Hemos creado un movimiento, y esta lucha va a seguir

Hemos creado un movimiento, y esta lucha va a seguir

Conversamos con 12 activistas que luchan por una agricultura libre de transgénicos

Para elaborar este conversatorio nos encontramos de manera presencial y virtual con 12 personas clave en la lucha contra los OMG en el Estado español. Proceden de varios puntos de nuestra geografía y entre ellas hay agricultores y agricultoras, sindicalistas, miembros de organizaciones ecologistas y científicas, colectivos defensores de las semillas locales y movilizadores de base. Todos y todas se conocen y el ambiente de confianza nos convierte en espectadoras de un repaso por la trayectoria de las movilizaciones antitransgénicos y sus reflexiones sobre cómo construir un futuro con semillas vivas y libres.

Organízate, Grita, Movilízate-Bajada de FB. No se sabeDavid contra Goliath

Desde que en 1998 se empezaron a cultivar los OMG en el Estado español han pasado muchos años y los movimientos sociales no hemos estado de brazos cruzados. Años en los que se han sucedido gobiernos, programas políticos y regulaciones legislativas relacionadas con la presencia de estos cultivos en nuestras vidas y que, en términos de movilización, acumulan mucha experiencia conjunta, aprendizajes y anécdotas que hemos querido reunir y plasmar en este artículo.

Puede hablarse de una gran alianza estatal en este ámbito, una alianza amplia que no había existido anteriormente y que ha supuesto acercamientos históricos como el del colectivo ecologista con las organizaciones campesinas, opuestas en otros temas. La presencia dentro del movimiento a favor de una agricultura campesina libre de transgénicos de una organización agraria se valora como muy importante. Los escándalos alimentarios de aquella época –como el de las vacas locas- y el concepto de ‘principio de precaución’ fue clave para conseguir un posicionamiento claro y firme dentro de COAG, posicionamiento -no exento de costes políticos- que hoy se ha fortalecido gracias al trabajo conjunto con las organizaciones sociales y ecologistas, cuya influencia ha sido clara para que el campesinado rechazara el algodón transgénico o se levantará contra los problemas que causan los OMG al sector apícola. Los agricultores y agricultoras van ganando claridad en cuanto a defender sus derechos (decidir qué cultivar, que sus cultivos no sean contaminados, poder producir de forma ecológica, etc.) y los transgénicos son, en definitiva, un ataque frontal a los derechos campesinos.

¿Cómo empezó todo? A nivel estatal los primeros trabajos sobre transgénicos estuvieron relacionados con la ganadería, concretamente con la hormona recombinante de crecimiento bovino (rBGH) en 1992, y el detonante definitivo fue la directiva de patentes, en la que el trabajo de denuncia de GRAIN fue muy importante. La campaña contra esta directiva fue llevada casi en exclusiva por mujeres, colaborando muy estrechamente entre varias organizaciones, y así despegó el tema OMG. La aparición en 1998 del monográfico ‘los archivos de Monsanto’ de la revista The Ecologist, desvelando la sucia trayectoria de la empresa, fue un impacto que hizo que otras muchas organizaciones se sumaran.

Las alianzas para construir una agricultura libre de transgénicos nacieron en el Estado español del impulso positivo e innovador de varias mujeres.

GP DELITOS TRANSGENICOS-GREENPEACELos primeros años, nadie había escuchado la palabra ‘transgénico’ y en algún sentido se ganó la batalla del lenguaje, consiguiendo que la opinión pública lo reconociera como algo negativo. En este tiempo ha sido muy evidente la evolución en la postura de los medios de comunicación, que inicialmente estaban más abiertos y menos captados por los intereses empresariales. Con el error del secuestro del monográfico de The Ecologist, que hizo que la revista y su mensaje tuviera mucha más difusión, las empresas de transgénicos aprendieron y desde entonces pusieron en marcha una estrategia mucho más sutil y efectiva que incluía no entrar en confrontación directa con el movimiento anti-OMG y dedicar su esfuerzo a influenciar a los medios de comunicación y a las universidades -pagando, por ejemplo, a científicos/as para que recorran programas de televisión, tertulias en la radio, atiendan entrevistas, etc. Todos y todas hemos tenido experiencias con la censura y la manipulación en este sentido. Parte de la estrategia de las multinacionales ha sido descalificar nuestro discurso diciendo que no somos ni del mundo científico ni del mundo agrario, intentar dividirnos y reducirlo todo a un debate técnico. Sin embargo y a pesar de esto, se ha conseguido pasar del desconocimiento de la población a que hoy la opinión pública esté mayoritariamente en contra de los OMG.

En el año 2000 las previsiones de la industria eran que hoy el 50% de la superficie agraria de Europa estuviera sembrada de OMG. Hemos conseguido que ni llegue al 1%, aunque lamentablemente la mayoría es en España, pero ha sido un fracaso total. Un ejemplo es la retirara de la patata de BASF por el rechazo de los y las consumidoras.

Otro aspecto que tenemos totalmente en contra es al gobierno, sea el que sea. En este tiempo, en el que se han sucedido varios grupos políticos, ha quedado claro que las diferencias han estado sólo en las formas y no en el fondo. Ha habido ocasiones en las que se llegó a alcanzar un buen nivel de diálogo y considerables avances, como con las ministras Narbona y Aguilar, sin embargo parece que nadie tiene capacidad para dar el paso definitivo de poner obstáculos a la industria; algo está por encima y ese algo tiene que ver con las políticas comerciales.

Las personas que hemos participado en los debates sobre políticas comerciales en Bruselas tenemos claro que para el Estado español la agricultura ha sido una moneda de cambio continua, nunca se ha visto como un sector estratégico, como un pilar de desarrollo, como sucede por ejemplo en Francia, cuyos gobiernos cuestionan y discuten mucho más en estas negociaciones, defendiendo su sector agrario.

La realidad social también es muy diferente. A diferencia de los países donde se han prohibido los transgénicos en el Estado español tenemosLa coexistència és imposible-Rosa Binimelis un déficit democrático, con una total desconexión entre lo que siente la población y lo que hace la clase política. El nivel de debate social también es muy diferente al de otros países. En estos veinte años se ha producido una desmovilización de la población muy importante; la sociedad española concede mucho valor a las opiniones científicas, que apenas se cuestionan, existe todavía el mito de la ciencia y la modernidad mal entendida, y además se ha jugado con el oscurantismo. Los medios de comunicación apenas hablan del tema y activar el debate ha sido más difícil en esta situación.

LOS OMG EN EL CAMPO

La aprobación, que hizo que se comenzaran a sembrar transgénicos, no fue una elección del campo, vino impuesta. Ahora es diferente, los y las agricultoras que cultivan OMG son víctimas pero cómplices a la vez, sin embargo, esta lucha sólo puede triunfar si tenemos al sector agrario, a las personas que viven del campo, comprometidas con una agricultura libre de transgénicos.

Cómo llegar a quienes cultivan OMG es un debate. Se está de acuerdo en su dificultad, ya que el concepto productivista suele convencerles rápido, aun suponiendo sólo la minimización del riesgo del ataque de taladro, que muchos años no supone un daño tan grave ni una reducción tan evidente de trabajo y costes. Parece más bien como si las y los agricultores hubieran aprendido el discurso de ‘la modernización’ que se impone desde las multinacionales y que en muchos casos las cooperativas se encargan de reproducir. Pero ver a los y las agricultoras como el enemigo es un error. Hay que incidir en otros aspectos más allá del productivo, con una pedagogía bien elaborada.

El papel de las cooperativas y de los secaderos de maíz permisivos con los OMG es muy destacable y aquí habría que señalar dos hechos: por un lado que quizá no hemos dedicado suficiente esfuerzo a estos sectores y, por otro, la existencia de un cuerpo de técnicos y gerentes que dificultan el acceso y las opiniones de personas y organizaciones que cuestionan los transgénicos. Al menos para sembrar la duda y que se tome conciencia de que la información que manejan no es la única.

La discusión sobre los OMG debe ser un debate global y amplio. ¿Es conveniente o no el sistema agroalimentario industrial donde se insertan los OMG?

ESTRATEGIAS

Galiza libre - Fernando VaqueroPero ¿sabemos transmitir bien este mensaje a la sociedad?

Se habla de que existen, a grandes rasgos, dos frentes de lucha: el relacionado con las regulaciones normativas, y el de la calle y el campo. El primero –importante- suele ser muy desgastante, se ven pocos avances. El comienzo de la campaña para la declaración de zonas libres de transgénicos, a nivel europeo, dio un respiro y devolvió el optimismo y las ganas de seguir trabajando, ya que permite llegar directamente a los municipios, a personas a las que es difícil acceder de otra manera. A ese nivel, el de la calle, los avances se ven en cada charla, cuando se aprecia el cambio en las expresiones de la gente, cómo pasan de la indiferencia a la indignación y cómo preguntan qué puede hacerse. Instrumentos como la guía roja y verde con lista de industrias alimentarias y tiendas que elaboran o venden alimentos con transgénicos han sido de mucha utilidad.

Las manifestaciones estatales realizadas en varias ocasiones también se valoran como un buen trabajo, en el que se han recargado las energías que fácilmente consumen otras tareas en esta campaña, y nos hemos emocionado con los resultados viendo junta a gente de todos los rincones de la península, sintiéndonos inmersos en el movimiento que se ha creado. En estos espacios en los que se producen encuentros, la dimensión humana de la lucha demuestra su importancia.

Hemos de mantener tres estrategias en la lucha contra los transgénicos: la difusión e información hacia la opinión pública, trabajando de abajo arriba; mantener una fuerte presencia en los debates legislativos y, por supuesto, permanecer en el campo multiplicando la libre distribución de las semillas locales. Pero también hemos de agrandar nuestras alianzas.

Conocer la legislación y trabajarla es muy importante, especialmente en el tema semillas, en el que se cuenta con aportes técnicos muy bien elaborados, pero precisamente en este tema la necesidad de una doble estrategia es evidente: trabajar con las semillas locales es fundamental, ya que constituye la alternativa desde la soberanía alimentaria, desde la agricultura campesina. Actualmente existen más de veinte redes de semillas en todo el territorio que están recuperando, conservando, intercambiando y promoviendo su cultivo.

La alianza que tenemos en la actualidad es importante, sin embargo está claro que podría trabajarse para que algunos colectivos ampliaran su compromiso, por ejemplo en el sector ecológico, con asociaciones del 15M y también con las organizaciones de consumidores, donde solo o CECU está posicionada con claridad frente a los OMG.

Aunque se quiera reducir el tema de los transgénicos a un mero debate técnico, tenemos que incidir que se trata de un tema moral, de modelo de alimentación, de agricultura, de consumo, de democracia y desde luego, de todas y todos.

FUTURO

Cuando las primeras páginas de los periódicos, día tras día, informan de recortes, de imposiciones, de aumento de pobreza, de desahucios, cuando las cifras del paro no dejan de aumentar… ¿cobra sentido mantener sobre el tapete la lucha contras los OGM? Pues claramente sí, porque en realidad son un elemento más que demuestra que y quienes nos han llevado a esta situación: la pérdida de todas nuestras decisiones, de nuestras soberanías, para beneficio del poder económico y sus multinacionales.

Cuando hablamos de cómo se ve el futuro de esta lucha, entre algunos pesimismos en el corto plazo, se abre paso una certeza en la que todas y todos estamos de acuerdo. El modelo que empieza a resquebrajarse, basado en el petróleo barato, es el agroindustrial y los OMG están totalmente vinculados. Se ha visto que no se han cumplido las promesas respecto a ellos y que están dando problemas: aparecen ya en EE.UU hierbas resistentes al glifosato, estudios que hablan de tumores en mamíferos, etc. Es importante divulgar esta información.

Aunque no se espera nada de los gobiernos, sí se espera que Europa limite la aprobación y el desarrollo de nuevas variedades. Excepto España y Portugal, el resto de países disminuyen su cultivo. Y, sobretodo, la esperanza está en la gente: en la del campo, en los consumidores y consumidoras, que al fin y al cabo somos todos y todas.

Sabemos que estamos ante una construcción que va más allá de la lucha contra los transgénicos, defendemos y tratamos de poner en marcha un nuevo modelo productivo. Los transgénicos simbolizan el control absoluto de la vida a través de las semillas y es inimaginable una agricultura campesina que tenga transgénicos; no podría hablarse de agroecología, el debate sobre la economía local, sobre los circuitos cortos, sobre nuestra autonomía, se habría terminado.

Pararlos es el primer paso para seguir construyendo ese otro mundo que el empuje de nuestro convencimiento ya ha puesto en marcha. Mientras nos despedimos, apreciamos en el aire otra gran fuerza, la más importante: la complicidad.

AGRADECIMIENTOS
Agradecemos a los compañeros y compañeras que han participado en este conversatorio con sus ganas de aportar a la continuidad y fortalecimiento de esta lucha.
 
Liliane y David, de Amigos de la Tierra
Jeromo, campesino y miembro de Plataforma Rural
Andoni, campesino de COAG y de EHNE Bizkaia
Juanfe, de Salvia
Ana, de la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU)
Helen, campesina y miembro de EHNE Bizkaia
María, de la Red de Semillas Resembrando e Intercambiando
Luis, de Greenpeace
Isabel, de Ecologistas en Acción
Rosa, de Ensser
Joserra, de Som lo que Sembrem