La ganadería extensiva, garantías de futuro

LA GANADERÍA EXTENSIVA COMO GARANTÍA ALIMENTARIA Y ADAPTACIÓN AL  CAMBIO CLIMÁTICO

 

Jesús Garzón

Asociación Concejo de la Mesta

 

Los países industrializados estamos afectando gravísimamente al medio ambiente de nuestro planeta, comprometiendo el futuro de todala Humanidad. La sobreexplotación de los recursos naturales, la destrucción de los bosques y de los suelos, la contaminación de las aguas y  la emisión a la atmósfera de crecientes cantidades de gases contaminantes, por el uso abusivo del petróleo y del carbón, están modificando el delicado equilibrio climático de la Tierra, que ha entrado ya en una fase muy peligrosa de rápido calentamiento y  deshielo, prácticamente irreversible si no se adoptan urgentes medidas correctoras.

Es imprescindible reducir inmediatamente nuestras emisiones de CO2 para que comiencen a decrecer antes de 2020, limitándolas a cero antes de 2050 respecto a los niveles de 1990. Para ello los países industrializados debemos modificar radicalmente nuestro modelo energético y nuestras pautas de consumo para intentar mitigar la crisis global que estamos provocando. Pero, junto a la reducción inmediata de las emisiones es necesario  fomentar también los sumideros de carbono, que permitan retirar de la atmósfera el exceso de CO2 generado durante este último siglo.  Los suelos constituyen  el mayor depósito global de carbono, tres veces más que la vegetación y dos veces más que la atmósfera, y este carbono superficial es fundamental además por su estabilidad y capacidad de intercambio.

Palencia 2011, Eva Latorre

Las tierras emergidas constituyen un 25% de la superficie terrestre y pueden almacenar de media unas 150 toneladas de carbono por hectárea.  Sin embargo, la destrucción de las selvas y el laboreo agrícola suponen actualmente el 30% de las emisiones totales, por lo que deberán detenerse antes de 2020 para invertir los procesos contaminantes y lograr que la vegetación y los suelos del planeta se conviertan en sumideros, en vez de emisores de gases de efecto invernadero. Pero también es imprescindible garantizar al mismo tiempo la alimentación de una población mundial en constante crecimiento, que se estima superará hacia 2050 los 9.000 millones de personas, en un planeta con recursos cada vez más limitados por la erosión y la contaminación de las tierras fértiles, el cambio climático y la subida del nivel de los mares.

Desde 2008, la crisis alimentaria mundial provocada por la subida del precio de los cereales debido, entre otras cosas, a la demanda de los países industrializados para agrocombustibles, hizo aumentar en más de 100 millones el número de personas hambrientas. Actualmente, uno de cada cinco habitantes del planeta sufre hambre extrema y se estima que la escasez  de agua afectará al 60% de la población mundial durante las próximas décadas. Las Naciones Unidas han realizado por ello un dramático llamamiento a los países desarrollados para que su ganadería aproveche únicamente recursos naturales, pastizales y hojas de árboles y arbustos, sin competir por los cereales y el agua imprescindibles para la alimentación humana: el 8% del consumo mundial de agua se destina a la ganadería,  con el 70% para el regadío de forrajes. Es fundamental además la reducción de emisiones de metano y de oxido nitroso, mejorando el manejo del ganado, la gestión del estiércol y eliminando los fertilizantes químicos, para  fomentar los sumideros de carbono por los pastizales y el arbolado.

El pastoreo extensivo desempeña un papel fundamental en la absorción del carbono atmosférico, reduciendo la erosión, conservando el agua, favoreciendo la actividad microbiana  y la incorporación de nutrientes, mejorando la estructura del suelo y su productividad.  El manejo adecuado de los pastizales, el fomento del arbolado y las correctas prácticas agrícolas pueden fijar del 10 al 20% de las emisiones globales de combustibles fósiles, por lo que la conservación del pastoreo extensivo se plantea como una de las grandes alternativas para el desarrollo sostenible y la adaptación y mitigación del cambio climático durante las próximas décadas. Hay que considerar que casi la mitad de los continentes son  regiones áridas, habitadas por unos 2.000 millones de personas, pastores en su mayoría.

España, con unas condiciones climáticas semejantes a las de muchas regiones áridas de Asia, África y América en gran parte de su territorio, puede aportar en este sentido su experiencia milenaria en el aprovechamiento sostenible de sus recursos naturales. Desde hace al menos 7.000 años, los ganaderos ibéricos han sabido adaptarse a las condiciones climáticas de nuestra Península, desplazándose con sus rebaños entre los valles en invierno y las montañas en verano, recorriendo para ello cientos de kilómetros cada primavera y cada otoño. Han contribuido así a la conservación de una red extraordinaria de corredores ecológicos, las vías pecuarias, con más de 125.000 Km de longitud y 400.000 Ha de superficie, manteniendo pastizales naturales con una de las mayores  diversidades biológicas conocidas: más de 40 especies diferentes de plantas por cada metro cuadrado de terreno.

Los movimientos trashumantes del ganado, además de garantizar la conservación y el óptimo aprovechamiento de los recursos pastables y del agua disponible, adaptándose de inmediato a las condiciones climáticas cambiantes, tienen una importantísima función para el transporte y dispersión de semillas a lo largo y ancho del territorio, manteniendo la conectividad entre los ecosistemas y contribuyendo a conservar su diversidad biológica,  permitiendo a las especies la movilidad suficiente para adaptarse a las condiciones actuales de rápido cambio climático. Cada oveja trashumante traslada diariamente unas 5.000 semillas y abona el terreno con más de3 kgde estiércol, y cada vaca aporta 50.000 semillas y unos30 kgde estiércol. Por tanto, cada rebaño de 1.000 ovejas o 100 vacas trashumantes, dispersa diariamente más de 5 millones de semillas y 3 toneladas de abono, a lo largo de cientos de kilómetros de valles, ríos,  laderas, montañas y mesetas, durante sus desplazamientos de aproximadamente un mes en primavera y otro en otoño caminando por las cañadas.

Los pastizales españoles ocupan el 21 % del territorio, almacenando de media 150 t de carbono por hectárea y  año. Los bosques y matorrales, el 32% del territorio, también son aprovechados en su mayor parte por el pastoreo, almacenando unas 120 t de carbono por hectárea y año, al igual que  los matorrales. Se cultiva el 38% del territorio, que almacena unas 15 t de carbono por hectárea y año. Según todas las previsiones, España será una de las regiones más afectadas por el cambio climático, y esto ya lo confirman los datos  disponibles. Para el horizonte 2030 se estiman aumentos de1ºCen las temperaturas y  reducciones del 5%  de las lluvias, con disminución de las aportaciones hídricas del 10 al 15%. En las zonas áridas, que constituyen el 30% del territorio nacional, las lluvias podrían disminuir hasta el 50%.

La contribución de España a la mitigación del cambio climático mundial mediante los sumideros de carbono y la reducción de las emisiones contaminantes depende en gran medida del mantenimiento de las actividades agroganaderas tradicionales. Esto generaría a su vez una alta proporción de empleos cualificados entre la juventud, garantizando el relevo generacional y evitando el despoblamiento rural, conservando al mismo tiempo nuestra extraordinaria biodiversidad, tanto doméstica,  con más de 220 razas ganaderas autóctonas y 750 variedades de cultivos, como silvestre,  con unos 80.000 taxones distintos, en muchos casos endemismos únicos en el mundo o poblaciones relictas de especies amenazadas, fundamentales para garantizar su supervivencia a nivel global.