Editorial

EL CAMBIO QUE MUESTRA EL MUNDO RURAL

Más allá de la crisis actual, el mundo rural arrastra una situación muy difícil que todas y todos conocemos o sufrimos: rentas bajas, desempleo, desaparición de servicios públicos en nuestros pueblos, etc. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Son muchos y antiguos los factores, y algunos los conocemos bien. Sin embargo,  al analizarlos desde la perspectiva que nos ha dado la Soberanía Alimentaria, encontramos que, para entender y buscar soluciones, es clave centrarnos en las consecuencias que tiene el actual modelo agroalimentario globalizado bajo políticas neoliberales.

Este modelo  se caracteriza por su falta de lógica y saber hacer. Nos han puesto a las personas que hacemos  agricultura a competir todas contra todas. En muchas ocasiones hay alimentos que viajan muy lejos para venderse, cuando podrían hacerlo en el mercado local, que, sin embargo, está inundado de productos lejanos… Se han reducido los márgenes para decidir por nosotras y nosotros mismos: el ganado se alimenta con soja que llega de no sabemos dónde, dependemos de semillas y plantones que en la mayoría de los casos no podemos multiplicar, de maquinaria de costes muy elevados, de fertilizantes y plaguicidas de las grandes multinacionales que además sabemos que no son buenos para nuestra salud. Todo esto nos ha llevado a un modelo agrícola que nos ha hecho dependientes de mil insumos y el propio producto “final” es a su vez un insumo de otro proceso….

Este modelo productivo se conoce como AGRICULTURA INDUSTRIAL.  Puede parecer un término ‘moderno’, pero no lo es. ¿Es moderno generar dependencia, hacer de algo sencillo una compleja espiral? Y lo más importante ¿Quién gana con esta agricultura en este mercado global? Parece que está claro que la gente del campo no… más bien hemos perdido bastante.

Ante nuestras demandas y reivindicaciones recibimos una y otra vez soluciones mágicas (más intensificación, mercados externos, transgénicos, etc.) que son trucos para que sigan ganando los de siempre: las corporaciones, que nos venderán nuevos paquetes agrícolas para producir mercancías más baratas, con más deudas y con nuestro trabajo cada vez peor pagado y menos valorado. Parece que con estos insumos, lo único que crece es la desesperanza, el derrotismo, la resignación.

Esta agricultura que a la gente del campo nos está llevando a un callejón sin salida es la misma que rechaza una buena parte de la sociedad. Cada vez son más las personas que se preocupan por consumir alimentos de la tierra, sanos, sin residuos químicos, o bien que se organizan en grupos de consumo para poder conseguir sus alimentos de manera directa, saltándose todas esas reglas del mercado con las que no están de acuerdo. Un sector de la población está informado y concienciado y, por suerte, cada vez es más grande.

Y ahí encaja perfectamente la propuesta de la Soberanía Alimentaria que defiende una agricultura con dos objetivos irrenunciables: producir alimentos sanos para la población local a la vez que permite una vida digna a quienes proveen de los alimentos. Hoy, aunque pueda resultar extraño, el futuro del medio rural lo vamos a encontrar pensando hacia la sociedad, no pensando hacia dentro del sector.

Con estas perspectivas desde la Revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas nos ha parecido importante preparar un número donde revisamos y actualizamos las claves de la Soberanía Alimentaria, para aumentar su divulgación entre aquellas personas que la desconocen, a la vez que profundizamos en sus raíces, procesos y sinergias, para seguir aprendiendo. Y nos reafirmamos en el convencimiento de su poder transformador y en la urgencia de su masiva propagación.

La lectura de los artículos reafirma que la Soberanía Alimentaria es una propuesta, una salida, un nuevo camino, un proyecto para nuestras/os agricultoras y agricultores, sobre todo las y los más jóvenes, que, basado en la legítima propuesta de ‘alimentar a nuestra población’, nos permite recuperar el control de nuestras producciones y la dignidad y suficiencia para vivir del campo en complicidad con esa parte de la sociedad que quiere una agricultura diferente y nos puede ayudar a conseguirla.

Leerán en este número ejemplos y planteamientos –que aún con algunas contradicciones- apuestan por un giro progresivo en el campo, que nos lleve, a dejar de producir para “el mercado” y para la industria alimentaria, para pasar a producir alimentos para nuestra población con nuevos métodos, integrados el medio ambiente y en el territorio, completando los ciclos (producción, transformación y consumo), reactivando la economía local y generando empleo.

Y como explica el artículo de nuestro compañero Jerónimo Aguado, no podemos dejar de remarcar que la alternativa de la Soberanía Alimentaria, de recuperar valores campesinos y rurales, es una referencia importante para todas las personas y movimientos sociales que aspiramos a cambiar cuanto antes la dominación de la avaricia capitalista.

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