Voces campesinas reflexionan sobre el cooperativismo

VOCES CAMPESINAS REFLEXIONAN SOBRE el COOPERATIVISMO

Junto con toda la información que recoge la revista sobre el cooperativismo agrario es fundamental tener la opinión de las personas que forman parte de las mismas. Hay visiones similares, pero también algunas contrapuestas, y desde luego una primera reflexión nace al constatar que cuando hemos recibido estos testimonios, y a pesar de los esfuerzos, la práctica totalidad son voces masculinas. ¿Qué papel tienen las mujeres en el cooperativismo actual? ¿Porqué quedan invisibilizadas? ¿Qué consecuencias tiene esta situación? ¿Cómo puede cambiarse? Son preguntas para la reflexión que queremos compartir.

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Juan Antonio García Villalba. Apicultor. Cooperativa Los Llanos. Cuevas del Becerro.

Si en algún segmento de la economía se ha instalado el sistema cooperativo ha sido en el campo. En el caso de Andalucía, es raro el pueblo que no tiene su cooperativa agrícola, que suele ser sobre todo de olivar, cereales, vino y de suministros como gasoil, herramientas y maquinaría de todo tipo. La demanda de las y los agricultores por este modelo de empresa surge un tanto por ideología y otro por las ventajas obvias: comercializar conjuntamente y asociarse para la compra de los insumos que necesitan para producir.

Pienso, que las cooperativas son las empresas más sociales que existen. Están en manos de muchas personas y con unas normativas muy progresistas para regularlas. Se trata del modelo empresarial más fuerte hasta ahora inventado, porque cualquier problema o crisis que pueda tener se puede superar al recaer sobre mucha gente. Lo que una empresa unipersonal no resiste, la cooperativa lo aguanta.

Y a pesar de esto ¿por qué a veces fracasan? La mayoría de los fracasos no suelen ser porque no sean competitivas en el mercado y sean expulsadas de éste. Los fracasos (en menor cantidad que en la empresa privada) suelen venir por la mala gestión, ya sea porque se deja todo en manos de un gerente externo a la cooperativa y no se da seguimiento desde la Junta Rectora, o bien porque las y los socios no se implican en la cooperativa y la Junta Rectora y el gerente no administran los intereses de las y los cooperativistas como debe ser. La falta de implicación de socios y socias en sus cooperativas no es sólo de este sector; si hablamos de otros colectivos sociales como sindicatos, partidos políticos, AMPAS,… suele ocurrir lo mismo. La no participación y el nulo control de su funcionamiento facilita que sus dirigentes se aprovechen de esta situación, e incluso se llegue a situaciones de corrupción.

Las raíces de este modo de proceder de los verdaderos dueños de cooperativas, sindicatos, partido,etc. hay que buscarlas en los 40 años de dictadura que soportaron nuestros padres y madres, en los que crecieron muchas generaciones sin ninguna cultura de participación social y con una represión brutal de cualquier forma de organización. Ésta es la diferencia que tenemos con muchos países europeos.

Juan José Mallén. Agricultor. Cooperativa Joaquín Costa. Binéfar.

Estamos viviendo desde hace unos años unos cambios muy fuertes en la sociedad en todo el mundo, y nos afectan a las y los agricultores directamente. El desarrollo de la agricultura convencional se orientó hacia la “productividad”, haciendo hincapié en la necesidad de mecanización, cambiar semillas, potenciar monocultivos más rentables, más abonados, la utilización de químicos para combatir plagas y “malas hierbas”, y las nuevas tecnologías transgénicas. Al mismo tiempo se desregulaban los mercados, “libre mercado”, dominado por las corporaciones internacionales y el sistema financiero. Y se creaba una agricultura y ganadería subsidiada dependiente de ayudas públicas, en nuestro caso europeas. Todas estas medidas han supuesto gran endeudamiento, dependencia y frustración para mucha gente del campo, que se han quedado en el camino y sin continuidad por parte de los jóvenes, reordenándose la propiedad de la tierra cada vez en menos manos e invirtiendo gente ajena al sector.

La repercusión de estos cambios afecta directamente a las Cooperativas de las que somos parte. Para mantener la cooperativa en este “río revuelto” y cubrir los costes de su estructura es necesario conseguir más ingresos. ¿Cómo se pueden conseguir márgenes interesantes de beneficios para mantener la cooperativa? La respuesta parece estar en la venta de los productos al agricultor, por lo que se le incentiva al consumo. Se recomiendan semillas nuevas, transgénicas, más abonados, más tratamientos herbicidas, insecticidas, fungicidas etc. con el argumento de conseguir mayor producción, eso sí, siempre avalado todo con estudios “científicos”, que son puras campañas de marketing para favorecer las ventas y conseguir buenos márgenes comerciales e ingresos para la cuentas de resultados de las cooperativas. Al agricultor, si es necesario, se le financian los gastos hasta la cosecha. Con el compromiso de que la entregue a la cooperativa, se le facilita el endeudamiento. También se suelen ofrecer seguros para “paliar algunos riesgos”, lo que supone más gastos.

Las cooperativas intentan mantener su estructura y, consciente o inconscientemente, son muchos los gerentes y juntas directivas que nos conducen por este peligroso camino. Dirigen la economía de sus cooperativas entrando en el proceso de potenciar la agro-industria-química-biotecnológica, que es la que obtiene los beneficios de sus patentes, controla el mercado y genera la dependencia hacia sus productos, normalmente peligrosos y contaminantes. Consiguen destruir nuestro principal recurso, la fertilidad de la tierra, ya que con los pesticidas nos cargamos la materia orgánica, los microorganismos, bacterias, etc. y salinizamos el suelo con los abonos de síntesis. Con esta política se garantiza el gasto que hay que pagar pero no la rentabilidad, y acaba volviéndose en contra del cooperativista, más vulnerable.

Hace tiempo que vivimos momentos muy críticos para la agricultura y la alimentación y es gratificante desarrollar vías alternativas a las marcadas por las grandes corporaciones agroalimentarias. Son rentables y se aplican con técnicas respetuosas con nuestro medio natural. La economía social, con las cooperativas en primer plano, sigue siendo necesaria en nuestros pueblos, con la orientación adecuada a nuestros intereses. De lo contrario, tenemos los días contados.

José Antonio Gallego Pulido. Agricultor. Málaga. Grupo Extiércol.

Mi relación con las cooperativas agrarias comienza en mi niñez, cuando, como hijo de campesino, acompañaba a mi COMPAIRE_2119padre a llevar aceitunas y cereales recolectados, comprar simientes, etc.

Donde vivo, las cooperativas comenzaron a fundarse a partir de los años 60-70 y llevo tiempo pensando que la raíz de muchas de ellas fue intentar solventar problemas más que ver una oportunidad en lo colectivo, si bien el factor colectivo/humano y la orientación hacia el bien de sus socios y socias ha sido palpable durante muchos años.

Ya no entro en las cooperativas creyéndome formar parte de algo, predomina el mercantilismo puro y duro. Aunque quedan todavía ejemplos de pequeñas cooperativas donde la nota del asociacionismo subsiste, todos los mensajes mediáticos van en la línea de crear grupos más grandes, que consigan más cuota de mercado, con funcionamiento más gerencial que asambleario, aunque sea a costa de sacrificar al socio o socia, eso sí, sirviendo copa de vino y jamón en las cada día “más pobres” asambleas ordinarias.

En mi humilde opinión deberíamos replantear de una forma reflexiva y profunda la filosofía, los valores y la misión que nuestras cooperativas locales deben tener. Concienciarnos de que de la cooperación pueden surgir alternativas reales, mucho más sostenibles y sociales, a la agricultura convencional burocratizada y perfectamente monopolizada que actualmente tenemos.

 

COOPERATIVA LA GARBIANA. Tarroja, Lleida

Núria Verdés. En nombre del colectivo Cooperativa La Garbiana

No sabemos si el sistema cooperativo puede cambiar el mundo, lo que sí que está claro es que puede ayudar a cambiar a las personas y estas serán las que cambiarán el mundo. 

Los cuatro, hijos de un pequeño pueblo de poco más de cien habitantes, empezamos a trabajar juntos: montar parada en los mercados, ir a ferias, cultivar varios huertos, comprar una máquina recolectora y, entre todos los jóvenes del pueblo, compramos el primer molino. Funcionábamos como cooperativa mucho antes de saber exactamente el funcionamiento real de una cooperativa. Ramón, encima del tractor, de escasas palabras pero con una sensibilidad que cuando se hace voz, acalla incluso a Mario Vargas Llosa; Jordi, maestro molinero que nos da conversación política y metafísica; Ignasi, que mantiene su dominio en los trabajos del huerto, esforzándose contra la inexperiencia y contra esa estúpida imagen que televisivamente se proyecta de las gentes campesinas en este país, que nos ha hecho creer que sembrar patatas y criar cerdos lo podía hacer cualquier iletrado, pero se precisan cualidades y conocimientos que desgraciadamente son muy escasos en nuestra sociedad; y Núria, ratos en el huerto, ratos en la tienda e intentando hacer difusión de todo lo que hacemos.

Poco a poco y sin tener nada planificado, ideado o mil veces replanteado, dejamos nuestros trabajos y nos fuimos implicando cada vez más en este proyecto. Y así, nos ofrecieron poder hacer una formación con AraCoop que nos ayudara a hacer un plan de empresa y que nos dio a conocer los diferentes modelos de cooperativa y cuál se adecuaba más a nuestra manera de funcionar. Empezamos a hacer números y a tocar tierra y también empiezan las contradicciones: hacer un plan de empresa es… ¡analizar el mercado! ¡Competencia! Y eso nos removía las entrañas y nos sacudía el cerebro.

El año 2012 nos legalizamos como cooperativa de trabajo asociado. En nuestro ámbito rural, las asambleas, reuniones y toma de decisiones se hacen en el día a día porque pasamos muchas horas juntos. Tuvimos nuestros dilemas y contradicciones y llegamos a la conclusión de que podemos llevar siempre la bandera pirata, que se puede luchar desde dentro del sistema y hacer muy buen trabajo. A menudo, ahora que muchos de nosotros somos padres, lo comparamos con las escuelas: podríamos llevar a los hijos a escuelas alternativas y libres, pero creemos que se tiene que trabajar para que la escuela pública vaya avanzando hacia este camino.

La Garbiana se dedica a producir cereales, legumbres, harinas y huerta ecológica, además de tener el único establecimiento comercial del pueblo. Hemos aprovechado las infraestructuras familiares (tierras y maquinaria) y esto nos ha facilitado algún paso, pero aún así todavía hay mucha inversión por hacer. Para iniciar el proyecto, contamos con un crédito facilitado por Coop57 y, un año más tarde, para comprar un molino más grande, conseguimos con éxito el micromecenazgo Verkami. Por principios, evitamos pedir créditos a la banca convencional. Este simple cambio nos refleja que a través del cooperativismo y la colaboración ciudadana se pueden dar grandes pasos, siempre hay caminos más sanos y buenos que los que el sistema te muestra como únicos.

La gente de más edad desconfía totalmente de la idea de cooperativa -todas las cooperativas acaban cerrando porque entre los socios no se entienden, se dice. Nosotros trabajamos con ilusión y conocemos las virtudes y defectos de cada cual. Pero esto no es la cooperativa de Heidi: hemos estado más de un año sin cobrar ningún sueldo, dependiendo de nuestras parejas y familias. Los gastos nos sobrepasaban: seguridad social, crédito, tasas, plantel y tubos de riego, reparaciones de tractor…

Creemos que el sistema cooperativo tiene muchas virtudes; una de las mejores y a la vez de las más complejas es la capacidad de trabajar conjuntamente, que permite que la estructura igualitaria no ahogue a los individuos y a la vez que éstos sean conscientes de que su crecimiento individual siempre es más grande si se da en el colectivo. Para nosotros es una de las cosas más importantes, siempre decimos que La Garbiana es simplemente una herramienta para aprender a relacionarnos.

El hecho de no tener una jerarquía interna hace que la responsabilidad individual adquiera mucho valor. Nos organizamos libremente, cada cual se ha situado, se sitúa o se situará en el lugar donde crea que puede aportar más o donde mejor se adapta. Así nos podemos desarrollar libremente y con responsabilidad.

Nuestro objetivo final era hacer un marco legal para que cualquier persona del pueblo pudiera desarrollar su trabajo: el albañil, el mecánico, el del bar, el fisioterapeuta, el panadero…De momento esto va muy despacio. Bastante trabajo tenemos nosotros para controlar el funcionamiento: facturas, iva, gestoría, seguridad social, nóminas, riesgos laborales…y de momento no hay ningún socio o socia más, pero esperamos que pronto lo tengamos superado. Al final esperamos ser un modelo que pueda ayudar en otros pueblos y colectivos a salir adelante con proyectos que avancen hacia la soberanía alimentaria.

Al lado de Tarroja, una chilena y un madrileño hacían chocolate artesano y los llamaban “los cuncunes”: una “chilenada” que viene a describir a esos gusanos rojos de tierra que cavan galerías profundas y fertilizan la tierra. Ellos mismos no saben ni se dan cuenta del trabajo que hacen, pero es una tarea básica que poco a poco dará frutos …y así iremos haciendo, trabajando dignamente en aquello que nos gusta hacer.

 

 

Eduardo Navarro. Agricultor. Cooperativa La Virgen de la Oliva. Ejea de los Caballeros.

El cooperativismo Agrario y Campesino ha sido un lugar de encuentro para comercializar productos agroalimentarios, y conseguir un valor añadido que la empresa privada no te daba, generando a su vez un reparto social del beneficio. El cooperativismo bien entendido han sido empresas de la economía social, honestas, transparentes, ajenas a las especulaciones, que redistribuyen la riqueza, que reinvierten los beneficios, que ubican a la persona en el centro de sus preocupaciones, que no se deslocaliza y que son aliados de los poderes públicos.

Hoy en día muchas cooperativas agroalimentarias han entrado en un modelo de gestión que no se diferencia de la empresa privada o de una Sociedad Anónima y esto está generando en muchas cooperativas conflictos entre las personas socias, la junta rectora y la gerencia. Se está diluyendo el espíritu cooperativo a favor de intereses económicos, por ejemplo a través de cambiar la lógica de un voto, un/a socio/a, por el voto ponderado.

Los discursos y eslóganes “Las cooperativas deben ser gestionadas como una empresa privada” son discursos muy peligrosos y neo liberales. En ese modelo de gestión, el presidente de la cooperativa se convierte en el consejero delegado de la misma, y el gerente en el director general, y entre ambos toman casi todas las decisiones. El Consejo Rector de la cooperativa sólo sirve realmente para llenar la mesa presidencial de la asamblea anual que convoca la cooperativa para aprobar los ingresos y gastos, dando poderes al consejo rector para las firmas correspondientes.

Estamos las y los cooperativistas en un proceso duro, complejo y de cambios radicales, hay cooperativistas que ya no creen en este modelo actual de Cooperativismo, otros y otras potencian la fusión de cooperativas y hacen desaparecer la cooperativa base perdiendo la identidad local, que es parte de la economía de tu pueblo. Por eso hoy, redefinir la función de las cooperativas y de sus socios y socias es la clave para el futuro. Intervenir en la cadena alimentaria, recuperar los mercados locales, la venta directa, la creación de redes entre consumidores y cooperativas de venta directa, garantizar con productos cooperativos la compra pública de alimentos, y financiar bancos de alimentos a través de la Banca Ética, son referentes y posibilidades para debatir hasta donde podemos llegar, sin perder los orígenes de la cooperativa. Prostituir el cooperativismo por el ardor de la globalización y de la exportación es trabajar en la lógica del capitalismo puro y duro. Cooperativismo, sí o sí.

Juanjo Aguado Martínez. Cerealista. Agropal. San Cebrián de Campos.

El individualismo en el campo sigue siendo un mal endémico, por eso pienso que la cooperativa es una herramienta imprescindible para, desde el punto de vista económico y humano, hacer frente a las agresivas imposiciones del mercado. No hay una solución intermedia, o estas sólo o te unes con más personas para defender dignamente tu profesión.

La cooperativa a la que pertenezco, por su dimensión y atendiendo a las características de un pequeño agricultor convencional como es mi caso, es una referencia y amortigua el oportunismo económico de intermediarios y almacenistas privados. Positivo es, a mi entender, la proyección de intensificar en más productos y sobre todo transformarlos. En nombre de la competitividad, mandamiento del liberalismo económico, todo tiene que ser más grande, la cooperativa también y en ese afán hay que aumentar el volumen de compras, de ventas, invertir permanentemente en nuevas infraestructuras que cubran las demandas puntuales de la agricultura industrial. En consecuencia, el control de la cooperativa pasa por equipos de gestión muy competitivos que acaban imponiendo el ritmo y los objetivos, quedando el socio o la socia sometido a su buen hacer.

Dudo mucho que los dirigentes de mi cooperativa se planteen ese término “Soberanía Alimentaria”, tendrían que cambiar mucho las cosas, de momento tienen más claro otros conceptos que chocan frontalmente con este concepto. sueños colectivos 03

Ruth y Sisu, músicos campesinos del Penedès. Ecoxarxa Penedès y Cooperativa Integral Catalana.

Desde nuestra intención de formarnos como personas libres, desde nuestra declaración de soberanía personal e insumisión integral llevada a la práctica desde el mundo rural, desde nuestra vocación revolucionaria que considera complementarias la filosofía y la vida cotidiana, nos sentimos representados por la Cooperativa Integral Catalana (CIC)(www.cooperativa.cat), un espacio que favorece la organización cooperativa y coordinada en los ámbitos de la alimentación, educación,  salud, vivienda, transporte y energía. Somos parte de las Ecoxarxes, una red que fomenta la economía y las relaciones humanas de forma local, en base a la proximidad, con el objetivo de cubrir nuestras necesidades básicas sin necesidad de utilizar el euro. Con ellas sentimos que  nos refuerzan la vía rural y campesina. Son herramientas a nuestro alcance para consolidar y articular una forma de vida que de otra manera quedaría coja por los tiempos que corren. A través ellas ponemos en marcha puestos en los mercados, organizamos ferias, abrimos locales, arrancamos grupos de consumo, rescatamos espacios abandonados, hacemos difusión de nuestra praxis.

A veces nuestras propias estructuras políticas nos pueden parecer excesivamente burocráticas, faltas de acción, nos sobran discursos y asambleas y nos preguntamos donde está el día a día. Pero no podemos confundir una cosa con otra, la organización social en masa será asamblearia o silenciosa, y la única opción será la revolución en la vida cotidiana.

Hoy hemos recibido uno correo vía CIC-intercambios. Un señor de las tierras de el Ebro se deshace de un antiguo molino de aceite y pensaba desguazarlo como chatarra. Un compañero de la Ecoxarxa cercana ha avisado por correo, y el propietario ha recibido tantas solicitudes de rescate que actualmente no sabe gestionar la situación. Creo que es una anécdota muy elocuente.

Un comentario en “Voces campesinas reflexionan sobre el cooperativismo

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