El dinero no da la felicidad. Y el crecimiento, tampoco.

El dinero no da la felicidad. Y el crecimiento, tampoco.

Reseña del libro ‘Prosperidad Sin Crecimiento’

Marta Michelena Ortolà

El crecimiento económico como única opción para el sustento de la economía y de la sociedad ya no se cuestiona sólo entre personas decrecentistas, ecologistas o anticapitalistas, sino que se ha convertido en un debate para todos y todas. Está encima de la mesa, junto al cambio climático y el agotamiento de recursos. La actual recesión está relacionada con nuestra obsesión por el crecimiento, dependiendo siempre de la deuda. El crecimiento se ha convertido en una amenaza para el medio ambiente ya que mientras crecemos hemos destruido el 60% de los ecosistemas en los últimos 25 años, generando además desigualdad entre nosotros y nosotras, o lo que es lo mismo: a más ricos, más pobres.

Tom Jackson, comisario de asuntos económicos en el órgano consultivo del gobierno británico en materia de desarrollo sostenible, Sustainable Development Comission (SDC), acaba de publicar un libro llamado Prosperidad sin Crecimiento en el que plantea alternativas económicas para una prosperidad sostenible y del que se están vendiendo decenas de miles de ejemplares en toda Europa. Una propuesta práctica hacia un nuevo modelo económico que prima las necesidades de las personas en detrimento de las del mercado. Un modelo que es urgente adoptarlo si no queremos quedarnos sin planeta…y no nos queda demasiado tiempo.

Las gentes de la ciencia ya hace tiempo que dicen que hay que reducir drásticamente las emisiones de CO2 y la explotación de los recursos naturales para evitar un cambio climático irreversible. Algo tan lógico y a la vez tan lejano de los principios macroeconómicos capitalistas, pero que sin embargo, la Soberanía Alimentaria tiene muy en cuenta.

Según el autor, la prosperidad consiste en nuestra capacidad para ser felices como seres humanos dentro de los límites ecológicos de un planeta finito. El reto para nuestra sociedad es crear las condiciones donde se haga posible. Jackson argumenta, de manera sólida y referenciada, que «la opulencia material y el aumento continuo de nuestras rentas no nos hacen más felices». Es lo que en varias investigaciones se ha corroborado y se ha llamado Paradoja de Easterin: cuando el ingreso per cápita y año está ya en cierto nivel se observa que los aumentos de ingresos no van a conducir a aumentos de satisfacción vital o felicidad. 

Según Tom Jackson «es posible redefinir la prosperidad, considerar una economía diferente y concebir al ser humano de otra forma. Por ejemplo, nuestro conocimiento sobre la psicología humana es muy limitado, casi siempre relacionado al materialismo y el individualismo. Pero en el fondo, cuando se pregunta a la gente qué entienden por prosperidad, si bien muchos nombran los ingresos, también nombran la familia, la salud, la solidaridad y el sentido de la vida». Y sigue: «Hay gente que está exigiendo alternativas creativas, que está harta de que se nos trate como meros consumidores y harta del materialismo creciente y sin sentido. Queremos formar parte de una ciudadanía común». Es lo que en Soberanía Alimentaria defendemos también: que las personas productoras y consumidoras compartan ideas, espacios y acciones sostenibles, más allá de los grandes distribuidores, que ganan dinero a costa de ambos y son los que deciden qué comemos.

Cambiar la palabra Crecimiento por la de Buen Vivir

El libro Prosperidad Sin Crecimiento, traducido ya a más de 30 idiomas y que en castellano lo han editado Icaria y Intermon Oxfam, propone acciones concretas por las que se podría empezar para iniciar una transición saludable y sostenible de nuestra sociedad. Jackson propone, por ejemplo, crear una renta básica de ciudadanía para todo el mundo, repartir el trabajo asalariado y apoyar los empleos en actividades ecológicas y sociales, así como pagar los trabajos cuidativos y de la comunidad. Trabajos que ahora no se valoran puesto que dan pocos ingresos al sistema capitalista. Además, se deberían realizar inversiones públicas de ahorro de energía y en energías renovables, apoyar la economía local por encima de la economía globalizada actual, fijar umbrales de recursos y emisiones por cápita, así como fomentar una reforma fiscal en la que se introduzcan, por ejemplo, la tasa de carbono. De esta manera se crearía una macroeconomía ecológica  que no dependería del crecimiento. Y se superaría así el PIB como indicador principal de las economías mundiales.

Prosperidad sin crecimiento, unas propuestas que caminan de la mano con el marco de la Soberanía Alimentaria que sabemos  apuesta por la economía local, la sostenibilidad y la salud. Y sobretodo, por el Buen Vivir: el buen vivir del campesinado, el buen vivir de la población consumidora, y el buen vivir de la biodiversidad y del ecosistema. 

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