EL EUFEMISMO DEL BIEN COMÚN.

La resistencia campesina frente a la especulación urbanística

La alcaldesa de Zamora, Rosa Valdeón, frente a las reclamaciones de la plataforma nacida para preservar la vega agraria periurbana de Villagodio de la construcción de un polígono industrial, se encastilló en su postura y reiteró que la protesta «ha demostrado que lo que se quiere presentar como una inquietud social es en realidad el intento de determinados grupos políticos y organizaciones de paralizar otro proyecto más para la ciudad». Concluyó que «los propietarios de esos terrenos tendrán lo que les corresponda, pero los derechos de tres personas no pueden entorpecer el bien común». Este eufemismo –el bien común- es el parapeto habitual utilizado por muchas administraciones para sacar adelante proyectos de todo tipo que priman un modelo de sociedad industrial y consumidora frente a un modelo rural más sobrio y responsable con la gestión de los recursos de la tierra.

El conflicto:

Villagodio es una fértil vega de regadío de 900 hectáreas en la Vega del Duero y un barrio agrario de Zamora donde se asienta un desarrollo agropecuario pujante con 21 agricultores y agricultoras menores de 40 años, 7.400 ovejas y un proyecto de modernización del regadío en marcha. Se realiza una agricultura  de tipo continental: maíz, alfalfa, cereales, remolacha, patata, girasol y colza. Pero en este mismo territorio,  la administración local y autonómica pretenden construir una gran zona industrial ocupando unas 175 hectáreas del mismo y, lógicamente, desplazando y desarticulando varias unidades campesinas.

La gran mayoría de las y los agricultores que allí mantienen su trabajo se oponen al proyecto y aunque no todos son propietarios de las tierras, muchos de los propietarios que viven ajenos a la actividad agraria, tampoco comparten el destino que se le pretende dar a la tierra. Este grupo de propietarios se ha mostrado muy activo en el fenómeno de contestación social, con una postura muy digna y de alguna forma reveladora de una sensibilidad ambiental profunda: la tierra como legado a preservar.

Lo paradigmático de este enfrentamiento es que la lucha por un desarrollo meramente industrial o un desarrollo que contemple también la agricultura, tiene una solución válida para las dos posturas, pues como explican desde la Plataforma de defensa de Villagodio, existe un proyecto urbanístico previo que instalaba el polígono en unos terrenos que  carecen de valor agrario o ambiental, y están distantes del núcleo urbano. La alternativa pasa por la ampliación del polígono de los Llanos, al oeste de la ciudad, y supondría una menor inversión de dinero público pues buena parte de las infraestructuras ya están construidas.

La administración local insiste en un desarrollo de la ciudad dependiente del desarrollo urbanístico: del ladrillo en detrimento del medio rural. El Plan General de Ordenación urbanística, embebido por la llegada del AVE, prevé una ciudad de 166.000 habitantes frente a los 65.000 actuales, y aunque en Zamora existen más de cinco mil viviendas vacías, se prevé construir otras ¡40.000 viviendas!

Es precisamente en este mundo de especulación urbanística dónde más necesario es preservar los espacios agrarios.  Como la mayoría de las ciudades, Zamora ha perdido buena parte del paisaje agrario en las zonas periurbanas pero por fortuna aún conserva un paisaje agrario muy interesante en sus flancos este y sur-este, en torno a la Vega del Río Duero.  Este territorio agrario proporciona a la ciudad ventajas que habría que poner valor: limita el urbanismo impidiendo que éste fagocite el territorio y su naturaleza, evita la aparición de  los denominados “espacios de borde” o  zonas marginales de transición, se proporciona a la ciudad una imagen verde y se cuenta con alimentos de la zona.

La Plataforma denuncia como todos los principios de sostenibilidad ambiental que la Administración dice defender se traicionan a favor de intereses especulativos. Los proyectos que defienden la construcción del polígono están llenos de palabras grandilocuentes para justificar lo injustificable, con unos informes ambientales totalmente sesgados y tendenciosos.   A los  gestores públicos se les llena la boca con el desarrollo rural, la despoblación, el medio ambiente, la alimentación,…. sin embargo después los hechos van por otro lado.

La contestación social:

El Proyecto carece del más mínimo consenso social.  En un primer momento las personas afectadas y usuarias de la tierra agraria organizaron la Asociación para el Desarrollo Sostenible de Villagodio., que más tarde promovió la Plataforma para el Mantenimiento del Desarrollo Agropecuario de Zamora., que tiene como finalidad la proteger los espacios agrarios de la ciudad, y en concreto el regadío de Villagodio.  Actualmente existe un gran número de asociaciones adheridas: las tres organizaciones agrarias, la cámara agraria provincial, comunidades de regantes,  algunos partidos políticos, muchas ONG y –lo que revela creciente sensibilidad al respecto- muchas asociaciones de consumidores y de vecinos. Este apoyo ha sido y es trascendental, porque como todo hecho de exclusión social hacia imprescindible un apoyo ciudadano amplio para que adquiriese cierta notoriedad.

A pesar de que pareciera que hemos anulado nuestros sentidos y hemos des-aprendido a escuchar y mirar la tierra, el ejemplo de lucha en Villagodio, demuestra que hay una fuerte resistencia al urbanismo incontrolado devorador y contaminador del territorio. Eso que llaman, también eufemísticamente, progreso y avance o innovación.