Aunque las mujeres soportan dobles y triples cargas de trabajo, asumiendo el trabajo gratuito del hogar,  así como el trabajo productivo, no cuentan con el reconocimiento de su  labor, que permanece casi invisible, como una característica de la sociedad patriarcal. ¿Dónde queda entonces su ejercicio de la ciudadanía?,  ¿por dónde empezar?

Este artículo pretende de ser un reconocimiento al trabajo iniciado desde el movimiento internacional de La Vía Campesina. Un reconocimiento a que la lucha por la Soberanía Alimentaria sea intrínseca a la lucha por la justicia social y la igualdad entre sexos. Una lucha que  propone una transformación real al orden establecido, un orden patriarcal y capitalista que excluye a la mayor parte de la población, convirtiendo a las mujeres del campo en las más pobres de entre las pobres.

Desde su creación formal en 1993, La Vía Campesina ha crecido, se ha fortalecido y ha logrado colocar al movimiento campesino en el centro de las luchas populares pero ¿qué ha pasado con las mujeres campesinas? ¿Existen demandas de género dentro de La Vía Campesina? ¿Cómo se han ido gestando estas demandas? Dentro de La Vía Campesina, se han definido algunas estrategias de género, tanto a nivel orgánico como político, a fin de ir construyendo el paradigma de la Soberanía Alimentaria sobre las bases de la igualdad entre hombres y mujeres. Para facilitar el análisis, podemos distinguir dos niveles en la estrategia de género de La Vía Campesina: un nivel de estructura y organización y otro discursivo y político. Ambos se complementan y en realidad el primero no sólo es el instrumento del segundo, sino que también refleja el proceso de participación necesario para poder formular, presentar y defender cualquier tipo de demanda.

A nivel de estructura y organización

La estrategia de género se está construyendo a partir de la Comisión Internacional de Mujeres que tiene representación de cada una de las regiones de La Vía Campesina (a través de las Coordinadoras Regionales de mujeres) y se reúne antes de las reuniones de la Comisión Coordinadora Internacional, esto es, cuatro veces al año. Entre otras funciones, esta comisión debe velar por la aplicación de la participación igualitaria de hombres y mujeres en todas las instancias de La Vía Campesina. Sin duda, que este espacio propio creado por y para las mujeres ha contribuido al desarrollo y reivindicación de demandas específicas de las mujeres, y no sólo al apoyo a las demandas comunes.

Hasta la fecha se han organizado múltiples encuentros regionales de las mujeres campesinas, un congreso mundial de las mujeres celebrado en Galicia en 2006 y tres asambleas de mujeres que coinciden con las conferencias internacionales de La Vía Campesina.

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Compromisos en pro de la igualdad y los Derechos Humanos de las mujeres campesinas definidos en la I Asamblea Internacional de Mujeres, de La Vía Campesina, celebrada en Bangalore (India) el año 2000:

  • garantizar la participación de las mujeres en la toma de decisiones, en la familia, comunidades y organizaciones;
  • poner fin a los abusos físicos y sexuales que sufren las mujeres y niñas del campo, sobre todo en sus hogares;
  • favorecer el acceso a la tierra de las mujeres y a servicios de salud apropiados;
  • reivindicar el reconocimiento del rol de las mujeres en la preservación y mejora de la biodiversidad y la oposición al robo corporativo y las patentes de los recursos genéticos;
  • reclamar la igualdad en el trabajo agrícola asalariado, tanto a nivel salarial como del trato que reciben las mujeres, que en muchas ocasiones son acosadas y víctimas de daños físicos y psicológicos.

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Dentro de las alianzas de La Vía Campesina con otros movimientos sociales, cabe destacar en el marco de su estrategia de género, el acercamiento al movimiento feminista internacional de la Marcha Mundial de Mujeres.

Las mujeres de La Vía Campesina reconocen que uno de los obstáculos que aún persiste a este nivel de estructura y organización, es la cultura machista que permea a sus propias organizaciones campesinas. Y explican que uno de los desafíos más importantes es poner en la agenda de éstas organizaciones los temas de género e incluso replicar algunas experiencias del movimiento internacional en los niveles internos de sus organizaciones. Así Josie Riffaud, de la Confédération Paysanne de Francia, comenta que fue fundamental la decisión de la paridad en La Vía Campesina, pues favoreció que en su organización pudieran aplicar también esta medida.

A nivel político y discursivo

En el discurso de La Vía Campesina ha calado muy profundamente la relación entre el capitalismo y el patriarcado. Siendo que la Soberanía Alimentaria se plantea como un sistema contrapuesto y alternativo al capitalismo, uno de los retos más importantes de La Vía Campesina es que al construir el paradigma de la Soberanía Alimentaria se superen las desigualdades de género. Y ahí las mujeres tienen mucho que decir.

Según la dirigenta campesina de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas de Chile (ANAMURI), Francisca Rodríguez, «la Soberanía Alimentaria se trata más bien de un principio, de una ética de vida, de una manera de ver el mundo y construirlo sobre bases de justicia e igualdad. Para las mujeres campesinas este concepto es consubstancial a su propia existencia y definición social, pues su universo ha sido históricamente construido, en gran parte, en torno al proceso creativo de la producción alimentaria». Su reto actual, en palabras de Lidia Senra, del Sindicato Labrego Galego, es «hacer que al construir esta propuesta, queden atrás los prejuicios sexistas y que esta nueva visión del mundo incluya a las mujeres, las reivindique y les permita la opción de ser campesinas en pie de igualdad».

Una parte importante de su discurso se sustenta en el reconocimiento y valoración de la contribución de las mujeres en el proceso de creación y pervivencia de los modelos campesinos que son la base para la Soberanía Alimentaria.  Para alimentar a la humanidad, las mujeres han desarrollado complejos mecanismos de producción, procesamiento, distribución, pero además han enfrentado las relaciones desiguales que resultan de su rol reproductivo, del trabajo doméstico gratuito, de los cuidados familiares, resultantes de conocimientos multidisciplinarios que, aún en condiciones de extrema pobreza, generan calidad de vida y permiten el funcionamiento y la reproducción de las sociedades.

Adicionalmente, las mujeres campesinas, desde el trabajo principalmente informal, redoblan de ingenio para, a través de pequeñas iniciativas vinculadas principalmente a la agricultura, la producción, transformación y venta de alimentos o de artesanía, obtener recursos económicos, por lo general invertidos en el bienestar familiar.

Por eso, la agenda reivindicativa de las mujeres de La Vía Campesina asocia la justicia de género con el desarrollo de la propuesta de la Soberanía Alimentaria, no sólo en consideración del importante papel que ellas juegan en la materia, sino porque ellas la conciben como una ética para el desarrollo humano de los pueblos en igualdad. Al colocar al centro de sus reivindicaciones el Derecho Humano a la Alimentación, las campesinas abogan por la reorientación de las políticas alimentarias en función de los intereses de los pueblos, lo que apela a la refundación de valores colectivos y la revalorización de cosmovisiones integrales. Para encaminar este propósito, ellas enfatizan en la reivindicación de la igualdad de género en el conjunto del planeamiento y toma de decisiones relacionadas con la alimentación, lo que incluye su participación en los diseños estratégicos para la preservación de las semillas y otros conocimientos.

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Durante la III Asamblea Internacional de Mujeres de La Vía Campesina celebrada en octubre de 2008 en Mozambique, se lanzó la Campaña contra la Violencia hacia las Mujeres, como acción mundial para combatir las diferentes formas de violencia que enfrentan las mujeres campesinas (económica, física, verbal, sexual, psicológica) y presionar a los gobiernos para que cumplan los acuerdos, convenios, y tratados internacionales sobre el tema. La violencia hacia las mujeres es considerada estructural a los sistemas de dominación capitalista y patriarcal, siendo un instrumento de control, apropiación y explotación de la vida, cuerpo y sexualidad de las mujeres. También se denuncia la división sexual del trabajo y su relación con el capitalismo neoliberal, que expulsa a las mujeres de sus tierras para usarlas como mano de obra barata en sectores de producción controlados por las transnacionales (agronegocios, maquilas o turismo sexual).

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La valoración de los conocimientos de las mujeres en la agricultura, la alimentación y la gestión de la vida, implica la transformación de los estereotipos generados por el capitalismo y el patriarcado, para que ellas puedan, al fin, alcanzar su calidad de sujetos políticos y sociales. Para lograrlo, como señala el manifiesto sobre Soberanía Alimentaria de la Marcha Mundial de las Mujeres, «el camino es reconocer que la sustentabilidad de la vida humana, en la cual la alimentación es una parte fundamental, debe estar en el centro de la economía y de la organización de la sociedad».

Uno de los principales problemas que se identifican para alcanzar la igualdad real es la división sexual del trabajo, que supone una sobrecarga en la vida de las mujeres campesinas y les impide participar activamente en pie de igualdad en la vida organizativa. Según Juana Ferrer, dirigenta de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas de República Dominicana (CONAMUCA) aún persisten muchas limitaciones que frenan la participación y la toma de decisiones de las mujeres campesinas, tanto en el seno de La Vía Campesina como en otros espacios de lucha y resistencia. Estas limitaciones se ven agravadas por la privatización de los servicios públicos, que aumentan la sobrecarga de las mujeres puesto que históricamente son las que se ocupan de las labores domésticas.

El reto emprendido por las mujeres de La Vía Campesina es de gran envergadura, pues la formulación de una perspectiva de género para la Soberanía Alimentaria es algo relativamente nuevo. Las voces de las mujeres campesinas pocas veces se han integrado en la teoría feminista. El feminismo tendría entonces la necesidad de integrar en su discurso crítico hacia el modelo capitalista neoliberal la visión de las mujeres del campo. Y en este proceso el papel de las mujeres de La Vía Campesina debería ser principal para que al construir, desde las alianzas con los movimientos feministas y otros movimientos sociales, alternativas al modelo de desarrollo que emana del capitalismo neoliberal, como la Soberanía Alimentaria, se tenga como uno de sus ejes centrales la desigualdad de géneros.

En este camino, que no ha hecho más que empezar, las mujeres de La Vía Campesina están realizando una contribución valiosa y necesaria al feminismo. Posiblemente, entre los retos pendientes y más importantes que sigue teniendo La Vía Campesina están la transformación de la cultura machista que permea a las propias organizaciones integrantes; la superación de las brechas entre el discurso y la práctica en la implementación de las estrategias de género;  el reforzamiento de los lazos entre las mujeres campesinas para lograr la puesta en marcha de los planes de acción a favor de la construcción de la autonomía de las mujeres; y el fortalecimiento de sus alianzas con el movimiento feminista y especialmente la Marcha Mundial de las Mujeres para seguir aportando a la teoría feminista desde la visión de las mujeres del campo.

(*) Fanny García Forés es autora del documento “Los principales ejes del concepto de soberanía alimentaria: Género y Soberanía Alimentaria” facilitado para el curso ‘Soberanía Alimentaria’ del Grupo de Investigación de Agricultura, Ganadería y Alimentación en la Globalización de la Universitat Autònoma de Barcelona.

PARA SABER MÁS

www.viacampesina.org: Página  de LVC donde se pueden consultar todas sus resoluciones, declaraciones y  noticias.

www.marchamundialdelasmujeres.org: Página de la MMM donde se pueden consultar todas sus resoluciones, declaraciones y noticias.

www.soberaniaalimentariaygenero.blogspot.com: Grupo de Sevilla, que aglutina varias organizaciones para debatir sobre género y Soberanía Alimentaria.

www.pangea.org/epueblos/salimentaria/pairoses/pag/castella_m.htm: Página de Entrepueblos con material sobre género y Soberanía Alimentaria.