Los usos del tiempo y el espacio

Los usos del tiempo y el espacio en el mundo rural por parte de mujeres y hombres.

por Raquel Santiso (*)

El sentido de la responsabilidad respecto a lo doméstico está fuertemente arraigado en la mujer. La prioridad que estas tareas tienen en su escala de valores, fruto de la socialización y de los modelos recibidos, hacen que no se puedan desatender estas tareas sin sentir una fuerte culpa y preocupación. Suele ser la mujer la que se encarga además de resolver todas aquellas tareas que tienen que ver con el cuidado de los miembros de la familia: asistencia a centros de salud, colegios, etc. De este modo, las mujeres suman la responsabilidad de la gestión doméstica, la participación pública y muchas veces, también el trabajo remunerado.

Este artículo hace una aproximación a las consecuencias que este modelo patriarcal genera en los usos del tiempo y del espacio por parte de las mujeres del mundo rural.

La separación de tareas por sexo

El mundo rural ha socializado fuertemente a sus miembros en valores tradicionales que han supuesto y todavía hoy siguen suponiendo, una importante separación de tareas por sexo. Esta socialización diferente en la infancia y su posterior interiorización, junto con un todavía fuerte control social en el medio rural, hacen que haya una marcada identidad por género, porque efectivamente, los hombres por un lado y mujeres por otro, presentan muchas características comunes, que en el medio urbano aparecen más diluidas.

Aunque haya variado ostensiblemente el papel del “ama de casa” la responsabilidad no ha cambiado mucho. Aunque, ocasional o regularmente, diferentes miembros del hogar asuman tareas domésticas suele ocurrir que sigue siendo la mujer la responsable última de su supervisión o planificación. El sentido de responsabilidad está fuertemente arraigado en las mujeres.

Sin embargo, y a pesar de que esta división de tareas por género sigue estando muy presente, el mundo rural se encuentra en un continuo proceso de cambio y adaptación, muy relacionado con las nuevas realidades que van apareciendo: cambios en las formas de vida, educación, ocupaciones, inmigración, pueblos, tipos de familias, influencia de lo urbano y cultura de masas… que se reflejan más en las nuevas generaciones. Se constata así la presencia de un fuerte cambio generacional que es imprescindible tener en cuenta de cara al futuro del mundo rural.

La mayoría de las mujeres hoy eligen vivir plenamente la multiplicidad de experiencias que la vida propone: el trabajo, la familia, los afectos, el estudio, el tiempo para sí mismas. De ahí es precisamente de donde brota con fuerza el conflicto sobre la falta de tiempo.

El tiempo dedicado al trabajo doméstico conlleva unas características específicas independientemente de que la persona que lo asuma desarrolle otro tipo de trabajo remunerado. Es un tiempo partido: las actividades en él son múltiples, superpuestas y muy diferentes. Es un tiempo indiferenciado: las actividades se confunden en el mismo espacio abarcando toda la cotidianidad. Es un tiempo continuo: el tiempo es continuo porque no distingue entre ocio y trabajo, entre laborables y festivos. Y es un tiempo dependiente: el trabajo doméstico conlleva la pérdida de un tiempo privado o tiempo dedicado exclusivamente al cuidado de sí o de uso personal.

De toda esta variedad en la percepción del tiempo deriva una mayor organización del tiempo de la mujer. Es inherente a la mujer medir el tiempo y al hombre consumirlo.

Uso de los espacios

Es interesante observar cómo de esta diferente distribución de tiempos se desprende una distinta utilización del espacio. La vivienda sigue siendo, mayoritariamente, responsabilidad de la mujer, pero se da la paradoja de que raramente posee la mujer un espacio propio a pesar de hacerse cargo de toda la casa. Cuando la vivienda dispone de un cuarto de más, suele convertirse en despacho o estudio para el varón o, en el mejor de los casos, es compartido. Esta ausencia de un espacio propio limita las posibilidades de intimidad, libertad e independencia y de disponer muchas veces de un tiempo propio, libre y de calidad para la mujer. La carencia de un espacio propio aparece como un problema importante y de difícil solución.

Es innegable que un espacio nos puede hacer más felices o más desgraciados. Pero además el espacio nos educa. Y es que el espacio no es algo neutro, genera direccionalidades. Un ejemplo de que el espacio no se usa de manera neutra es la utilización general que encontramos de un patio de recreo en un colegio por parte de niños y niñas. Es habitual encontrar a los niños jugando al fútbol ocupando la mayor parte y la más central del espacio de recreo y ver a las niñas jugando por los espacios pequeños restantes sin invadir el espacio donde se encuentran éstos.

Así, el espacio y el tiempo se estructuran en nuestra sociedad principalmente alrededor del trabajo. Y en ambas variables se reflejan las diferencias, los cambios, las posiciones y los conflictos acontecidos. La variable tiempo es sumamente importante a la hora de analizar el espacio porque un cambio en los usos del tiempo supone, a su vez, un cambio en los usos del espacio.

Las mujeres mantienen una relación intensa y variada con el espacio de ciudades y pueblos. Se constata una mayor presencia y utilización por parte de éstas de zonas verdes, comercios, escuelas, centros médicos y otros servicios, pero casi siempre en función de los diferentes papeles sociales todavía asignados mayoritariamente a ellas, relacionados con la reproducción social y el cuidado de los demás. Así la mujer accede al terreno público todavía desde un carácter doméstico y limitado, desde las obligaciones.

Es necesario un reparto social real de las tareas y papeles entre hombres y mujeres más igualitario para que las mujeres puedan hacer un uso libre del espacio y no determinado por sus responsabilidades.

Los cambios en los papeles que las mujeres asumen, -relacionados con la incorporación al mercado de trabajo, al mundo universitario, en la participación política, en el desempeño de puestos de responsabilidad y en relación también con una mayor independencia personal y familiar-, se traducen en una ocupación espacial nueva y en una mayor utilización del espacio, especialmente de aquellos espacios que tradicionalmente habían sido ocupados por hombres. La proximidad de la mujer al mundo educativo y laboral conlleva un uso más amplio e igualitario del espacio respecto a los hombres, frente al uso más local y diferenciado que las mujeres que asumen roles más tradicionales hacen del espacio.

Usos del tiempo

La sensación del tiempo en el ámbito rural, sobre todo para aquellas personas que trabajan en casa y/o para la explotación familiar, supone una percepción del tiempo continua, frente a aquellas que sí que trabajan con horarios en el trabajo asalariado y tienen una concepción del tiempo como un tiempo delimitado y más definido. La concepción y el sentido del tiempo en las mujeres de mediana edad del mundo rural, con tantas y tan variadas actividades superpuestas como realizan a lo largo del día, supone un tiempo ambiguo e indiferenciado respecto a las tareas que se llevan a cabo, porque éstas no tienen asignado un tiempo concreto. Las actividades se confunden en el mismo espacio abarcando toda la cotidianidad. El trabajo doméstico también implica una concepción del tiempo como continuo, en el que no existen prácticamente diferencias entre días laborables y festivos en cuanto a trabajo. Y es un tiempo siempre dependiente de los otros. El trabajo doméstico conlleva en muchas ocasiones esta pérdida de un tiempo propio y privado, dedicado exclusivamente al uso personal. De esta falta de un tiempo propio emana la continua búsqueda femenina de él.

Las mujeres expresan situaciones de mucho estrés, en muchas ocasiones dramáticas incluso, debido sobre todo a las grandes cargas familiares, sumadas a un tremendo sentido del deber y la obligación.

El cambio que se aprecia en este sentido respecto a épocas pasadas es su toma de conciencia de lo que supone un tiempo propio y personal dedicado a una misma y la reivindicación de ello, que es un primer paso para el cambio de roles y un reparto más igualitario de tareas entre los miembros de la familia, reparto que todavía, si se da en el medio rural, es de una forma muy débil.

El trabajo de los hombres en la casa es considerado una ayuda, del mismo modo que es considerado así el trabajo de las mujeres en las tareas agrícolas y ganaderas. Socialmente sigue siendo difícil entender el papel de la mujer como responsable de la actividad agrícola. Aunque distintos miembros de la familia puedan asumir tareas domésticas en momentos puntuales, la responsabilidad última en cuanto a la supervisión y planificación de las mismas sigue cayendo sobre las mujeres.

Otro matiz que tiene el tiempo rural es que puede aparecer condicionado por la movilidad. Muy frecuentemente el tiempo de la persona conductora que cuenta con vehículo propio suele estar condicionado por las actividades y recorrido del resto de los miembros de la familia, especialmente de hijas e hijos, abuelas y abuelos. Si se es dependiente, el tiempo está condicionado por los horarios de la persona conductora o bien del transporte público. Las dificultades de movilidad complican así el tiempo libre de quien conduce y, a su vez, de las personas conducidas. Las mujeres son quienes más problemas de dependencia suelen tener en este sentido. Poder contar con carnet de conducir y medio de transporte es considerado imprescindible en el mundo rural.

Observamos que en el mundo rural hay marcadas diferencias entre hombres y mujeres en la utilización de los espacios y también en su concepción personal del tiempo, incluida su forma de ocupar el tiempo libre. Las mujeres permanecen más en los espacios domésticos. El bar, sigue siendo en los núcleos rurales un espacio de hombres, apreciándose ya diferencias por edades, pero que se van introduciendo muy lentamente y con todavía diferentes franjas horarias de utilización.

Las personas mayores rurales presentan además unas actividades cotidianas y un disfrute del tiempo libre muy diferenciado por sexos. Ellos se suelen encargar de cuidar los huertos familiares y su espacio de recreo es el bar. Ellas se siguen encargando de las actividades domésticas y realizan labores o actividades de ocio. Pasear es una de las actividades de tiempo libre exteriores más compartida.

Conclusión

Las transformaciones que llevan a cuestionar los roles tradicionales de mujeres y hombres, se producen más lentamente en el medio rural, siendo necesaria la sensibilización de la población para llegar a comprender este fenómeno y fomentarlo. Es importante valorar el impacto negativo de la resistencia a asumir posiciones igualitarias, que actúa como un factor fuerte al favorecer una mayor emigración de las mujeres jóvenes y también de los jóvenes en general.

PARA SABER MÁS:

AUGE, Marc. 1994. Los no lugares: espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Barcelona. Edit. Gedisa.

GUERRA, Mª José et altres. 1999. Mujeres, espacio y tiempo: análisis desde una perspectiva de género. Gobierno canario e Instituto Canario dela Mujer.

SABATÉ, Ana, RODRÍGUEZ, Juana y DÍAZ, Mª Ángeles. 1995. Mujeres, espacio y sociedad. Hacia una geografía del género. Madrid. Edit. Síntesis.

SANTISO, Raquel y MOLPECERES, Gerardo. (1998). Ciudad y Mujer. El diseño urbano en la vida de la mujer. Zaragoza: Ayuntamiento de Zaragoza.

Raquel Santiso (*)

Psicoterapeuta emocional

Dra. en Psicología y Antropóloga Social y Cultural.

http://tierrafertilzgz.blogspot.com/

raquel.tierra@yahoo.es