gotas

Cuando una semilla se moja,

nace un árbol.

Una semilla bajo tierra es una espera, es la calma y la sabiduría que aguarda las condiciones para transformarse.

La inclinación del rayo de sol, la temperatura de la tierra y una sola gota de humedad serán despertar de metamorfosis

¿Queremos cambiarlo todo? ¡Seamos estímulo!

El próximo 17 de abril queremos contribuir a dispersar el mensaje campesino sobre las semillas

(Llamamiento LA VÍA CAMPESINA)

¿Cómo?

Esperamos una lluvia de gotas, aire fresco que haga volar pequeñas contribuciones, mínimas expresiones que quepan en un suspiro (un haiku, una foto, una ilustración…) que, juntas, sean un paisaje de diversidad en la siguiente revista y en nuestra página web.

Mándanos a suscripciones@soberaniaalimentaria.info , antes del 17, tus fotos creativas, dibujos o haikus, con las semillas campesinas como temática central.


17 de ABRIL 2014 :
DIA INTERNACIONAL DE LAS LUCHAS CAMPESINAS

¡SEMILLAS CAMPESINAS EN RESISTENCIA!

 

 

La universidad como espacio de incidencia para la Soberanía Alimentaria


(*) Mamen Cuéllar Padilla

La Universidad es una institución que tiene el poder social de producir verdad y conocimiento. En este contexto, por el que pasan miles de personas cada año y trabajan otras tantas, las posibilidades de generar incidencia social y política son enormes. Sin embargo, tanto la Universidad como institución, como la Ciencia oficial, están profundamente imbuidas del espíritu neoliberal, en el que la modernización y el progreso, sinónimos de industrialización, desagrarización, globalización y mercantilización, son el objetivo indudable a alcanzar y reproducir. Analizamos esta Institución, y tratamos de aportar algunas reflexiones sobre la capacidad real que percibimos de generar incidencia política coherente con la Soberanía alimentaria a través de la misma.

Son muchos los retos y los frentes que se nos plantean en esta aventura de la Soberanía alimentaria. Unas personas la van conformando en espacios de autogestión, rodeadas de un sistema y unas instituciones que entorpecen su desarrollo la mayoría de las veces de una manera bastante activa. Otras miran a este sistema y a estas instituciones con la idea de ir introduciendo las lógicas y principios de la Soberanía alimentaria en ellas y a través de ellas. La Universidad es una de estas instituciones.

del libro 'El jardín escondido'

del libro ‘El jardín escondido’

La Universidad como institución

Hablamos de una institución del sistema. Un espacio muy activo históricamente en la construcción de lo que ahora tratamos de deconstruir: la Revolución Verde, la modernización y el progreso, la globalización economicista, etc. Y esto se refleja en los currículums formativos de las Universidades así como en las líneas de investigación hegemónicas, donde encontramos esa visión capitalista de la modernización. Se trata de una visión profundamente impregnada de nociones tales como industrialización, mercados globales, competitividad o modernización tecnológica. Las universidades pugnan por dar la imagen de centros modernos, altamente tecnificados, muy volcadas en su dimensión internacional y en sus relaciones con empresas, valoradas según su tamaño y su proyección en el mercado global (invito a visitar el vídeo de presentación del Campus de Excelencia Internacional Agroalimentario creado en Andalucía por cinco universidades públicas: http://www.youtube.com/watch?v=zKedqMeK2w4; donde se refleja en tres minutos y de una manera muy gráfica lo que aquí exponemos).

Además, y si profundizamos un poco en sus mecanismos de funcionamiento, vemos cómo los criterios de evaluación de su calidad y los procedimientos de selección de su personal investigador y docente están basados en la competitividad, la individualidad, la jerarquía, la concentración de poder y el fomento de la globalización capitalista. Que la Ciencia y la Investigación, en nuestro país, estén dentro de lo que se ha llamado el Ministerio de Economía y Competitividad, es una excelente señal de ello. Como lo es el reparto de fondos para la investigación que se hace en las diferentes convocatorias tanto de las propias universidades como de las distintas administraciones.

Esta Universidad ha sido un agente de transformación social muy importante. Pero una transformación social en el sentido opuesto a los planteamientos de la Soberanía Alimentaria: modernización y progreso como sinónimos de desagrarización, concentración de poder, industrialización, pérdida de identidades culturales y urbanización del territorio, entre otros procesos promovidos.

En este contexto, nos planteamos la posibilidad de hacer incidencia a favor de los principios y pilares de la Soberanía Alimentaria. Y si consideramos los datos del Instituto Nacional de Estadística, observamos que en el curso 2010 – 2011 había algo más de novecientas mil personas cursando estudios universitarios, y cerca de doscientas mil personas trabajando en estos centros. Con estos datos podemos afirmar quela institución universitaria aglutina a una comunidad muy importante, y ya no solo por tamaño, sino sobretodo porque de ella saldrán las futuras profesionales que gestionarán las políticas públicas, que darán licencias de apertura de una actividad, que elaborarán normativas y legislaciones, y en definitiva que establecerán lo que se puede y no se puede hacer en nuestros pueblos y campos, en nuestra alimentación, en nuestras relaciones sociales y económicas alrededor de la alimentación, entre otros.

Esta realidad nos hace plantearnos que es un espacio difícil, pero importante. Y, al final, como en todas las instituciones, son las personas las que les van dando contenidos en el día a día. Aquí es donde encontramos algunas reflexiones valiosas y positivas, más allá de la “esquizofrenia” que puede suponer estar dentro de una institución como esta, tratando de plantear y hacer las cosas de otra manera, pero teniendo que aceptar a la vez sus reglas del juego para garantizar tu permanencia en ella.

El paradigma de la Soberanía Alimentaria en la Universidad

La incidencia de los principios de la Soberanía Alimentaria se puede plantear en la Universidad a través de personas concretas y propuestas concretas. Y de hecho las hay, como el paradigma de la “Ciencia con la Gente” que, bajo diversas nomenclaturas, es el que ha conseguido romper con la superioridad del conocimiento científico sobre otras formas de conocimiento llamadas populares. Reconociendo que la ciencia es una estructura social donde existen intereses, ideologías, preferencias subjetivas, una de las primeras cuestiones que aborda es la falsedad del mito sobre la neutralidad de la misma. La ciencia no es objetiva, no es neutra, la hacen personas con toda la carga subjetiva que esto supone, que deciden en cada momento qué investigan, cómo, para quién… y cada una de estas preguntas tiene múltiples opciones, y no sólo una como requeriría la neutralidad y objetividad tan aclamadas.

Sin embargo, en muchos casos, la ciencia es un servicio público. Y entonces nos replanteamos estas preguntas: para quién, para qué, quién se beneficiará de sus resultados, qué escenarios potencian estos resultados y cuáles destruyen, etc.

El paradigma de la “Ciencia con la gente” plantea, en base a estas reflexiones, una ética de la investigación en la que ésta realmente se pone al servicio de la sociedad.

Y para que esto no quede en titulares, desarrolla metodologías de investigación en las que realmente es la gente la que hace sus propios diagnósticos de las problemáticas a resolver, orienta las investigaciones, establece los objetivos y dialoga con sus propios conocimientos con el estamento científico para generar soluciones desde sus propias realidades y lenguajes. Se trata de metodologías, como la Investigación Acción Participativa, con sus diversas nomenclaturas, basadas en el diálogo de saberes y en la democratización de la toma de decisiones. Las personas investigadoras ya no son las expertas que ostentan la verdad, sino personas con herramientas de investigación científica que ofrecen sus servicios y sus conocimientos a los grupos sociales con los que deciden trabajar, y funcionan a través de una negociación y un diálogo continuos en torno a los objetivos, los diagnósticos, los resultados y los impactos, etc.

Esta Ciencia con la Gente también tiene sus homólogos en la educación – formación. Existen numerosas propuestas pedagógicas, muchas de ellas con largos recorridos históricos, que plantean esta horizontalidad en el intercambio de saberes, esta construcción colectiva de conocimiento desde las realidades, contextos y lenguajes de las personas implicadas. Bien recogidas quedan en el artículo ESCUELAS CAMPESINAS PARA LA SOBERANÍA ALIMENTARIA de esta misma revista.

Todas estas propuestas se pueden potenciar y desarrollar desde la Universidad, a través de personas y grupos afines a las mismas, en sus ámbitos de actuación.

La Soberanía Alimentaria tiene la complejidad de que no sólo plantea unos contenidos distintos a los de la modernización, progreso, hegemonía del conocimiento científico, etc. Aparte de estos contenidos, con propuestas muy concretas, también plantea el reto de hacer las cosas de otro modo. De la horizontalidad, de la democratización de los espacios y los procesos.

Caminos posibles

del libro 'El jardín escondido'

del libro ‘El jardín escondido’

Con todo lo dicho, podemos afirmar que asumir la institución universitaria como vehículo para difundir y construir la propuesta de la Soberanía Alimentaria tiene varias vertientes. Por un lado, a través de los contenidos de la formación, de la investigación y de la “transferencia de conocimiento”. Será un paso fundamental lograr, a través de las personas y grupos afines en la universidad, ir introduciendo en los currículums formativos y las líneas de investigación, los principios y pilares de la Soberanía Alimentaria. Esto requiere alianzas y redes, y mucha capacidad de convicción a través de los mecanismos que la ciencia habilita para reproducirse (artículos de impacto, organización de congresos, presentación de comunicaciones, investigación a través de proyectos financiados por convocatorias de excelencia, presentación de proyectos de innovación pedagógica basados en este paradigma, entre otros). La única dificultad, enorme por otro lado, la tendrán estas personas puente con la institución, que tendrán que asumir las reglas de juego de la Universidad para estabilizarse en ella y poder consolidar esta incidencia.

Pero el gran reto, bajo mi punto de vista, aparece en los cómo, más que en los contenidos. En asumir los principios de la Soberanía Alimentaria, en cómo se abordan las aulas, los proyectos de investigación, o los proyectos de “transferencia de conocimiento”. Aquí está el gran reto y, asumiendo la derrota del pesimismo, surge la enorme duda de si en el marco de esta institución realmente se pueden transformar las metodologías:

  • En el ámbito de la investigación, las distintas convocatorias que existen, su estructura, sus plazos, sus requisitos, sus resultados exigidos, son casi incompatibles para que podamos desarrollar nuestras propuestas. Los procesos de construcción colectiva de conocimientos y de diálogo horizontal de saberes, y del desarrollo de propuestas colectivas entre personas de distintos ámbitos, contextos y objetivos requieren tiempo, no permiten predecir unos resultados ni establecer unas hipótesis.

  • En el ámbito de la formación, los planes formativos o currículums de las universidades están cerrados. Se establecen a priori, al detalle, y se exigen unos mecanismos de evaluación determinados. Si bien sigue existiendo la “libertad de cátedra”, habrá determinadas cuestiones que se tendrán que respetar, y que desde luego nada tienen que ver con las propuestas pedagógicas planteadas. Por supuesto, sin entrar en las salidas a campo o las prácticas fuera de laboratorios y aulas que las universidades ofertan en sus programas formativos, cuya exigüidad nos da una idea de la nula importancia que se le da a la formación fuera del campus universitario y al diálogo con otros saberes y conocimientos.

MIRARNOS TAMBIÉN A NOSOTRAS MISMAS

El reto que se nos plantea para concebir la universidad como un espacio de incidencia política coherente con la Soberanía Alimentaria no recae, a pesar de todo lo expuesto, únicamente en la institución universitaria y las personas que la componen. También en las propias organizaciones campesinas, redes y articulaciones en torno a la alimentación, y otros grupos sociales vinculados de alguna u otra manera a la construcción de la Soberanía Alimentaria nos encontramos una falta generalizada de cultura de la participación y del diálogo de saberes.

Por ello, algunos de los aprendizajes más interesantes que podemos extraer es la necesidad de ir incorporando habilidades colectivas y de diálogo que se salen de los egos y de las consignas de la competitividad y el reconocimiento social. Esto a nivel de grupos sociales y de personas es difícil pero abarcable. Y desde la Universidad, espacios existen y se pueden ir abriendo para ir cambiando conciencias y percepciones.

Con todo lo dicho, rescatamos un elemento accesible y posible para generar incidencia y transformación social a través de la Universidad. Merece la pena, a pesar de las dificultades, generar redes y articulaciones de incidencia en la Universidad, con alianzas estratégicas al interno de la misma a través de grupos docentes, investigadores y de gestión afines, con el objetivo de ir introduciendo nuestros principios y análisis en esta institución. No en vano, es una institución que acoge a mucha gente cada año y, sobretodo y como ya hemos dicho, a las futuras profesionales vinculadas a los sectores agroalimentarios.

Mamen Cuéllar. OSALA

Universidad, sociedad y empresas transnacionales en el capitalismo del S.XXI


(*) Moisés Hidalgo.

Buena parte de quienes me lean recordarán el conocido documental que Charles Ferguson dirigió en 2010 bajo el título de Inside Job. La película muestra cómo se tomó la decisión de aplicar una inyección de 700.000 millones de dólares en entidades financieras de los Estados Unidos en septiembre de 2008, con el objetivo aparente de salvar la crisis financiera que se avecinaba en ese momento. Una operación que, como ya sabemos, se repetiría varias veces en muchos países, apoyando así a los máximos responsables de la actual crisis sistémica.

Un trabajo interno (“Inside Job”)

En el documental Inside Job vemos una representación de las reuniones celebradas entre la secretaría del Tesoro de los EE.UU., controlada directamente por un equipo de ex ejecutivos de Goldman Sachs, y las grandes entidades financieras privadas del país, incluyendo también a la propia Goldman Sachs y JP Morgan, tal vez las dos más influyentes. Pero en la obra se denuncia otra faceta de aquel expolio: el papel que jugaron en todo ello diversos docentes e instituciones universitarias que, a su vez, trabajan asesorando a esas empresas y ocupando ministerios y otros cargos de alta responsabilidad política. Así, el director del departamento de Economía de Harvard defiende impúdicamente la inexistencia de conflicto de intereses en este triple rol de profesor, asesor y “policy-maker”.

El problema no es nuevo. El entorno en el que trabajan las universidades constituye a la vez la fuente de sus investigaciones, de su financiación y de su prestigio, en un contexto cargado de conflictos de intereses, las más de las veces ocultos.

Un poco de historia

Todas las universidades e instituciones educativas están impregnadas de esta tensión entre pensamiento científico e intereses de poder, si bien la influencia de la clase dominante no se manifiesta de forma uniforme ni determinante en todas y cada una de sus actividades. Ocurre así desde los tiempos de la Academia de Platón, el Liceo de Aristóteles o el Jardín de Epicuro, tres instituciones educativas en las que se manifiestan tres modos diferentes de abordar su relación con el poder. Muchos siglos después, cuando se consolidó el concepto actual de Universidad, las personas que defendían el modelo de sistema solar heliocéntrico anatemizado por la Iglesia sufrieron persecución en algunas universidades españolas y europeas, en la época en que Copérnico escondía sus conclusiones por miedo a la represión o Galileo era obligado a retractarse. El problema, pues, viene de atrás, y los casos citados son sólo algunos de los ejemplos más conocidos de un contexto general.

Ya en el capitalismo, la interacción de las universidades con la sociedad y su estructura de poder ha sido estudiada desde diversas posiciones, tratando de hacer luz en su doble función de avalista ideológico del sistema imperante, por un lado, y creadora de propuestas de transformación social, por otro. Podemos citar algunos autores como Marx, Max Weber, Durkheim. Gramsci, o, en España, Manuel Sacristán, que hicieron aportaciones de gran interés. Fuere cual fuere la perspectiva elegida, todos ellos estudian en qué medida existen fuerzas que impulsan a las universidades a ponerse total o parcialmente al servicio de grupos o clases dominantes o emergentes.

Durante las últimas tres décadas, el modelo mal denominado “neoliberal” ha logrado poner al mundo Académico a su servicio de manera mucho más contundente y directa que en anteriores fases del capitalismo. En los años ochenta del pasado siglo, mientras en EE.UU. la fundación Heritage ejercía una fuerte presión mediática, política y cultural para imponer el nuevo modelo en todos los ámbitos -académico incluido-, el gobierno conservador británico iniciaba un proceso de reducción de gasto público y reforma radical del Estado que incorporaba también reducción en la financiación pública de las universidades. Esta práctica, llega hasta hoy a través de los conocidos “recortes”. Todo ello ha obligado a las universidades a buscar financiación en grandes instituciones privadas para mantener su funcionamiento, fenómeno nada novedoso pero cuantitativamente creciente a partir de ese momento.

Buscar financiación en empresas privadas, hoy en día es una práctica habitual en todas las universidades públicas y en gran parte de los grupos de investigación universitarios en el ámbito de la medicina, química, agroquímica y otros, dependen en buena parte de los ingresos obtenidos en esta conexión entre Universidad y empresa. Y de esta forma, en el contexto actual de mercantilización de todo lo visible y lo invisible, esta interacción pone a la ciencia de rodillas, al servicio de la explotación de clase y de la acumulación de capital

¿Financiación filantrópica?

Mencionemos algunos casos entre los muchos que podríamos elegir. El Institute of Development Studies (IDS), de la Universidad de Sussex, en Inglaterra, ha dedicado gran parte de su atención -como otras universidades- a estudiar desigualdades de clase y de género, o situaciones de explotación y exclusión creadas por los mercados agrarios internacionales en países periféricos. Si miramos la lista de patrocinadores actuales del IDS, en su propia web encontrará entre ellos las Fundaciones Gates, Ford, o Rockefeller, por citar algunas. La Fundación Rockefeller, a su vez, está estrechamente vinculada a JP Morgan, ese banco que, junto a Goldman Sachs (de nuevo aparecen estos nombres….), controla los mercados internacionales de cereales. Los procesos especulativos generados en estos mercados elevaron el precio internacional de los cereales de forma alarmante en los primeros meses de 2008 –más que duplicaron su valor, en algunos productos-, y de nuevo en 2011, repartiendo y extendiendo el hambre por el planeta. La situación provocó grandes revoluciones populares en ambos casos, incluida la primavera árabe.

Algunos estudios realizados en el IDS mantienen un enfoque reinvindicativo y transformador, pero ¿podemos decir que su línea general de trabajo se sigue elaborando en base a sus objetivos originales?

Naveguemos ahora por las aguas de Monsanto. En su web encontramos que esta corporación trabaja con y financia a diversas universidades en los países en los que invierte. También difunde en la red su imagen de Empresa Socialmente Responsable. Como es sabido, se trata de la corporación más poderosa del mercado mundial en el ámbito de la agricultura tecnológica, y ejerce a su vez un control directo sobre la Agencia de Medio Ambiente de EE.UU., la OMC y otras muchas instituciones con gran capacidad de decisión en torno a los asuntos que conciernen a la empresa.

Es este curriculum –bien conocido por las y los lectores de revistas como ésta- el que abre a Monsanto las puertas en la Universidad ¿Son meras operaciones filantrópicas sin influencia sobre las líneas de investigación y docencia de las instituciones receptoras de esa financiación? Puede contestarse de manera intuitiva.

Como puede verse, las universidades se ven actualmente muy influidas por el llamado “filantrocapitalismo”, una línea de acción promocionada por los habituales del Foro Económico Mundial de Davos: grandes poderes financieros y especuladores –los más potentes del planeta-, que invierten una pequeña parte de los beneficios de sus expolios en estas acciones, cínicamente calificadas como “filantrópicas” (etimológicamente, amor a la humanidad).

Más allá de estos mecanismos directos de financiación privada, el proceso de creación de ideología al servicio del poder se consolida definitivamente cuando su influencia alcanza al núcleo central de las ideas defendidas por una ciencia en cada momento de la historia –eso que algunos metodólogos llaman “paradigma”. Ahí cabe introducir el análisis de Gramsci y otros autores citados anteriormente: se construye, en definitiva, un entorno de consenso aparentemente científico en torno a teorías falsamente objetivas y cargadas de intereses de las clases hegemónicas. Así se ha construido, en Economía y Ciencias Sociales, el denominado “pensamiento único”, concepto hace pocos años inexistente, y siempre cuestionado.

¿Y en el Estado español?

Conviene recordar que España, en buena medida, “no es diferente”: la evolución de nuestras contradicciones se inscribe en el marco del capitalismo depredador actual. En el tema que nos ocupa, fundaciones como FEDEA -lobby neoliberal financiado por BBVA, Banco de Santander o Bankia, entre otros- se atribuyen en su web cualidades de “independencia”, y mantienen estrechos vínculos con muchos grupos de investigación universitarios. Financian investigaciones y divulgación en torno a temas estrechamente vinculados a los intereses de las empresas que los financian. Algunos títulos son muy elocuentes: “Límites constitucionales al gasto público”; “Educación y políticas educativas en España”; “Capital Humano” o “La crisis de la economía española”. Opine el/la lector/a, no hacen falta interpretaciones adicionales.

EL EJEMPLO DE BAYER. Por Consejo Editor

Podemos decir, en términos generales que las Universidades públicas del Estado español se han demostrado como un instrumento útil para los intereses de las transnacionales agroalimentarias (Bayer, Syngenta, DuPont, etc.). Tres son los ejes fundamentales para avanzar en la consolidación de un sistema agroalimentario depredador:

  • La investigación agronómica: la maltrecha financiación pública de la “investigación pública” amplía las oportunidades para la financiación privada procedente de transnacionales y grupos de inversión. Las dudas que genera lo que ya se nos presenta como el oximoron “investigación pública”, son inmediatas: ¿responden las Universidades a las necesidades de nuestra sociedad o a los objetivos de las empresas privadas que las financian? ¿Existe un código ético que regule esta relación así como la acción de los equipos de investigación que trabajan en este marco? ¿Cómo financiar investigaciones que dudan de los dogmas del capital financiero como es el caso de la soberanía alimentaria?

  • La docencia universitaria: una gran parte de las universidades públicas españolas que imparten carreras vinculadas a la agroalimentación (agronomía, veterinaria, etc.) fueron creadas durante el franquismo. Lejos de evolucionar, sus estructuras de gobernanza y gestión se mantienen intactas, como también su perspectiva docente, anclada en un desarrollismo caduco originario de los años 60. El mismo marco creado para fortalecer la revolución verde hoy ofrece amparo a la revolución biotecnológica.

  • Las cátedras empresa: es la última fórmula de colaboración universidad-empresa, a través de la cual las empresas pueden “alquilar” un espacio (cátedra) reconocido por la universidad a cambio de una donación económica. Estos espacios son utilizados por las transnacionales como una herramienta para el marketing social, proyectando una imagen de apoyo a la Universidad pública, de espacio para la divulgación, la innovación, etc.

La Cátedra Bayer CropScience de la Universitat Politècnica de València es un ejemplo reciente de Cátedra empresa que pretende ofrecer una imagen de servicio público. Su objetivo, dice ser “promover y desarrollar el conocimiento científico (…) para una agricultura competitiva y sostenible”. ¿Es compatible la competitividad con la sostenibilidad? Desde luego los recursos que dedica la Cátedra a becas, estudios, talleres de formación y charlas parecen apuntar más a la competitividad que a prácticas agroecológicas que garanticen una verdadera sostenibilidad. Sin embargo, como buenos trileros, la sostenibilidad y la ecología aparecen bien notorias cuando la Cátedra pone en marcha acciones de marketing.

La manipulación ideológica consiguiente se manifiesta también en el día a día de nuestras facultades y escuelas, más allá de las fuentes de financiación de cada proyecto. En los estudios de Economía, cualquier interpretación crítica es recibida frecuentemente con un rechazo irracional, fruto del “consenso” monopólico mencionado. El pensamiento keynesiano se entiende casi como revolucionario, mientras que la ecología política o el estudio de la explotación de clase mantienen una presencia meramente marginal.

del libro 'El jardín escondido'

del libro ‘El jardín escondido’

Pero en otras facultades y escuelas ocurren fenómenos similares. Algunos estudiantes de Agricultura y Agronomía consideran que han sido formados bajo argumentos falaces. Tan simplista como que, dado que la palabra fertilizante indica “cualidad de generar fertilidad”, da vida y no puede ser malo. El argumento se extiende a todos los productos fitosanitarios sin más detalles explicativos. Así -entre otros errores de lógica deductiva-, se focaliza el estudio en un único asunto, excluyendo su contexto. En el caso de los agroquímicos, estudiando tan sólo sus efectos inmediatos sobre la cantidad de producción, minimizando o incluso ignorando otros impactos. Pero en la realidad, como sabemos, los sistemas interactúan, y hay impactos de corte sanitario, ambiental, económico y social, cuanto menos. El acotamiento en parcelas de estudio separadas, la miopía analítica beneficia así a los intereses del gran capital (“divide y vencerás”, parece ser su lema, también en la ciencia).

Este sistema de coerción ideológica no es perfecto, y existen otras manifestaciones de la actividad universitaria en las que se elabora pensamiento científico de manera coherente, proponiendo a la vez una praxis transformadora en beneficio de la población y el entorno, y denunciando los mecanismos de explotación social y de clase. Siempre ha habido y habrá grupos de investigadores que traten de mantener esta senda. A modo de ejemplo, el concepto de soberanía alimentaria, que nace de los movimientos sociales, es motivo de estudio en algunos foros académicos, generando un debate que, bien orientado, puede fortalecer su arraigamiento en la sociedad.

Moisés Hidalgo. Economista, profesor de Universidad

Reflexiones sobre la formación agrícola y la soberanía alimentaria.

por Vicente Bordera.

En este texto reflexivo apreciamos cómo Vicente, agricultor y formador de larga trayectoria en el mundo de la agroecología, transmite su preocupación acerca de la evolución de la alimentación y la producción ecológica. Nacida para transformar, se hizo un hueco en el mercado gracias al esfuerzo de amantes de la agricultura y militantes ecologistas, y con su reciente popularización parece que, en algunos casos, el sistema capitalista la moldea y tergiversa su objetivo y sus métodos. Encontramos, así, quien la usa para enriquecerse, creando una imagen de empresa amable y verde, ganando sectores de mercado concienciados con la salud y el medio ambiente.

LA FORMACIÓN TRANSFORMADORA

A veces me encuentro ante un grupo de personas y no puedo evitar echar la vista atrás. Me pasa cuando estoy en un curso o un taller. Me emocionan profundamente las preguntas. Me encuentro frente a frente con el coraje y la determinación en el brillo de los ojos y en la franqueza de las palabras. En el silencio, comparto con el grupo la presencia de la duda, que nos ayuda a retomar el hilo. De la fluidez y la concordia, por cortas que sean, me siento muy feliz. Y aun concentrado y entregado, saltan como pequeñas chispas desde mi memoria que me trasladan a mi propia formación.

A veces reflexiono sobre ello ¡Qué agradable es evocar todo el bien que me hicieron! Ante mis ojos pasan personas y lugares entrañables, trabajo y cooperación, entrega desinteresada… Algunas murieron ya, pero fluyen inmortales sus buenas palabras y sus hechos. Todo esto conforma mi formación. Libros, cursos, viajes y diplomas se diluyen y reordenan ante tanto ejemplo de valor y de cualidades humanas. Claro que también existen el sufrimiento y el dolor de otras tantas afrentas y situaciones deplorables. Pero al fin se esfuman convertidas en coraje ¡Qué maravillosa transformación!

ABRIR LOS OJOS

A veces, en mí día a día en el campo encuentro alegrías y a veces penas. Me apena la creciente presión para seguir adoptando formas y usos ya denostados. Y me alegra vernos dudar y rechazar tanta rancia oferta de cientos de nuevos fitosanitarios eco. Por otra parte está el aumento de las producciones extensivas y de la exportación eco; la concentración de la oferta en grandes superficies eco; maximización de beneficios y acumulación de capital en manos de unos pocos empresarios e inversionistas eco ¿Esto debe alegrarme? ¡Pobre vieja eco! Nacida para transformar y convertida en una depredadora de recursos disfrazada. ¿Dónde están los valores? ¿Dónde la transformación? O…, dónde no está.

A veces dudo ante tal aluvión de propaganda bienintencionada que nos llega de todas partes. Casi hasta me fascina la creación de empleo, la recuperación de la economía, la supuesta sostenibilidad de los métodos, la accesibilidad del producto eco en las grandes superficies…..Pero me preocupa el cómo sucede todo esto y me disturba también cómo lo aceptamos. Y vuelvo a evocar mi formación, todo el camino que me ha traído hasta aquí, hasta estas convicciones. En el titubeo de mi ánimo descubro el silencioso y profundo paso de mis etapas formativas.

A veces me asusto de mí mismo y del mundo. ¡Qué fácil es manipular al “viejo consumidor” que llevamos dentro! Me doy cuenta de cómo seguimos durmiendo ante nuestras capacidades y potencialidades electivas.

Nadie nos enseñó a despertarnos. Arrastramos un sinnúmero de costumbres sociales y familiares, un peso de normas y leyes, y toda una educación para desaprender que nos tiene bloqueados.

Tenemos el convencimiento de que todo son males menores, y mientras tanto perdemos nuestra capacidad de ser sujetos de cambio. No hacemos nada mientras nos lo dan todo hecho, incluidos los medios para conseguir nuestros fines, esos heroicos y revolucionarios. En nuestro propio idioma, con nuestro vocabulario y nuestras consignas. Y así, mantenemos la distancia campo-ciudad, continuamos con las diferencias económicas, tragamos con la injusticia social y medioambiental, explotamos nuestro entorno rural y el de países del sur. Eso sí, todo eco.

Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA FORMACIÓN

 

El autor del artículo en la película La Voz del Viento

El autor del artículo en la película La Voz del Viento

A veces quisiera que toda la formación se transformara. Encontrar amor a las diferencias donde nos pusieron odio y rencor. Aunar nuestras capacidades en vez de enfrentar violentamente nuestros defectos. Compartir el mundo en vez de repartirlo. Descubrirnos felizmente para no seguir angustiados de nuestra propia existencia. Liberar nuestra creatividad para resolver todo aquello que nos preocupa……Y nos entiendo, tras tantas horas de escuela conceptual y marchita. Os perdono vuestra severa disciplina sin autoridad, pero autoritaria, para poder liberar mi espíritu. Necesitamos cambiar sin atarnos al raciocinio del cambio. Elegir del pasado lo que nos sirva para evolucionar.

A veces, cuando me encuentro, soy feliz de vivir en el campo, de ser capaz y creativo, de poderlo ofrecer y compartir con otras decisiones de vida. Soy feliz como agricultor creando vida, ofreciendo salud y vitalidad para éste mundo enfermo y cruel. Y así también se alejan de mí todas aquellas reiteradas críticas a una dudosa elección de vida, las que recibí. Son fruto de la ignorancia y el miedo de aquellas personas que se han dejado dirigir.

Y en esos pequeños instantes, deseo de todo corazón que la formación que salga de mis labios lo haga con toda la fuerza de ese espíritu que entre mucha gente se ha ido creando con el paso de los tiempos. Que los principios agroecológicos beneficien la integridad de las personas. Que podamos crecer nutriéndonos de armonía, actuando en libre conciencia. Y no sólo a veces.

No disfracemos de utopía nuestras necesidades y las del planeta, porque las convertiremos en frustraciones estériles y enfermizas. No nos paremos en críticas de forma, como las que se le pueden hacer a éste texto. Busquémonos allá donde nos encontremos cómodos, hay mucho trabajo por hacer ¡Ojala podamos elegir bien, formarnos libremente, acercarnos respetando nuestras diferencias y allanar los obstáculos con cariño! Cuando algo no nos acabe de satisfacer, otorguémosle el beneficio de la duda sin dejarnos atrapar por ella. La formación debe dar paso a una acción libre, no dirigida. Y el consumismo se transformaría en un uso creativo y saludable. Y la tierra en un planeta más habitable.

Y, para los amantes de la soberanía alimentaria, en la línea de la cual creo que se encuentra éste mi punto de vista, os invito a releer y reflexionar sobre la declaración de Nyeleny. Es un maravilloso derroche de esfuerzo y creatividad concentrado en unas líneas.

Salud.

Vicente Bordera, campesino y formador en agroecología y agricultura biodinámica. Asociación Biolacant. 

Las colectivizaciones en Catalunya

De la web Economía Col·lectiva

De la web Economía Col·lectiva

Por Didac Costa (*)

Durante los 3 convulsos años de la Guerra Civil Española, y en especial en los 10 primeros meses, en medio de un contexto tremendamente desfavorable, el pueblo llevó a cabo una singular experiencia revolucionaria, única en la historia contemporánea y ahogada en el olvido de los pactos de la transición: un proceso de empoderamiento a través del cual pasaba a ser propietario, de forma colectiva y asamblearia, de los medios de producción.

La revolución olvidada

Por primera vez en la historia no estábamos ante una nacionalización de campos e industrias por parte de un estado revolucionario que se hiciera con la propiedad de los medios de producción, para, a través suyo, crear políticas de socialización de la riqueza. En lugar de eso, en el proceso de colectivización -concepto que se acuñó entonces por primera vez- fueron las propias gentes, obreras y campesinas, quienes organizaron de forma autónoma la marcha de sus fábricas. Mediante asambleas y eliminando toda jerarquía, tomaron el control de sus puestos de trabajo en todos los terrenos de la economía, repartiendo sus frutos con criterios de solidaridad que iban más allá del propio pueblo o empresa.

Todo ello enlazaba con una tradición ibérica secular de tierras comunales que portaba en su genética y memoria gran parte del campesinado recién llegado en masa a las ciudades. Sin embargo, tales iniciativas iban más allá, formando un nuevo metarelato de la emancipación humana o ilustración obrera, en la que un nuevo mundo de igualdad y libertad sería posible mediante la libre confederación de individuos, sindicatos y regiones, sin formas de gobierno, autoridad y opresión.

Desde el primer momento de la Revolución Social, es decir desde el 19 de julio, cuando trabajadoras y trabajadores de la organización anarcosindicalista CNT en mayor medida, lograron la épica hazaña de vencer al ejército en las calles de Barcelona –y en Madrid y otras capitales al día siguiente–, el estado republicano se vino abajo, derrumbándose en lo poco que había logrado consolidarse durante los también convulsos años de República.

Emergían tres poderes contrapuestos en la península, de los cuales la historiografía vencedora sólo recuerda dos: las derechas fascistas con un golpe de estado fallido que se convierte en una larga guerra civil, en la que empiezan dominando un tercio del estado y poco a poco van logrando -con la inestimable ayuda del fascismo alemán e italiano- arrancar vidas, libertades y terreno; los dos gobiernos agonizantes pero legales y vigentes aún sobre el papel: el de la República Española y el de la Generalitat de Catalunya; y las fuerzas revolucionarias, encabezadas con una amplia hegemonía por la CNT, seguida por la UGT-PCE-PSUC y el POUM, que toma cuerpo en el Comité de Milicias Antifascistas, las Colectivizaciones Industriales y las Colectividades Agrarias. Los cambios en esta relación de fuerzas a lo largo de la guerra, determinarían el curso de los acontecimientos y la consolidación o erradicación de las experiencias revolucionarias.

Revolución espontánea

Tras la insólita victoria del pueblo organizado en armas sobre el ejército sublevado, la clase trabajadora, sin ahorros ni, por supuesto, protecciones sociales, tuvo que vérselas con el siguiente dilema ¿cómo reactivar el trabajo y recuperar los salarios en las fábricas, ahora que los patrones en su gran mayoría han huido o han sido represaliados?; y en el campo, ¿cómo organizar las inmediatas cosechas de verano?

Y sin que ni siquiera hubiera un programa definido ni fuera mediado por los órganos centrales de la CNT, los trabajadores y trabajadoras, por propia iniciativa, a la vez que terminaban con los últimos reductos del alzamiento en Catalunya, retomaban de forma autogestiva, con gran imaginación y empuje, el trabajo en las fábricas.

Casi de un modo completamente improvisado arrancaron de nuevo las máquinas y reorganizaron el trabajo, la producción, la comercialización y los salarios de un modo nuevo. Sin patrones, cobrando igual o bien según las necesidades de cada familia, con asambleas en varios niveles para decidir las formas de producción y distribución, colaborando entre las industrias, unidas en ramos y agrupaciones demostraron que “sin explotadores terminaba la explotación” y se podía organizar una sociedad.

Las colectivizaciones industriales no afectaban sólo a las fábricas, sino también a muchos otros servicios que funcionaron mejor que nunca con la gestión colectivizada, socializada o municipalizada. Como resume Vernon Richards en Enseñanzas de la revolución Española, «Habla muy bien de su inteligencia y aptitudes de organización el que los trabajadores catalanes fueran capaces de hacerse cargo de los ferrocarriles y reanudar el servicio en breve plazo; de reorganizar todo el servicio de transporte urbano y suburbano en Barcelona y hacerlo funcionar con mayor eficiencia que antes; de hacer marchar normalmente todos los servicios públicos, como teléfonos, gas y electricidad a las 48 horas de haber sofocado el levantamiento del general Goded; de que las colectividades de panaderos de Barcelona, mientras no escaseó la harina, abastecieron de pan a la población. (…) Los servicios de sanidad y asistencia social creados por los sindicatos y que funcionaron en toda la España leal; las escuelas abiertas por los sindicatos en ciudades y aldeas en un esfuerzo de extirpar la plaga secular del analfabetismo; las medidas radicales apoyadas para resolver los problemas de los ancianos e inválidos. El pueblo español estaba dando pruebas concretas de que no sólo era capaz de asumir responsabilidades, sino de que tenía una visión de la sociedad más humana, más equitativa, más civilizada que cualquier otra jamás concebida por los políticos en los gobiernos del mundo».

Al cabo de pocas semanas existía en Catalunya toda una nueva economía que no pasaba por los métodos estatal-centralistas de la URSS, que hasta entonces era el gran referente en las aspiraciones revolucionarias. Y menos aún por los métodos capitalistas, o cabría decir neo-feudales, que imperaban entonces en casi toda Europa, y con especial incidencia y gravedad en España, donde la economía poco había cambiado desde la edad media -a la que se regresó tras la guerra, en lugar de avanzar al siglo XXI como proponía la España revolucionaria.

Logros revolucionarios

Estas grandiosas realizaciones se llevaron a cabo a pesar de estar en guerra contra un feroz y poderoso fascismo internacional que devoraba el activismo más jóven y resuelto, y bombardeaba ciudades y fábricas; con los mercados nacionales divididos, escasez de materias primas y maquinaria; con una retaguardia con varios frentes abiertos en una débil alianza antifascista y con el abandono y el boicot internacional al bando republicano y socialista.

En todo ello cabe analizar el paradójico papel jugado por la gran potencia supuestamente revolucionaria de la época, la Unión Soviética, único aliado internacional de peso de las fuerzas republicanas y revolucionarias. La voluntad de entendimiento cordial de Stalin con las potencias europeas desde 1934 hará de los técnicos militares soviéticos enviados a España a cambio de las famosas 500 toneladas de oro entregadas por Largo Caballero a Moscú, los elementos contrarrevolucionarios más eficientes en la península, terminando con las colectivizaciones industriales y las colectividades agrarias. De esta manera no tuvo que ser Franco quien, tras su victoria, debiera suprimirlas, ya que este trabajo lo habían hecho resueltamente los soviéticos y las fuerzas republicanas durante la guerra. Víctor Alba llega a sugerir en Los colectivizadores, que éste favor al mantenimiento de las estructuras de propiedad privada y estatal y a poner fin a la revolución social más profunda, libre y genuina del siglo XX explica los tratos de favor que los franquistas concedieron al Partido Comunista durante la transición, 40 años más tarde.

La mayoría de los estudios reconocen que estas experiencias, aún en el trágico y complejo contexto de guerra civil y de preguerra mundial, funcionaron bien, resolvieron necesidades inmediatas y seculares y avanzaron más que en muchas décadas, las condiciones de trabajo. Hasta el punto que, cuando el bando fascista conquistó las industrias catalanas, se dijo a sus antiguos propietarios: “no se quejen, que se las han dejado mejor de lo que estaban”. Y así fue, efectivamente, al ser los trabajadores y trabajadoras las que gobernando sus puestos de trabajo, construyeron baños, sistemas de seguridad y comodidad, de riego en los campos, además de otras mejoras laborales y del salto histórico inigualado en las formas de propiedad de los medios de producción. Avances que, en muchos casos, hubo que esperar décadas para recuperar parcialmente.

Como relató Erich Kominski en mayo del 37 en Los de Barcelona, «esa fuerza es la que ha hecho hoy, de la pequeña Catalunya, una gran potencia, no por sus posibilidades materiales sino por su influencia moral. (…) Después del trágico declive de la Revolución Rusa, Catalunya es el centro de atracción de todo el mundo, que ve en ella una esperanza y un principio».

Medio siglo de cooperativismo

Pero ¿cómo se llegó a este tan avanzado estadio de desarrollo socioeconómico que hasta hoy sigue siendo inédito? Del mismo modo que la victoria de los anarquistas sobre el fascismo el 19 de julio no se explica sin los más de 20 años de lucha armada en las calles contra la represión de Primo de Rivera, de la monarquía y de la propia República, y sin la extensa organización paramilitar de los Comités de Defensa Locales de la CNT en cada barrio, tampoco las realizaciones económicas se explican sin el más de medio siglo de organización de los trabajadores en mutuas de salud, de ahorro, cajas de resistencia o cooperativas de trabajo y de consumo.

Para alcanzar la utopía libertaria, además de la fe casi religiosa en la huelga general, se crearon desde finales del siglo anterior los métodos de instrucción y las herramientas laborales y económicas que deberían prevalecer en un mundo comunista libertario. Y así, a pesar de las dificultades más o menos represivas de cada régimen político, se construyó durante varias décadas una amplia red de organizaciones y medios de socialización, desde escuelas a ateneos y cooperativas, que cubrían toda una explicación integral alternativa de la vida social. Encontramos corales musicales, grupos de teatro, deestudio del esperanto,de naturismo, nudismo, espiritismo, vegetarianismo,cooperativas de vivienda o de educación. Éstas se organizaban a través de los ateneos populares en los que había debates, alfabetización adulta y bibliotecas, y mediante las escuelas racionalistas inspiradas por la obra del pedagogo catalán Ferrer i Guardia, fusilado en 1909 por desafiar la pedagogía católica con una racional.

La utopía de una humanidad diferente hallaba cuerpo, así, en una amplia gama de organizaciones de cariz libertario, que suplía la ausencia de todos estos servicios en un país cuyas élites no parecían estar interesadas lo más mínimo por el progreso material o educativo de sus gentes. Todo esto permitió que, cuando las condiciones se dieron con el golpe de estado fascista, se produjera un salto inédito hacia la conquista del comunismo libertario.

Conocer esta realidad, que ha sido y es aún hoy escondida por lo subversivo de su naturaleza, permite entender mejor las causas de la sublevación fascista, de la larga y cruenta guerra civil, y de la larguísima y también cruenta dictadura fascista. Se trataba de cortar de raíz ese germen revolucionario que formaba parte del ADN de la población.

Y efectivamente se logró durante décadas, hasta que, afortunadamente, nuevos movimientos sociales como el 15M, los foros sociales, el software libre, la agroecología, las monedas locales, las ecoaldeas o el cooperativismo integral entre otros, permiten pensar que renace de nuevo ese espíritu y formas cooperativistas y eco libertarias, sin violencia y adaptadas a los nuevos tiempos que vivimos, en la sociedad global de la información, que ya es en sí misma horizontal, abierta y en red.

PARA SABER MÁS:

DE LA WEB: http://economiacollectiva.com/

Entre la muy extensa literatura y ensayos sobre la Guerra Civil y la no tan extensa literatura sobre la Revolución, recomendamos los siguientes libros:

El eco de los pasos, Juan García Oliver

Les col·lectivitzacions a Barcelona 1936-39. Antoni Castells

Los colectivizadores, Victor Alba

La cultura anarquista a Barcelona, Ferran Aisa

Los de Barcelona, Hans Eich Kominski

El corto verano de la anarquía, Hans Magnus Eizemberger

La lucha por Barcelona, Chris Ealham

El laberinto español, Gerald Brenan

Enseñanzas de la revolución española, Vernon Richards

La revolución traicionada, Miquel Amorós

  

Dídac Sanchez-Costa i Larraburu

Sociólogo, escritor y activista.

Miembro de las Ecoredes, la Cooperativa Integral Catalana

el movimiento 15M y la Colonia Colectivizada de Ca la Fou

www.ecoseny.net, www.ecoxarxes.cat

www.cooperativaintegral.cat, www.calafou.org

http://cooperativa.ecoxarxes.cat

Facebook: Didac S.-Costa, didacscosta@gmail.com

8 de marzo. Mujer campesina: besa la tierra y vuela.

por Malu Egiluz para la revista Baserri Bizia

En la vida me han sorprendido grandes mujeres pero las que me he encontrado pegadas a la tierra son las que más me emocionan. Recuerdo a las aldeanas de mi barrio -Josepa, Juli, Kasinta…- que ejercían de amamas dando el sentir comunitario a la aldea. ¡Que tardes aquellas!! Sembrando maíz, pasando la trapa, empolvadas en tierra al calor del sol… criándonos al runrún de los viejos cuentos y los talos rellenos de miel. Estas mujeres campesinas me regalaron una forma de construir el universo del que nunca más me pude desprender.

Es verdad que de joven no lo percibí claro. Y es que una cuando es muy joven más que encontrar busca. Y allí me fui al mundo a encontrar. Canté con violencia a Violeta Parra y leí con alivio a la Beauvoir. Aprendí, tropecé y caminé con y sin rumbo. Volaba pero no sabía aterrizar. Viajaba buscando algo que no supe hasta más tarde lo que era pero donde iba recogía semillas de cada lugar. Cuando observaba a las indígenas guatemaltecas de coloridos huipiles revolver la tierra siempre volvía al olor del principio… cuando en San Cristóbal de las Casas las vi armadas con azadas… cuando volví a Arratia y encontré la tierra de aquellas mujeres abandonada. Sentí a la mujer tierra.

Presentí el amanecer de la agricultura. Vi claramente el nacer de un espacio vital, libre y sincero. Las mujeres, la tierra y la soberanía alimentaria nacieron para hacer crecer la cosmogonía de la madretierra. Origen de la Vía Campesina que me ha hecho disfrutar del ideario de las labriegas de todo el mundo.

Sin los bucolismos de postal donde el sistema nos quiere a las mujeres campesinas, miramos a lo más profundo de nuestras entrañas para transmitir que nos encanta lo que hacemos, que somos felices con nuestros puerros, cerdos y gallinas, que luchamos con el feminismo para pasar de ser “objetos” a “sujetos” en un cambio radical en las formas de concebir la agricultura y el mundo.

Un espacio social que no busca al enemigo externo sino que el “enemigo” lo sitúa en nuestras propias iniciativas y formas de actuar. Y ahora que diferentes agentes sociales trabajan en ese acuerdo de mínimos o de resistencia para desobedecer a este sistema injusto con los Compromisos del buen vivir, yo me comprometo con la tierra –huerta- con mi Tierra –Euskal Herria- y con la Tierra -planeta.

Volví a mi espacio vital. Volví para reciclarme, para salir de los complejos de la sociedad de consumo. Para reivindicarme que soy aldeana. Campesina. Volví con un niño en brazos, volví a disfrutar del río y del fino viento que llega de peña Lekanda, viento libre que pregona este 8 de marzo que las mujeres campesinas amamos la tierra y volamos.

Un nuevo enfoque de la formación profesional agraria

Por José Manuel Turzo (*)

Al lado de la Política Agraria Común, las ayudas a la incorporación de jóvenes, la mejora de los regadíos, los precios, la cadena alimentaria, las ayudas para la reestructuración de algunos sectores, los ataques de la fauna salvaje, etc., ¿qué lugar ocupa la formación del sector agrario profesional en el ranking de las preocupaciones de las y los políticos, sindicalistas, técnicos y otros agentes? ¿Se reivindica una mejor formación agraria? ¿Nos preguntamos por los recursos que se emplean para este fin? ¿Nos preocupan los contenidos y la planificación de esta formación?

LA HERMANA POBRE

Siempre en este país la formación profesional agraria ha sido la hermana pobre de la familia de la formación profesional en cuanto a preocupación social y política, a pesar de disponer, en algunos casos, de muy buenos medios a nivel de Centros educativos. Allá sobre los años 70 hubo un esfuerzo en la formación, con la apertura de varios centros públicos (Escuelas y Centros de Capacitación Agraria) y privados (Colegios Familiares Rurales y Escuelas Familiares Agrarias) repartidos por todo el país. Había que modernizar el agro hacia la mecanización y concentración de explotaciones para liberar mano de obra y cubrir la creciente demanda industrial en aquellos momentos.

Incluso en aquella época faltó coordinación y entender las especificidades de esta formación. Se abrían centros públicos cercanos a otros donde existían privados y se dejaban comarcas enteras sin cubrir. Se implantaron las enseñanzas en alternancia (una semana en el Centro y otra en casa con tareas supervisadas) copiando el modelo francés de las maisons familiares rurales. Pero ni se explicó, ni se entendió completamente, abandonando con el tiempo ese tipo de enseñanza -que en Francia sigue vigente- y cerrando en la década de los 80 y 90 la mayoría de los centros privados y posteriormente varios de los centros públicos.

Los programas y curriculums imitaban en sus diseños a los de otros sectores como industria y servicios. Se olvidaba que en éstos últimos se formaba mayoritariamente a profesionales por cuenta ajena que salían al mundo laboral para ser contratados. En el sector agrario tiene que ser distinto porque se trata de formar a profesionales que van a incorporarse mayoritariamente como autónomos y teniendo como base la finca familiar, que conlleva unas condiciones de las que partir: terreno, edificios, maquinaria, ganado, etc. y algo que tendemos a olvidar, la gestión compartida con el actual titular, en la mayoría de los casos el padre, con todo su bagaje de conocimientos, experiencia y de entender las cosas. Bagaje transmitido de generación en generación desde hace décadas, cuando en el campo había más soberanía y apenas se dependía de agentes externos. Saliendo de esas escuelas el relevo jóven llegaba con otros aires a trabajar, bajo la influencia comercial del “hay que modernizarse”.

Hay que indicar que esto sucedía con la juventud que estudiaba y volvía al sector, que era poca, ya que gran parte no estudiaba y, si lo hacía, era como una oportunidad para dejar el sector. Si no había estudios, los agentes comerciales aún lo tenían más fácil para imponer el modelo agroquímico.

SE IMPONE LA REVOLUCIÓN VERDE

Los inicios de la formación agraria reglada coincidieron con la llamada “revolución verde”: mecanización y uso fácil y masivo de productos químicos (pesticidas y abonos químicos).

Es una formación fácil, a pesar de las muchas horas empleadas en aprender materias activas de pesticidas que pronto se quedan anticuadas, el comportamiento de los tres principales elementos (N, P, K) que aportan los abonos químicos, los síntomas de la enfermedades del ganado, la identificación de algunas “malas hierbas” y plagas de los cultivos y poco más. Muchos contenidos que aprobar en exámenes y pocas cosas útiles que aprender, pero suficientes para despreciar los conocimientos de nuestros antepasados.

Finalmente, la formación agrícola o ganadera es tan sencilla como saber manejar y mantener el tractor y saber hacer caso a los numerosos comerciales que te visitan en la explotación, que te van a enseñar a utilizar esas máquinas nuevas que dejaban anticuadas las de la Escuela, esos productos para nuevas plagas y enfermedades, fórmulas de abonos estándar que ponen a tu disposición, nuevas semillas que no puedes reproducir pero mejor adaptadas a los químicos y peor a las condiciones ecológicas del agrosistema, piensos y tratamientos que solo la o el técnico agrícola o veterinario entiende o tiene autorización para utilizar. Ahí están “para ayudarte”, cuando en realidad generan fuertes dependencias.

Todo en pro de un modelo productivista, donde lo importante es sacar las máximas producciones por unidad de hectárea o cabeza de ganado, algo de lo que podamos presumir en el bar o que nos ayude a sentirnos una buena o buen profesional. En la Escuela apenas nos han enseñado a gestionar que estamos trabajando con seres vivos que han de vivir en equilibrio con el medio. Se enseña cómo hacer la explotación cada vez más grande. Nuestras y nuestros convecinos son rivales por la posesión de la tierra que es vista como un bien de mercado o de especulación y no como el medio donde se desarrolla el agrosistema.

Se transmiten unos conocimientos que no sirven para aumentar nuestra autonomía, nuestra soberanía.

EL NECESARIO NUEVO ENFOQUE

50

del libro ‘El jardín escondido’

Frente a ese modelo que llaman “convencional”, como si hubiese sido el de toda la vida cuando solo está con nosotros desde los años 60, y que se replica en la formación profesional, hemos de ser conscientes que está surgiendo un nuevo modelo; sí, nuevo, pero con raíces en las prácticas de toda la vida, que abarca los conocimientos y avances de siempre y al que las Escuela Agrarias tienen que responder y dar apoyo. Es el llamado “agroecológico”, aquél que sabe que producir alimentos es trabajar con seres vivos, plantas o animales, que viven y deben vivir en equilibrio con el medio para que nos puedan ser útiles y podamos ser mas sostenibles en términos energéticos y medioambientales. De hecho a este modelo es al que deberíamos llamar “modelo agrario” en contraposición al mal llamado “convencional” que se debería llamar “agroquímico”, porque se sustenta en la utilización de productos químicos y no en el equilibrio de la tierra y toda la biodiversidad que rodea a las plantas y al ganado.

Pero falta formación en el profesorado, hay pocos contenidos en las Universidades y escasa investigación. Las multinacionales no van a investigar en aquello que reduce los insumos o que hace que éstos puedan estar al alcance de las y los agricultores de forma sencilla y barata.

El reto de quienes nos dedicamos a esto es enorme y no siempre contamos con la comprensión del sector. Las generaciones presentes, y sobre todo las futuras, nos lo exigen. Más allá de modas, más allá de la producción ecológica como una forma más de situarse en el mercado, con etiquetado o sin él. Estamos hablando de un modelo de producción con futuro, quizás el único, no solo de un tipo de producción concreta para satisfacer a un sector concreto del mercado.

Estoy convencido que la formación agroecológica es el futuro de la formación agraria. Porque la agricultura y ganadería debe tener en cuenta la ecología, o su viabilidad a medio o largo plazo se va a ver comprometida. Ecología entendida como la cienciaque se ocupa de las interacciones entre los organismos y su ambiente. Una formación para ser útiles a la sociedad siendo dueños y dueñas de nuestras decisiones.

Jose Manuel Ruiz Turzo


Director del Centro de Formación Agraria de VIÑALTA

PALENCIA

Campus McDonald’s – NO GRASAS

Cuando editábamos este número de la revista Soberanía Alimentaria no nos imaginábamos un ejemplo más grosero de la presencia de las empresas del sector de la alimentación en las aulas universitarias.

Se trata del Campus McDonald’s que tiene previsto recorrer varias Universidades españolas con sesiones formativas para divulgar ‘su pensamiento basura’. No dejen de ver este vídeo, de lo ocurrido en la primera sesión en Valencia.

Esperemos que sea la última.

CAMPUS DE MCDONALD? NO, GRASAS

Formarse desde la crítica radical

LO QUÉ PIENSAN LOS COLECTIVOS DE ESTUDIANTES SOBRE LA FORMACIÓN AGRARIA EN LAS UNIVERSIDADES.

Por L’Hortet y Ambient Crític de la Universitat Autònoma de Barcelona, junto con testimonios individuales.

Dicen que la universidad es un espacio de debate y opinión, de crítica y de transformación social. Pero, nuestra experiencia como estudiantes nos muestra con claridad que la universidad actual se caracteriza principalmente por transferir aquellos conocimientos y capacidades que se consideran como ‘necesarios para la sociedad’, es decir, para formar personas que sean útiles para lo que la economía requiere en cada momento histórico.

Lo que creo que tiene  mucha influencia en las clases es la insistencia  del mercado en la disminución de costes, en que lo principal es el rendimiento económico. La industria alimentaria se ve como una industria más, que en parte lo es y en parte no, porque estamos hablando de alimentos. Un ejemplo: si se defiende la calidad organoléptica es porque con ella se consiguen mejores beneficios, no porque sea más saludable o de mejor calidad. En  una charla  se explicaban nuevos métodos de conservación a base de impulsos eléctricos que recibían los alimentos. La misma persona que daba la charla hizo el siguiente comentario: “la investigación se encamina a producir comida para vagos”. Este comentario lo justificaba con que el mercado va encaminado a esto, a la comida preparada. En definitiva, todo está regido por la demanda del mercado y éste por las empresas.  Cuando preguntas sobre otras posibilidades te tratan como: “en qué mundo vives….” Dolors, Estudiante del grado en ingeniería agraria especializada en Industrias alimentarias.

Este enfoque tecnicista que se encuentra en prácticamente todas las áreas de la educación superior lleva a considerar como ‘neutrales’ y ‘objetivas’ unas ideas que realmente no lo son, reproduciendo así la lógica del stablishment de una forma disimulada y sin que muchas y muchos de nuestros compañeros sean conscientes.

Por otro lado la rigidez de la estructura curricular y académica, que gran parte del profesorado sigue de forma metódica dificulta el debate y obstaculiza la oportunidad de formarnos no solo en conocimientos, sino también en valores.

“Cuando se realizan preguntas en clase sobre ecología u OMG el profesorado tiene un diálogo muy “cuidado” para no entrar en ello, para no “mojarse”. Siempre recomiendan practicar agricultura integrada o agricultura convencional y no agroecología. No te facilitan el conocimiento ecológico, ni la motivación sobre éste. En cuanto a variedades autóctonas, no se habla nada. Todo lo encaran a las variedades y razas modificadas o comerciales. Hay que decir también que depende de la persona, hay profesores que se les ve muy marcada la influencia de una multinacional detrás.” Pau, Estudiante del grado de ingeniería agraria y alimentaria, especializado en producción agraria y productor de hortícolas en Valencia.

También nos encontramos con un tercer factor que actúa contra la esencia de la universidad: la compartimentación del conocimiento, aceptada como dogma durante muchos años y que ha llevado a planes de estudio que atomizan el conocimiento científico y que, unida a la rigidez curricular antes comentada, hace casi imposible la generación de los espacios de encuentro transdisciplinar necesarios para conseguir una visión realmente holística e integrada en los problemas  que habremos de afrontar.

No es normal que en la primera clase de fruticultura el profesor suelte una frase como ésta: “Los transgénicos permiten hacer un producto a la moda, si por ejemplo están de moda las manzanas con pulpa rosa, pues se pueden hacer manzanas con pulpa rosa”. Es una vergüenza que se digan cosas como ésta. Hice un trabajo sobre la mariposa monarca y la influencia del cultivo de maíz transgénico en el cinturón del maíz en EEUU y Méjico, porque había estudios que demostraban que la mariposa se veía perjudicada por éste. Sin embargo, una serie de estudios en contra y defendidos por lo que llaman la comunidad científica (que no es más que un grupo de científicos vendidos a las grandes empresas y multinacionales) para mis profesores eran mucho más válidos. No me quise quedar allí y busqué las personas que habían llevado estos estudios: pertenecían a Monsanto y otras multinacionales, o habían formado parte de ellas o habían estado o estaban dentro del gobierno de EEUU. Se supone que era un trabajo de investigación o búsqueda de información, pero ellos tenían muy claro lo que querían que dijera. ¿Por qué en clase no se habla de todo el alimento que se tira por temas de mercado, de las jugarretas capitalistas y de la asfixia que supone para el agricultor competir en un mundo tan globalizado? ¿Por qué no se habla de los problemas que ha supuesto el monocultivo? ¿Por qué no se habla de los problemas derivados de la revolución verde?  El profesorado se está convirtiendo en publicista, más que en educadores.  Gabriela, Estudiante de ITA, especializada en hortofruticultura y jardinería.

Estos factores, entre otros, hacen que la realidad de las universidades sea muy diferente de la que muchas y muchos pensamos debería de ser. Irónicamente, esta institución pública atada a su propia estructura y que debería ser crítica, hace precisamente lo contrario. Y todo esto se hace muy evidente ante paradigmas alternativos como el de la Soberanía Alimentaria.

Las características de complejidad, de potencial revolucionario, su crítica a las lógicas establecidas son las que hacen que la Soberanía Alimentaria no se aborde en las aulas, quedando relegada en el mejor de los casos a un simple concepto a definir o como una ‘lectura recomendada’.

fotografías del libro EL JARDÍN ESCONDIDO

del libro ‘El jardín escondido’

Que la Soberanía Alimentaria o la Agroecología sean una realidad en expansión y de referencia para muchos movimientos y población tampoco está, de momento, haciendo que su pensamiento se incorpore en carreras que, es obvio, las deberían de tratar con mayor concreción, como Veterinaria o las Ciencias Agrarias, ni en estudios más interdisciplinares como las Ciencias Ambientales o la Geografía. E, insistimos, cuando se incluyen se hace de forma compartimentada y aislada, sin entender los desafíos pedagógicos que implica tratarlas en profundidad.

Esta es la opinión de un alumnado inconformista,  despierto, que ha tenido la suerte de encontrar unas grietas de pensamiento crítico. Jornadas como las  celebradas en la Universidad Autónoma de Barcelona a finales del pasado año 2013 ayudan a conseguir más masa crítica y remover el pensamiento de compañeras y compañeros. También para conocer a aquellas personas que ya hace tiempo luchan por las mismas utopías, para compartir experiencias y acumular conocimientos y prácticas. Realizar las jornadas en el marco de la universidad pero fuera de su lógica nos hizo reflexionar sobre cuál es la realidad de nuestras facultades.

Y es a partir de la constatación de la situación actual de la universidad que creemos que urge mover ficha en otras direcciones. Hay que buscar formas de conectar al profesorado crítico con el alumnado más implicado, motivar a las y los estudiantes para que se planteen qué hay más allá de la estructura dominante y crear espacios de conocimiento compartido y horizontal.

Estos son los objetivos que comparten Ambient Crític, l’Hortet de l’Autònoma y tantas otras iniciativas similares. Pretendemos forjar un debate entre nuestros compañeros y compañeras de pupitres y, más que emitir argumentos, aprender cómo contrastarlos y  fortalecerlos. Queremos autoformarnos  y aprender no sólo de la academia sino también de otros agentes de la sociedad (activistas, organizaciones sociales, campesinas y campesinos, etc.) tejiendo esas alianzas que desde la soberanía alimentaria se demuestran imprescindibles.Y lo queremos hacer desde espacios asamblearios, en colaboración con otras instituciones estudiantiles y del profesorado, poniendo en las pizarras las diferentes formas de razonamiento y visiones que puedan existir sobre un mismo tema, contra el pensamiento único.

El camino hacia nuevos paradigmas de aprendizaje está lleno de dificultades y es posible que mientas tanto surjan otros espacios para desarrollar las tareas mencionadas, pero la universidad continúa siendo un lugar esencial donde desarrollar lo expuesto y tiene un enorme potencial. Creemos firmemente que vale la pena luchar por reivindicar los valores de la opinión, el debate y la crítica radical.

Número 16, Formación crítica y para la lucha

Amigas, amigos, 

numero 16El nuevo número de la revista Soberanía Alimentaria ya está disponible. La versión en pdf la podéis descargar aquí.

En este número, entre otros temas, se aborda en profundidad un tema que consideramos de extrema importancia en la lucha por la soberanía alimentaria: la educación. La educación es un pilar fundamental en cualquier sociedad, un eje central del desarrollo humano en todas sus áreas, integrador y vínculo de las personas a una sociedad y a su entorno natural. Y nos preguntamos, ¿qué aprende la juventud en las instituciones de enseñanza superior? ¿Salen conociendo su entorno rural, los valores rurales, la realidad del campo o sus problemas? ¿Y conocen las alternativas que emergen de las personas que están construyendo soberanía alimentaria en nuestros territorios? Algunas respuestas y reflexiones sobre estos temas los encontraréis en los artículos de este número.

Destacar también que para la elaboración del mismo se ha contado con muchas de las entidades que tienen acciones de formación alrededor de temáticas de soberanía alimentaria y agroecología. Lo que ellas hacen lo hemos centralizado en una web que pensamos puede ser de mucha utilidad para todas aquellas personas y organizaciones que tengan interés en seguir de cerca sus propuestas, sus enfoques, sus actividades. Os invitamos, pues, a conocerla, completarla y divulgarla www.universidadesdelatierra.org