Utopías, realidades, fidelidad y resiliencia. L’Olivera.

Utopías, realidades, fidelidad y resiliencia. L’Olivera.

o cómo aprender a construir un proyecto cooperativo en el mundo rural desde el año 1974.

A veces pensamos en L’Olivera como en un autobús. Desde el año 1974 somos un grupo que ensayamos una experiencia cooperativa en el mundo rural, en Vallbona de les Monges, en la Cataluña interior de secano. Lo del autobús es porque somos un grupo de gente diversa, que sube y baja, en movimiento, que intentamos poner en juego nuestras capacidades y discapacidades al servicio de un proyecto común, basado en la elaboración de productos propios como diferentes tipos de vinos y aceites. El nombre de L’Olivera (el olivo) se lo pusimos porque es un árbol de nuestra tierra, de crecimiento lento, que acaba enraizando profundo y puede llegar a ser centenario.

El contexto, la historia y el presente

Vallbona de les Monges es un pueblo de la Cataluña interior de secano, rodeado de colinas modeladas por frágiles muros de piedra seca y que ha crecido al abrigo de un monasterio cisterciense femenino del siglo XIII. En el pueblo quedan unas 100 personas, cuando hace 100 años contabilizaba más de 1.000. El paisaje es una estampa bastante frecuente en los territorios montañosos mediterráneos: parcelas pequeñas, pervivencia de cultivos poco exigentes en mano de obra (cereal, olivo), abandono de las fincas menos accesibles, pérdida progresiva de elementos del patrimonio agrícola (terrazas, cabañas, campos) y reducción del número de personas dedicadas a la agricultura a tiempo completo.

Sueños Colectivos 07En este contexto nace L’Olivera, hace casi 40 años. Un grupo de tres jóvenes con un padre escolapio de ideas avanzadas se instaló en este pequeño pueblo rural para crear una experiencia alternativa, socializadora, cargada de utopía. Buscando fórmulas de vida y trabajo “humanizantes” e integradoras, opuestas al desarrollo urbano e industrial de aquella época. En cierta medida, se trataba de “neorurales” que construían un proyecto colectivo en ámbito rural, como estaba pasando también en otros lugares de Europa.

La economía del grupo quiso ser desde el inicio agraria, como los demás vecinos del pueblo, y cooperativa, por las potencialidades de esta forma de organización. Poco a poco fuimos entendiendo que teníamos que construir un proyecto económico al servicio de un proyecto social más amplio. Hubo sucesivos intentos de generar una economía propia donde fuimos viendo como la actividad agraria en nuestro pueblo era precaria económicamente y claramente insuficiente para un grupo como el nuestro. Con el tiempo, iríamos llegando a la certeza de que, en Vallbona, sólo cultivando, elaborando y comercializando un producto propio seríamos capaces de vivir de nuestro trabajo, permitir que personas con capacidades diferentes participaran en el proceso, y que el conjunto fuera sostenible. Fuimos perdiendo el miedo al ser empresa, para crear otra manera económica de funcionar: lo que años más tarde se iría conceptualizando como Economía Social y Solidaria.

Lo que el año 1989 era una intuición y el principio de una realidad se fue consolidando durante los años siguientes. Han pasado 25 años y actualmente elaboramos 17 tipos de vinos y 4 tipos de aceites de oliva, cultivando 40 hectáreas de viña y olivos de secano en producción ecológica certificada. Constatamos que para nosotros la única manera de sobrevivir siendo agricultoras y agricultores es intentar que nuestros productos transporten un conjunto de “valores añadidos”: económicos, sociales, territoriales, ambientales y organolépticos. El alimento acaba siendo el reflejo de una tierra y una gente que la trabaja y la interpreta detrás, con toda la historia que arrastra.

Desde el año 2010, desarrollamos un segundo proyecto en elParque Natural de Collserola de la ciudad de Barcelona (en la llamada “agricultura periurbana”), con jóvenes con dificultades y gestionando la viña de la ciudad y elaborando su vino institucional.

Todo este camino de esfuerzo compartido, complicidades, lucha y profundos debates internos nos ha llevado a ser actualmente una organización con unos 75 miembros, integrando en este grupo a 34 personas “frágiles”.

Si miramos atrás, nuestra historia ha estado marcada por el deseo de hacer posible un proyecto donde el hecho económico y social vayan de la mano y no sean contrapuestos. En una sociedad “hiper-compartimentada”, intentamos vivir con una visión transversal que haga compatible la inserción social con la elaboración de productos de origen y alta calidad. Después de todos estos años, constatamos que el desempeño en común, la transformación respetuosa de las materias primas, la participación activa en la propia empresa son herramientas válidas para crear un lugar de trabajo y vida que nos permite desarrollar y mejorar nuestras habilidades y capacidades.Llevar a cabo este proyecto el ámbito rural nos anima a seguir creyendo en el futuro de estos espacios, donde los cambios de los modelos agrícolas y productivos son constantes y plantean muchos interrogantes. El concepto nuevo que se va gestando de Agricultura Social reúne estos elementos (acción social, territorio, servicios a las personas,etc) y con él nos sentimos identificadas e identificados.

Los ejes del proyecto

L’Olivera la concebimos como una cooperativa que desde el mundo rural y periurbano quiere crear una organización viva y viable que integre tres ejes de funcionamiento, tres voluntades interrelacionadas.

Inclusión Social: Nacimos y trabajamos para crear un espacio que integre personas “frágiles” de nuestra sociedad, especialmente con discapacidad psíquica y/o mental, donde a partir del trabajo y la vida colectiva cada uno pueda progresar a su ritmo como persona.

Actividad económica basada en el Valor Añadido: creando en nuestro entorno agrario una experiencia de futuro y elaborar productos de calidad que den valor a toda la cadena de producción: tierra, productores, consumidores.

Gestión Cooperativa: nuestro paraguas y motor de funcionamiento es el modelo cooperativo con todo el carácter y potencialidades que presenta. Nos adherimos al cooperativismo de trabajo asociado en el marco de una actividad agraria.

Las potencialidades de la participación

Cuando valoramos colectivamente nuestra trayectoria (en asambleas, planes estratégicos, etc), una de las constataciones más habituales es que estar vivos ya es un éxito. A continuación describimos algunas intuiciones cuando pensamos y reflexionamos porqué seguimos vivos, así como las dificultades habituales que tenemos que superar, especialmente relacionadas con el eje del funcionamiento cooperativo, que está en el origen de L’Olivera y hemos intentado trabajar y desarrollar con intensidad, con un modelo de trabajo poco habitual en el mundo rural (de “explotación comunitaria de la tierra”), en el que lo más común son las cooperativas agrarias.

Como explicábamos anteriormente, viabilizar un proyecto económico para nosotros supone centrarnos en elaborar un producto propio de calidad. Para ello invertimos en formación, conocimiento y en tecnología, y hacemos muchos kilómetros visitando múltiples experiencias que puedan alimentar la nuestra desde los diferentes ámbitos que trabajamos: elaboración de vinos y aceites, modelo cooperativo, mundo rural. En este sentido funcionamos como organización participativa, en la que nos jugamos nuestras capacidades y obtenemos diferentes retornos, uno de ellos el monetario.

Creemos que, a menudo, las cooperativas agrarias no han creado condiciones para elaborar productos de gran calidad –salvo algunas excepciones- y que un reto importante para ellas es potenciar la mejora continua. El entorno cooperativo agrario remunera a menudo peor que la empresa privada y ello puede ser debido a la falta de una “cultura de la calidad”. El desafío entonces es cómo, en un entorno cooperativo implementamos políticas que favorezcan la calidad de los procesos y que las y los socios que no trabajan bien no condicionen el conjunto. En ese sentido hablamos de convertir igualdad (mismos precios, mismos salarios, mismas liquidaciones,…) en equidad (mismos derechos para todas y todos pero ligados a la calidad). Implementando políticas de mejora de la calidad de los procesos y los resultados finales, se mejoran los ingresos, y, por tanto, la remuneración a las y los socios, favoreciendo así una economía rural más sostenida.

En el mundo rural, a veces constatamos una resistencia a creer en un futuro mejor, pues el futuro que muchas generaciones han deseado era irse, abandonarlo. Plantear que hay futuro y oportunidades acaba siendo en sí mismo contradictorio para una parte de la población rural y es necesaria mucha fidelidad y resistencia para demostrar –con hechos- a nuestros vecinos que sí hay futuro.

En la actualidad, la cooperativa nos parece una herramienta válida como organización adaptada a los tiempos, que permite la participación de las y los trabajadores y en la que pueden encontrar también un impacto social importante más allá de la estricta remuneración del trabajo. Experimentamos que la cooperativa es más flexible en el sentido de que la gestión llevada a cabo por sus miembros es más directa, y la interiorización de las situaciones del contexto es más fácil. La actual crisis, por ejemplo, nos ha obligado a reducir la escala salarial que habíamos estado un año elaborando para ajustar equidad, dedicación y competencias profesionales…

En relación a la consolidación de puestos de trabajo, la cooperativa ha ofrecido estabilidad laboral a varias unidades familiares, y muchas de ellas a través de puestos de trabajo para mujeres con la posibilidad de participar en la empresa, conciliar con la familia y otros beneficios que resultan en haber creado un colectivo con elevada presencia femenina, también en cargos directivos.

Nuestro funcionamiento cooperativo

Si miramos atrás, dentro del funcionamiento cooperativo hay algunos elementos que han sido importantes para seguir vivos. Podemos destacar el liderazgo ético, donde los cargos con responsabilidades interiorizan la identidad de la cooperativa sin patrimonializarla, compartiendo la visión y generando futuro. También ha sido fundamental el apoyo externo, en el que parte de las y los socios de la cooperativa y algunos miembros del Consejo Rector no estaban presentes en el día a día pero participaban en las reuniones y actos sociales. La aportación voluntaria de muchas personas socias en forma de tiempo, esfuerzo, económica, o de otras maneras, también es una señal de identidad y da credibilidad al conjunto del proyecto. La cooperativa es “algo más”.

En relación al funcionamiento, a lo largo de nuestra historia se ha sido escrupuloso en mantener las reuniones periódicas y las asambleas anuales. Las reuniones de Consejo Rector han sido tradicionalmente abiertas a todas las personas socias y este funcionamiento ha permitido transparencia en la gestión. A veces esto ha convertido las decisiones en más lentas o farragosas, pero al mismo tiempo las ha podido hacer más sólidas y duraderas. Con el tiempo hemos ido creando una cierta estructura de gestión complementaria a la estructura de representación y participación y todavía estamos ensayando el encaje de las dos. Tradicionalmente, en las diferentes reuniones, la toma de decisiones ha sido por consenso, y en nuestros 39 años de historia sólo se ha votado una vez una decisión. Confiamos en el consenso, aunque también constatamos que votar y cuantificar puede ser un buen termómetro para ver cómo andan las cosas en el conjunto del colectivo.

Otra clave para que el proyecto se vaya consolidando es tener o haber tenido el apoyo de personas expertas. Desde la producción agrícola, hasta la elaboración, comercialización, financiera, etc. hemos contado con diferentes apoyos que nos han permitido internalizar consejos y conocimientos, construyendo así una organización más sólida. Este camino nos lleva ahora, en casos puntuales, a compartir también nuestros saberes aprendidos ¡incluso más allá de nuestras fronteras…!

Junto a estos apoyos externos, nuestra experiencia se ha alimentado mucho de dos elementos: la participación en redes a diferentes niveles y la formación colectiva. Como cooperativa, formamos parte de diferentes federaciones y asociaciones. También participamos en experiencias de finanzas éticas (FETS, coop57, etc), factor clave para acometer las inversiones de los últimos años.

La formación también ha sido un elemento que hemos querido potenciar y compartir desde la cooperativa, permitiendo que las y los trabajadores mejoren sus habilidades y capacidades. Un elemento clave en este itinerario formativo ha sido hacer un viaje anual , visitando diferentes experiencias en España y Europa desde hace 15 años, lo que nos ha permitido dar una dimensión global a nuestro trabajo diario local, discreto y tenaz.

En todo este itinerario, las dificultades han sido también compañeras de viaje con las que lidiar cotidianamente. Un colectivo como el nuestro, con objetivos sociales ambiciosos, precisa de un equipo humano capaz de interrogarse, autocuestionarse y ejercer un sentido crítico constructivo. En nuestro caso sentimos las dificultades de consolidar un grupo estable, que interiorice los valores que defendemos y que esté dispuesto a convertir su lugar de trabajo en un espacio de transformación social. En este sentido a veces nos cuesta armonizar los diferentes niveles de implicación en el proyecto. Por otro lado, el mundo rural, a veces un mundo del que hemos querido “huir”, se vuelve un espacio difícil para captar personas dispuestas a sumarse a un proyecto que quiere ser innovador y de futuro. Los debates internos, en un grupo de pequeñas dimensiones, a menudo han tenido costes personales elevados, y nos sentimos “resilientes” cuando tras discusiones y polarizaciones intensas continuamos al pie del cañón para tirar adelante el conjunto. A veces la lucha es contra nosotras mismas, contra el escepticismo visceral de que es imposible construir alternativas reales.

En clave de futuro, el desafío más importante que tenemos es seguir haciendo viable nuestra organización, con visión a largo plazo y en la que cada persona juega su papel para remar en la misma dirección. El desafío es ir creando un grupo que puede interiorizar y actualizar nuestros valores para proyectar L’Olivera en el futuro. Si tenemos que crecer, estamos abiertos a un crecimiento más en red que de escala global, para permitir replicar o compartir un modelo en el que creemos.

El reto está servido y queda mucho por hacer.

L’Olivera sccl.

http://www.olivera.org/

Vallbona de les Monges, noviembre de 2013.

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