La Dulce Revolución

Teniendo como buque insignia el cultivo y distribución de una planta tan dulce como la ‘stevia’, desde abril de 2009 trabaja en Lleida la asociación Dulce Revolución de las Plantas Medicinales, que pretende recuperar el uso y conocimiento de las plantas medicinales a través de su difusión y utilización directa. Campesinas y campesinos cultivando plantas medicinales son una hermosa contribución a la salud colectiva, a la biodiversidad y a la preservación de muchos saberes.

Todo empezó por el compromiso y motivación de Josep Pàmies, payés reconvertido de la agricultura industrial, incansable luchador antitransgénicos y agitador de conciencias. Josep seguía la pista del aspartamo, (un edulcorante artificial muy utilizado) lo cual significaba seguir la pista a Monsanto, una de las principales compañías productoras de transgénicos y herbicidas y que tiene en su historial otras “perlas” como el terrible Agente Naranja, utilizado en la guerra del Vietnam, con efectos que aún hoy se manifiesta. Monsanto -observó Josep- había sido la propietaria durante muchos años de la patente del aspartamo. Pero también Josep localizó una asociación de diabéticos americanos que denunciaban la muerte de sus hijos e hijas por haber tomado en exceso Coca-cola light (endulzada con aspartamo).

El aspartamo, cuyo uso es absolutamente legal en Europa y EEUU, es un potente neurotóxico, que ingerido en cantidades importantes o bien acumulado en el organismo, además de ser carcinogénico (según concluyen  estudios científicos como el del Centro de Investigación del Cáncer Cesare de Maltoni de la Fundación Europea Ramazzini de Oncología y Ciencias Ambientales, publicado en Environmental Health Perspectives), es actualmente el edulcorante más utilizado para sustituir al azúcar en bebidas gaseosas, zumos, chicles, etc., debido a sus bajos costes de producción desde que la patente expiró.

En países como Japón, donde el aspartamo está prohibido por dichos efectos tóxicos, se obligó, hace más de veinte años, a la empresa Coca-cola a sustituir el aspartamo con el que endulzaba su bebida light con stevia, una planta con capacidad edulcorante. Así que desde entonces, Josep, está cultivando e investigando sobre la stevia, sus propiedades y los oscuros intereses económicos que se esconden detrás de su llamativa no aprobación, precisamente en los EEUU y Europa.

 

La stevia

La Stevia rebaudiana es una planta procedente de Paraguay, utilizada por la población indígena desde hace siglos, por su potente poder endulzante que le da un glucósido: el rebaudósido. Pero, además, la stevia contiene otro glucósido, el esteviósido, que tiene propiedades reguladoras de la glucosa en sangre y funciona como  hipoglucemiante. Por esta razón es sumamente útil en personas con diabetes, sobretodo en las tipo II, en las que, tratadas con infusiones de esta planta, a menudo se puede reducir la dosis de medicación. En las personas con diabetes tipo I (insulinodependientes) también es muy útil, puesto que ayuda a evitar las crisis hipoglucémicas. Existen diversos estudios científicos que avalan estas propiedades y su inocuidad, por ejemplo el de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca. También tiene importantes propiedades hipotensoras, así como antibacterianas, diuréticas y antioxidantes.

A pesar de sus interesantes propiedades, o quizá sería mejor decir a causa de sus interesantes propiedades, la stevia no está aprobada en España, EEUU y Europa en general, aunque en Alemania su uso es tolerado. Más concretamente, como no está aprobado el uso de  la stevia como planta medicinal, ni como aditivo alimentario, no puede venderse como tal. Únicamente es legal venderla como planta ornamental. Pàmies ya fue expedientado por vender planta seca y la planta viva indicando sus propiedades.

De todo este despropósito, al constatar en qué situación se encuentran plantas de gran utilidad como la stevia, pero difíciles de conseguir, surgió la necesidad de crear una asociación que facilite el acceso a estas plantas a todas aquellas personas que quieran utilizarlas.

Más allá de la stevia

Detrás del trabajo de la Asociación  existe la vocación de colaborar en un cambio de mentalidad profundo sobre la implicación personal en nuestra propia salud. Queremos animar a la gente a que cultive en sus huertos, terrazas, balcones y ventanas todo tipo de plantas medicinales, a que las conozcan, cuiden y, por supuesto, utilicen, recuperando soberanía respecto a modelos sanitarios trazados y tratados, muchas veces, como el mejor negocio para las multinacionales farmacéuticas. Las plantas que cultivamos, son seres vivos que interaccionan con el ser humano, y de este intercambio, ambos podemos salir obtener beneficios, sin necesidad de entender –también a las plantas medicinales- como una mercancía comercial, y de lucro.

Por ello  entendemos que son importantes mecanismos y trabajo para recuperar los conocimientos sobre plantas medicinales y sus usos que tienen algunas personas mayores de nuestros pueblos y que sin ellas, toda esa sabiduría desaparecería. Estos conocimientos han sido desprestigiados y olvidados durante años y pensamos que es el momento de recuperarlos. Esta sabiduría popular es un patrimonio colectivo cultural y social, de un alto valor medicinal, también aplicable a la sociedad del siglo XXI, que no podemos permitirnos el lujo de perder. Como nosotras y nosotros decimos, hay que localizar a estas personas, verdaderas “catedráticas de la naturaleza”.

Para extender el cultivo de todas estas plantas, desde la asociación se ha creado una red de cultivadores y cultivadoras  que faciliten que las personas que quieran conseguir este tipo de plantas ‘censuradas’, tengan puntos de distribución más cercanos a su lugar de residencia y que pueda dirigirse directamente a ellos. Cuanto mayor sea la red de personas que cultivamos y distribuimos estas plantas, también, más complicado será castigar nuestra actividad, hoy por hoy, alegal.

Pensamos que ha llegado la hora de tomar consciencia de nosotros mismos y de hacernos responsables de nuestra propia salud y de nuestra propia alimentación. No podemos cerrar los ojos y dejar en manos de la industria farmacéutica, cuyo objetivo principal es el máximo beneficio, algo tan importante como nuestra salud.

Basta de delegar en otros nuestra responsabilidad: hemos de informarnos, implicarnos, reflexionar, exigir,…y tenemos aquí otra oportunidad inmejorable para acercar y afianzar una nueva relación –directa y de confianzas mutuas, entre campo y ciudad, entre cultivadores/as y el completo de la ciudadanía.