La indignación es colectiva

LA INDIGNACIÓN ES COLECTIVA

(*) Jerónimo Aguado Martínez

En las plazas de todo el estado se sembraron semillas que han florecido en forma de manifestaciones multitudinarias. La ciudadanía (y la ruralidad, como explica este artículo) de forma espontanea pero ordenada, de forma pacífica pero severa, sabia pero con urgencia, reclama otro modelo social, económico y político. Incorporando valores humanos y ecológicos que nunca se deberían haber  olvidado. La revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas se suma a estos propósitos

Megáfono en mano, Mariano Paramio, expresaba su indignación ante las autoridades locales y Regionales tras la indudable pretensión de autorizar la construcción de una mega-incineradora en la Localidad de Ampudia (Palencia).

Mariano Paramio no es un líder sindical al uso, ni un reconocido dirigente del espectro político. Mariano es un ganadero de la Comarca de Tierra de Campos, que produce un queso de alta calidad  en el marco de una cooperativa familiar. Defiende su trabajo, sus productos, su tierra, Villerías de Campos, que es el pueblo donde vive,  y no cabe ninguna duda de que su apuesta y la de su familia, por creer que vivir aquí merece la pena, es una de las razones fundamentales para que Villerías de Campos no pase a engrosar la lista de los pueblos abandonados.

Junto a Mariano se movilizaron el 8 de mayo en Ampudia más de un millar de terracampiños, indignados todos ellos y ellas ante lo que consideran un nuevo atropello para su comarca. Rostros de personas mayores, jóvenes que animan el acto reivindicativo a golpe de cacerolas y tambor, nuevos rostros de personas que han decidido volver al campo, padres de la mano de sus niños y niñas que no quieren que sus hijos recojan el testigo de una tierra desolada, todos y todas indignadas por una de las últimas operaciones planificadas, con el beneplácito de las Instituciones de nuestra tierra, para dar cobertura legal a una empresa que pinta de negro el futuro de nuestros campos y de nuestros pueblos.

Los mensajes de los organizadores de la manifestación y en representación de las personas movilizadas no pudieron ser más claros:

Esta es una tierra olvidada, de la que nunca se acordaron cuando llegó la era del desarrollo. Y ahora, que las zonas desarrolladas no saben donde ubicar su basura, quieren que nosotros aceptemos que se queme en nuestra tierra, asumiendo las nefastas consecuencias sobre la salud y sobre nuestra escasa economía basada exclusivamente en la calidad de nuestro medio ambiente. Ubicar aquí esta incineradora es decir adiós al futuro de nuestra comarca, es potenciar la despoblación que ya vivimos, es una injusticia social. Eso es lo que hoy venimos a denunciar: ¡La Injusticia y nuestro derecho a buscar un desarrollo sostenible para nuestra comarca, un desarrollo que se amolde a nuestro entorno, que le haga evolucionar sin arrancar nuestras raíces!

Tierra de Campos, la comarca que fue el granero de España, hoy sólo es el granero de los bancos y de las transnacionales agroalimentarias. De ella se ha extraído casi todo: nuestras gentes, nuestro dinero, nuestro patrimonio, nuestra cultura, para desprestigiarla y arrinconarla en fríos museos etnográficos. Y de ella se sigue extrayendo lo poco que nos dicen dar: la energía producida con el sol y el viento y las ingentes sumas de dinero que llegan desde Europa y que tan poca repercusión tienen en la vida de nuestros pueblos.

Sólo nos traen la porquería (futuros cementerios nucleares, incineradores, tecnologías dependientes del capital especulativo para trabajar la agricultura y la ganadería, burocracias abusivas que tratan a los productores del campo como delincuentes,….) y las mentiras, mentiras, y mentiras de nuestros representantes públicos, que siguen planificando nuestras vidas sin contar con nosotros y nosotras.

Hace unos meses Stephane Hessel, uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hacía una llamada urgente a la ciudadanía, y en especial a los más jóvenes: ¡INDIGNAOS!, les decía en una declaración de urgencia para incitar a la movilización ante tanta injusticia y barbarie para con los pueblos y los seres humanos más débiles. Pues bien, la respuesta de la gente de una tierra maltratada, donde sólo vivimos entre 5 y 10 habitantes por kilómetro cuadrado,  no se ha hecho esperar: ¡ESTAMOS INDIGNADOS! Sólo nos queda revelarnos ante tanto abuso, ante tanto desprecio, ante tanta desfachatez de esas personas que nos dicen representar.

¡Pero nunca es tarde si la dicha es buena!

(*) Jerónimo Aguado Martínez. Miembro del Consejo Editor y Presidente de la Plataforma Rural

Para más información: www.noalaincineradoradeampudia.org