Por la defensa de la escuela rural – resistencias

Los recortes despiadados han puesto el objetivo en el corazón del mundo rural ¡Nos quieren cerrar las escuelas!

MANIFIESTO POR LA DEFENSA DE LA ESCUELA RURAL, de la PLATAFORMA RURAL: ALIANZAS POR UN MUNDO RURAL VIVO

“Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados y la creación de centros docentes”. Art. 27.5 de la Constitución Española. Hablamos, pues, de “la escuela de todas las personas, para todas, sustentada con dinero de todas, en la que caben todas, no sometida a ninguna ideología”. Esta escuela debe ser el instrumento que proporcione a todos y todas los escolares los elementos imprescindibles para desarrollar las capacidades intelectuales, físicas, sociales y éticas del futuro ciudadano que le posibiliten su integración y participación activa en la sociedad.
Dentro de este marco defendemos el acceso del alumnado del medio rural a centros docentes ubicados en su entorno, como elementos que priman en cualquier política de oferta educativa, con criterios de derecho universal al que su población debe tener acceso, de manera irrenunciable.

Es necesaria una visión crítica del medio rural como hábitat con características propias, y la escuela es una más de esas instituciones que configuran el campo cultural, social y participativo de toda la comunidad. Debe convertirse, asimismo, en agente que promueve modelos alternativos de relaciones, innovación y desarrollo del entorno. Y en esa visión de construcción de futuro, su papel de elemento aglutinador es muy importante.

La Escuela Pública Rural, tal y como la perciben quienes aspiran a un mundo rural vivo, ofrece características específicas que constituyen sobrados motivos para que defendemos y reivindiquemos un modelo específico. Es más importante cómo se educa que lo que se enseña. La escuela rural es una comunidad educativa ubicada en un entorno y es un espacio que refuerza la cultura local y contribuye a crear vida en el pueblo. Del pueblo que cuenta con una escuela se puede afirmar que toda la comunidad rural se convierte en agente educadora; la escuela debe convertirse en promotora del desarrollo rural. Ello plantea la necesidad de una visión del mundo rural y del pueblo como concepto educador que parte de lo más próximo. Se educa desde lo cotidiano y lo próximo, en el conocimiento singular de lo local, con proyección comarcal y visión universal. La escuela rural es un claro ejemplo de heterogeneidad, integración y atención a la diversidad. Favorece el desarrollo de una pedagogía activa, facilitando la participación del alumnado, en el contacto directo con la realidad social y natural.

La escuela rural es una pequeña comunidad de la que participan todas las personas, la convivencia es más rica, existen mayores vínculos relacionales entre docentes y discentes y el alumnado suele ser más receptivo y respetuoso, contribuyendo así a la formación de personas más integradas, menos conflictivas y con capacidad de participación en la vida social y comunitaria.

Se educa para Aprender a aprender y para aprender a emprender. Se educa para salir…y para poder regresar. Se prima el valor de la autonomía y capacidad de trabajo, frente a una disposición de “más información”, sin menoscabo de la atención de especialistas. La educación se debe plantear desde el desarrollo de la personalidad del alumnado como persona no en función de expectativas urbanas ni laborales determinadas, ya que estas son cada vez más divergentes; nos ratificamos en la idea de Paulo Freire en el sentido de que “somos seres condicionados, pero no determinados”.

Los y las docentes de las escuelas rurales son polivalentes e integrales, en tanto que responsables de más de un nivel educativo; tienen una visión más global de la educación, del sistema educativo y de los problemas de la escuela. Maestros y maestras están implicados en la educación integral de sus alumnos y alumnas compartiendo unos contenidos no contemplados en los currículos que favorecen un mayor aprendizaje de los escolares, y contribuyen a valorar la hasta ahora depreciada cultura campesina. En un marco donde la abundancia y diversidad de parajes naturales constituyen un excelente recurso educativo. (…)

Se ha de dotar a los futuros docentes de la escuela rural, de una formación específica previa sobre la realidad inherente a este modelo de educación y organización escolar. Asimismo, deben aplicarse políticas que estimulen la defensa de la escuela rural, su importancia y su idiosincrasia, así como la permanencia de los maestros y maestras, como manera de reforzar la creación de proyectos educativos estables.

Existen soluciones administrativas originales para la escuela de contexto rural si ésta es, a su vez, sentida y defendida por equipos docentes que deciden libremente vivir lo que ella representa con espíritu innovador, defendiendo su supervivencia y potencialidades para el medio en el que se inserta, así como para el conjunto de la sociedad en general.

Aceptado esto, estaremos en condiciones de afirmar que la escuela de contexto rural puede llegar a convertirse en un interesante ‘laboratorio de renovación escolar” y modelo educativo y social alternativo ante una sociedad urbana, homogeneizadora y consumista en la que no cabe aplicar los ratios que la administración actual pretende.

En tiempos de escasez, los fondos públicos deben garantizar, preferentemente la eficacia y buen hacer de la escuela pública, pues financiar por igual (o por encima) a la escuela privada es favorecer las desigualdades y desequilibrios así como, en ocasiones potenciar la discriminación.

La escuela pública debe ser quien asegure la Igualdad de Oportunidades para todos los niños y niñas del país y es obligación de las administraciones competentes sustentar su gestión en condiciones que garanticen una oferta educativa de calidad que compense los desequilibrios sociales y territoriales de los que los niños y niñas no pueden ni deben ser víctimas.

Es un error histórico hacer desaparecer la escuela rural y los pueblos. El futuro pasa, en este país nuestro y en todos los del mundo, por conservar el medio natural, los recursos, la alimentación y la cultura que nos ha hecho sobrevivir. Y la escuela rural es una clave para que esto sea posible.
Se hace necesaria la implicación, concienciación y compromiso de la comunidad escolar, la ciudadanía, los sindicatos agrarios, los movimientos sociales… pues se halla en juego un modelo de relaciones, de educación y de equilibrio entre las personas y el medio rural.

Por todo ello, NOS OPONEMOS ROTUNDAMENTE:

  • A cualquier tipo de recortes en la Escuela Pública.
  • Al cierre de Escuelas en el medio rural.
  • A que no se apliquen criterios específicos inherentes a las características del medio rural: ratios, comedores, trasporte, gestión…

Firmar la petición:

https://www.change.org/es/peticiones/ministro-de-educaci%C3%B3n-cultura-y-deportes-el-mantenimiento-de-la-escuela-rural-adaptada-a-cada-territorio

Mientras, en Argentina se multiplican las escuelas rurales

Darío Aranda desde Argentina nos explica como las organizaciones campesinas están multiplicando las escuelas rurales. En el país donde la soja transgénica parece no detener su avance, las escuelas también son espacios de resistencia.

(Extracto) Por Darío Aranda

 “La escuela actual te educa para los agronegocios. Necesitamos otra educación, que enseñe que el campo es más que soja. Por eso nació la escuela”, explica con paciencia docente Andrés Daniel Duarte, 21 años, de la provincia del Chaco, norte argentino, donde el avance sojero hizo (y hace) estragos con desmontes, fumigaciones y expulsión de familias campesinas. Experiencias similares, escuelas autogestionadas por campesinos, se repiten en las provincias de Córdoba y Mendoza.

A mediados del siglo pasado la población rural provincial representaba 70 por ciento, en 1991 había descendido a 28.5 y en 2001 sólo representaba 16.5 por ciento. Todas las organizaciones anuncian que el despoblamiento continúa, y apuntan al avance de la soja transgénica, que ya abarca el 56 por ciento de la tierra cultivada (19 millones de hectáreas). Sólo en la pasada década, de la mano del avance transgénico, fueron expulsadas de sus tierras al menos 200 mil familias campesinas.

El departamento de General San Martín, en el centro del Chaco, fue un histórico espacio de grandes estancias dedicadas a ganadería y agricultura. A medida que avanzó la soja, los campos se vendieron y los trabajadores rurales (que vivían en esas mismas chacras) fueron expulsados a las grandes ciudades. “Nosotros queríamos seguir viviendo en el campo”, explica con voz que apenas se escucha el joven Romero. No se fueron a la ciudad. Acamparon –en condiciones precarias– en la banquina, ese espacio limítrofe entre las carreteras y el alambrado del campo que siempre habían trabajado pero ya no los necesitaba. Así nacieron “los banquineros”, 20 familias, que permanecieron cuatro años al costado del camino, parcelas de no más de 30 metros de ancho y cientos de metros de largo. Hicieron lo mismo de siempre: sembraron, criaron animales, cosecharon y también exigieron tierras.

En 2009, luego de un largo proceso de lucha, lograron que la legislatura provincial expropiara 500 hectáreas. “Ya teníamos tierra. Había que producir. Y seguir luchando, por eso necesitamos estudiar, para que los jóvenes se queden en el campo”, resume Romero, ex banquinero. Así nació la Escuela de la Familia Agrícola (EFA) “Fortaleza Campesina”, más conocida como “la escuela banquinera”, especializada en ciencias naturales y frutihorticultura, con orientación agroecológica. Dos objetivos principales: el derecho a la tierra y la salud de los ecosistemas.

Aún no tienen edificio propio, comparten espacio con una escuela primaria y cuando los horarios se superponen las clases son debajo de los árboles. Pero es lo de menos: ya cuenta con 140 chicos y chicas que estudian y quieren quedarse a trabajar y vivir en el campo.

Al otro extremo de Argentina, al oeste del país, límite con Chile, la provincia de Mendoza siempre fue famosa por los atractivos turísticos (nieve, montañas y lagos de postal) y sus viñedos, pero en los últimos años comenzó a cambiar. Empresas mineras trasnacionales y la ganadería intensiva, expulsada de la Pampa Húmeda por la soja, multiplicaron los conflictos rurales. La Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra, base local de la Vía Campesina, organiza proyectos productivos (vinos y tomates en conserva), una radio comunitaria (FM Tierra Campesina) y una revista (Grito Cuyano). En 2010 comenzaron un proceso de asambleas y debates para pensar qué educación querían y necesitaban como organización. En 2011 nació la escuela campesina, con el eje central articulado en torno a la agroecología.

Concurren 60 alumnos y alumnas (tanto jóvenes como adultos) y tienen dinámica de alternancia, una semana presencial en aula (en la sede central de la organización) y tres semanas de prácticas en la finca de las comunidades. Consiste en tres años de cursada y también tiene reconocimiento oficial. En sus lineamientos iniciales dejan explícito el plano político e ideológico desde el que se crea la escuela: “Nos oponemos al modelo de agronegocio y a la agricultura industrial”. Proponen un modelo diferente: la soberanía alimentaria.

En el centro geográfico del país, la provincia de Córdoba siempre ubicó a la zona agrícola próspera al sur provincial. Soja transgénica mediante, los empresarios rurales comenzaron a expandirse hacia el norte, y los conflictos se multiplicaron. A fines de la década de los 90s nacieron las primeras organizaciones de lo que luego se transformaría en el Movimiento Campesino de Córdoba (también forma parte de la Vía Campesina local).

La organización siempre contó con espacios de formación política, con la educación popular como herramienta. Pero rápidamente visualizaron lo mismo que sucede en la ruralidad argentina: las escuelas primarias no abordan la realidad campesina, los colegios secundarios escasean y obligan a las y los jóvenes a migrar.

En 2009 iniciaron tres escuelas, llamadas formalmente por el estado provincial “Centro Educativo Nivel Medio para Jóvenes y Adultos” (Cenme), para mayores de 18 años. Y, para los chicos de entre 14 y 17 años, en 2011 iniciaron otra escuela, todas en pequeños parajes del norte provincial. Brindan las materias obligatorias de los planes de estudio de la provincia pero los diferencia la metodología: nada de un docente que habla y muchos alumnos que escuchan. La educación popular sigue siendo la herramienta pedagógica. Además hay materias como “producción campesina”, imprescindibles para mostrar otro modelo de campo, donde no se utilizan agrotóxicos y, como resalta el Movimiento Campesino de Córdoba, producen “alimentos sanos, para el pueblo”.

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