La PAC y su repercusión en los países del sur

La PAC y su repercusión en los países del sur

(*) CONSEJO DE REDACCIÓN

El desarrollo, aplicación y funcionamiento de la Política Agraria Común (PAC) no ha tenido, ni tiene, repercusiones únicamente en el campesinado y población consumidora de Europa, sino que ha generado profundos problemas en el Sur, tanto en su agricultura, como en su medio ambiente y el derecho a la alimentación, a la vez que ha provocado la marginación social que implica que una población determinada pasa hambre cuando se esté rodeada de alimentos.

Desde la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) la PAC ha sido una política que ha ido jugando a los vaivenes y exigencias de las negociaciones de la OMC en cada momento. Muchas medidas de la PAC han tenido fuertes impactos no sólo en la agricultura europea, sino también en la de los países del Sur global, propiciando el desarrollo de una agricultura intensiva e industrializada en los mismos. Un claro ejemplo fueron la firma de los acuerdos que impusieron limitaciones a la producción de oleaginosas en Europa, lo que hizo a la ganadería europea dependiente de las importaciones de grano y llevó a muchos países, sobre todo latinoamericanos, a especializarse en el modelo soja –OGMs, latifundios, pesticidas, expulsión campesina, contaminación, en definitiva, pérdida de soberanía alimentaria.

Los dos principales mecanismos de la PAC que generan problemas son (a) las importaciones masivas que Europa hace de materias primas agrarias y alimentos que sustituyen a cultivos agrarios para el autoabastecimiento y favorecen la implantación de modelos intensivos e industrializados frente al modelo campesino; y  (b) la exportaciones de materias primas agrarias subvencionadas o alimentos a bajo coste desde Europa al mercado mundial, lo cual destruye los mercados locales antaño abastecidos por el campesinado (efecto conocido como ‘dumping’). Veamos ambos mecanismos con más detalle.

La búsqueda a toda costa de materias primas agrarias (importaciones a la UE)

La UE desempeña un papel importante en el comercio agrícola internacional en cuanto a importador de productos agrícolas y materias primas. En el año 2007 la UE importó alrededor del 20% de los productos agrarios de todo el mundo, destacando los productos ganaderos. La situación es insatisfactoria por una serie de razones. En primer lugar, la necesidad de volúmenes de materias primas tan altos debilita la posición de las y los productores  tanto en la UE, como en el Sur. A la vez que permite a las entidades compradoras de los productos básicos- agroindustria, las corporaciones que dominan el sistema de comercio global-, captar el aumento del valor añadido. En segundo lugar, aumenta la presión sobre los recursos naturales de los llamados países en desarrollo, y la competencia por los recursos agrícolas (agua, tierra, bosques) entre las grandes productoras, que son las que tienen acceso a los mercados de exportación. En tercer lugar, se alienta el desarrollo de los países a mantener las políticas de exportaciones agrícolas, a expensas de las y los productores locales y el fortalecimiento de los mercados regionales que podrían proporcionar importantes beneficios para el campesinado, así como garantizar el acceso a los alimentos para las comunidades locales, incluyendo los alimentos frescos y nutritivos para la población urbana. En definitiva, las consecuencias se pueden enumerar de la siguiente manera:

  • Pérdida de acceso a tierra agraria para la producción de alimentos para el mercado doméstico a favor de producción de materias primas agrarias para la Unión Europea. Estas importaciones no son necesariamente ni siquiera para alimentar a la población europea, como es el caso de los agrocombustibles para los coches. La búsqueda de la UE de fuentes baratas de alimentos y materias primas en el Sur supone sustituir cultivos del pequeño campesinado para el autoabastecimiento local y el mercado doméstico en muchos países por monocultivos para la exportación. Quizá el ejemplo más paradigmático sea la sustitución de huertas y granjas en países como Argentina y Brasil por monocultivos de soja para agrocombustibles y alimentación del ganado en el Norte, incluyendo la Unión Europea.
  • Deforestación. La creciente demanda de carne, piensos y agrocombustibles en Europa ejerce una fuerte presión sobre los bosques de los países del Sur. Así por ejemplo, según un informe de Amigos de la Tierra Europa esta demanda contribuye a la continua destrucción del Amazonas y el Cerrado en Brasil. La Unión Europea es el cuarto importador de carne de Brasil con más de 250.000 toneladas de vacuno importadas en 2009; es uno de los principales mercados para la soja y la harina de soja brasileña, ya que compra hasta un tercio del total de la producción de Brasil; y fue el mayor importador mundial de etanol brasileño, producido de caña de azúcar, en 2009, importando el 26,5% de las exportaciones totales del país. El informe señala que en Brasil se talan al año 6.450 km2 de Amazonas – lo que equivale a 2.475 campos de fútbol al día, y 20.000 km2 en el Cerrado para satisfacer la demanda de carne, piensos y agrocombustibles en Europa.
  • Imposición de un modelo de producción intensivo en el empleo de fertilizantes minerales y agro-tóxicos. Se contaminan la red hidrológica (arroyos, manantiales, zonas húmedas y ríos), los suelos y frecuentemente la vegetación natural o cultivada en las zonas limítrofes a los monocultivos fumigados. En muchos casos se contaminan zonas en las que antes había un empleo cero de agrotóxicos.
  • Imposición de variedades concretas de semillas que supone la contaminación de los bancos genéticos locales. El caso de los transgénicos es el más evidente, pero no el único.
  • Pérdida de agrobiodiversidad: en paralelo, la sustitución de policultivos del campesinado por monocultivos industriales está suponiendo la  pérdida de miles de variedades agrícolas locales, básicas para una apuesta por la soberanía alimentaria.
  • Impactos en la salud: los mismos mecanismos están provocando un masivo daño en la salud pública de las poblaciones del Sur global. Por un lado, para millones de personas la pérdida de acceso a la tierra agraria supone automáticamente la pérdida de acceso a los alimentos. En eso deberíamos pensar cuando alimentos nuestro ganado con soja o llenamos el tanque del coche con agrocombustibles producidos con materias primas del Sur.
  • Impactos en el tejido social rural: la destrucción de la agricultura campesina en el Sur está destruyendo, a su vez, el medio rural en su globalidad.

La colocación de materias primas agrarias en el mercado mundial a toda costa (las exportaciones de la UE)

La UE es unos de los grandes exportadores de productos agrarios del mundo. Con una cuota de mercado del 17% del comercio internacional, las exportaciones agroalimentarias representan el 6,8% del total de las exportaciones de la UE, provocando la inundación de mercados locales de terceros países por materias primas agrarias por debajo de su coste. Muchos de los impactos son similares a aquellos mencionados arriba, particularmente la destrucción de los puestos de trabajo y cultura en el medio rural.

Durante la década de 1980 y hasta mediados de la década de 2000, un exceso de oferta en los mercados internacionales, dio lugar a la disminución de los precios en los mercados internacionales, lo que junto a la forzada desprotección arancelaria de muchos países del Sur, se tradujo en el aumento de las importaciones que limitaba así, la capacidad de los y las productores locales menos competitivos en términos mercantilistas. El campesinado que se alimenta de sus cultivos, fue expulsado del los mercados internos por los bajos precios de los productos importados, dejándole sin comercio y creando una peligrosa dependencia con los mercados internacionales.

La PAC y el problema de pensar ‘comercialmente’

Como remarca De Schutter en el Informe de las Nacionales Unidas de junio del presente año sobre el papel de la Unión Europea en el apoyo a la realización del derecho a la alimentación, el tema de la “seguridad”  alimentaria mundial no puede ser reducido sólo a un problema de suministro o producción. Importa no sólo la cantidad producida sino también lo que se produce y para quién, a qué precios, y cuáles son los precios finales entre el campesinado y la población consumidora. Desde la Soberanía Alimentaria añadimos también la importancia del cómo se producen. Si el hecho de aumentar la producción conlleva una mayor marginación del pequeño campesinado en el Sur, la lucha contra el hambre y la malnutrición será una batalla perdida.

Por ello la inminente reforma de la PAC debería de basarse en un análisis detallado de la situación de la inseguridad alimentaria y, por ende, la falta de soberanía alimentaria, en el mundo. La PAC debería estar colocada en un marco más amplio de coherencia para desarrollar las políticas de la UE. La UE como el exportador más grande de productos agrícolas del mundo se enfrenta a un dilema: por un lado las exportaciones agro-alimentarias de la UE hacen más difícil el desarrollo y fortalecimiento de los sectores agrícolas de los países del Sur; por otro lado, en muchos países importadores netos de alimentos, la disponibilidad de alimentos baratos en el mercado internacional permite coyunturalmente a los gobiernos garantizar el acceso asequible a los alimentos para las personas que viven en la pobreza, sobretodo en la zonas urbanas.

Así pues los cambios en el marco de la política agrícola europea afectarán a la soberanía alimentaria y el derecho a la alimentación en otras partes del mundo, y va a tener consecuencias para el campesinado y los y las consumidores del Sur.  Pero las  propuestas presentadas por la UE de reforma de la PAC no parecen tener como objetivo garantizar la soberanía alimentaria en Europa a la vez que no se disminuye dicha soberanía en el resto del mundo, sobre todo en los países del Sur global. Estas acciones son incompatibles con el seguimiento de una agenda de liberación del comercio de productos agrícolas.

Ideas para el debate acerca de cómo sería una PAC solidaria

Es imprescindible avanzar en el debate acerca de qué PAC queremos en términos de soberanía alimentaria y respeto por el derecho a la Alimentación en todo el mundo. Una PAC que favorece al campesinado del Norte, pero también del Sur.  Entre otras cosas que habría que abordar en un debate de este estilo estarían:

* la salida de la UE  de todas las discusiones en el marco de la OMC y los acuerdos bilaterales de libre comercio con diferentes países en todo el mundo.

* la revisión de su estructura arancelaria por parte de la UE con el fin de fomentar la diversificación de las economías de los países del Sur.

* la Unión Europea debe abordar los desequilibrios de poder en las cadenas alimentarias para hacer frente a la creación, mantenimiento y el abuso de poder de compra para proteger al campesinado proveedor, en Europa y en el Sur, y para garantizar la estabilidad a largo plazo de la oferta para la población consumidora.

* conociendo los desperdicios e insuficiencias del actual sistema alimentario en la Unión Europea, la PAC debe, en particular, buscar formas sostenibles para reducir las pérdidas y desperdicios en la cadena alimentaria, y reasignar los cereales utilizados en la alimentación animal para el consumo humano.

* la UE debería anular los impactos negativos del aumento de la producción de agrocombustibles que son alentados por los subsidios de la UE y los incentivos fiscales y la meta adoptada del 10 por ciento de las energías renovables en el sector del transporte para el año 2020.

* eliminar todas las subvenciones a la exportación o restitución generadoras de dumping

Estas son simplemente propuestas de debate, propuestas que necesariamente habría que ampliar.

(*) CONSEJO DE REDACCIÓN A PARTIR DE INFORMACIÓN ELABORADA POR Albert Tarragó

PARA SABER MÁS:

De la selva al plato: cómo el ganado, la soja y la caña de azúcar destruyen los bosques de Brasil y perjudican el clima: http://www.foeeurope.org/agriculture/FromForestToFork.pdf

Informe del Relator del Derecho a la Alimentación de Naciones Unidas sobre los impactos de la UE: http://www.srfood.org/images/stories/pdf/otherdocuments/20110617_cap-reform-comment.pdf