Pig Business, un documental para actuar.

SINOPSIS

Hace cuatro años, la experimentada activista, ecologista y madre de tres hijos, Tracy Worcester, se propuso descubrir quién pagaba el precio real de la carne de cerdo barata que se importaba a los supermercados británicos. De este modo, documentó su investigación sobre la ganadería intensiva y el impacto que tiene en la calidad de nuestra alimentación, en el medioambiente y en el bienestar y la salud de las comunidades agrarias. Pig Business  se infiltra en explotaciones ganaderas en América y Europa, en concreto en Polonia, y se enfrenta a la mayor empresa mundial del negocio porcino.

El documental muestra cómo estas gigantescas fábricas cárnicas maltratan a los animales hacinándolos en naves, llevan a las y los pequeños ganaderos a la quiebra y polucionan el agua y el aire poniendo en peligro la salud de los residentes locales y de los consumidores.

Los contribuyentes de la UE, denuncia el documental, han ayudado sin saberlo a que el mayor productor de porcino del mundo, Smithfield Foods, se establezca en Polonia. Esta empresa utiliza métodos de ganadería intensiva que han sido fuertemente criticados. Según informa su página web controla el 37% de la empresa española Campofrío.

Puedes ver el documental en http://www.pigbusiness.co.uk/the_film/

El Coste Desconocido de la Ganadería Intensiva

por Tracy Worcester (*)

El día 9 de Febrero de 2011, en Bruselas, Pig Business organizó un evento en el Parlamento Europeo al que asistieron más de 280 personas entre europarlamentarios, funcionarios de la Comisión y del Consejo de la UE, representantes de ONG y de la prensa internacional.

Con motivo del debate sobre la Política Agraria Común (PAC) en el Parlamento Europeo el próximo verano, tres europarlamentarios, José Bové, Dan Jørgensen y Janusz Wojciechoswski me invitaron a presentar un evento llamado ‘El Coste Desconocido de la Ganadería Intensiva’, que sirviera para informar a sus colegas del Parlamento Europeo y la Comisión de que la carne ‘barata’ sería muy cara para las explotaciones ganaderas si se les obligara a pagar lo que realmente vale.

Con el eurodiputado Janusz Wojciechowski estoy trabajando en su propuesta para escribir una declaración sobre la necesidad de que la PAC deje de financiar la ganadería intensiva, invierta más en apoyar a la ganadería tradicional de pequeña y mediana escala e introduzca un nuevo método de etiquetado en el que se especifiquen detalles sobre la producción de la carne. José Bové, que en el pasado fue granjero, ha luchado durante años contra la agricultura transgénica e industrial, y tras ser detenido por desmantelar un restaurante de McDonald’s que amenazaba con acabar con la economía de su localidad, es ahora miembro del Parlamento Europeo. «Tras la desregularización de los mercados y la apertura de fronteras llegan las grandes firmas, como Cargill, Tyson y Smithfield, y con ellos la concentración de la producción que es la causante de la desaparición de las pequeñas ganaderías», afirmó Bové en el evento.

El evento se organizó para poner de manifiesto el coste desconocido que conlleva la cría intensiva de ganado porcino y que pagan los cerdos, la población, el planeta y por supuesto los ganaderos y ganaderas de pequeña escala. La presentación en el Parlamento ha coincidido después de un difícil invierno para el sector porcino que ha sufrido la subida de precios de los piensos y la bajada de los de la carne por la crisis  de los piensos contaminados por dioxinas.

Desde mi punto de vista, los productos porcinos deberían ser etiquetados según el método de producción. Según la ley de la UE, los huevos que proceden de granjas de batería han de ser etiquetados de forma correspondiente. Esta misma ley debería aplicarse a los cerdos que están confinados en celdas de cemento o metal, sin acceso a luz natural o al exterior.

Debemos recuperar el impopular término ‘proteccionismo’ para estos debates. Los alimentos y los productos agrícolas deberían estar exentos de las reglas y leyes globales de la Organización Mundial de Comercio con el fin de que las naciones y regiones tengan el derecho de protegerse a si mismas de la importación de productos de baja calidad que no respetan las leyes de bienestar animal. Las y los ganaderos y granjeros podrían, de esta forma, protegerse de los caprichos de la economía global y producir para los mercados locales. Los gobiernos podrían de esta manera proporcionar carne a servicios públicos, como escuelas y hospitales, procedente de ganaderos locales, producida de forma sostenible y siguiendo las directivas de bienestar animal.

(*) Tracy Worcester. Directora del documental Pig Business.

La revista SOBERANÍA ALIMENTARIA, BIODIVERSIDAD Y CULTURAS puede co-organizar eventos públicos para proyectar la película junto con un debate posterior. Contactar con gustavo@soberaniaalimentaria.info